Arte

Bienal para compartir juntos

La curadora Lisette Lagnado condujo (y compartió) un equipo (Adriano Pedrosa, Cristina Freire, Rosa Martínez, José Roca y Jochen Volz) con una hábil articulación conceptual, de primer nivel. El notable antecedente de la X Documenta de Kassel a cargo de Catherine David (no por casualidad invitada aquí a uno de los seis seminarios que se realizaron) se infiltra, profundizado y con mayor vehemencia social y política, en la nueva edición paulistana. El feliz título Cómo vivir juntos elegido por la curadora es una construcción colectiva, como los ladrillos o bloques de un edificio, proviene de un seminario de Roland Barthes, en el que el semiólogo francés enfocaba la vida en comunidad en la cual los miembros viven al mismo tiempo en compañía y en libertad. La idea también alude a prácticas e itinerarios de artistas nómades y sus experiencias en territorios híbridos. La diversidad étnica, cultural y artística convergen en un único impulso reunificador en un mundo dividido por economías impuestas por el capitalismo salvaje, los enfrentamientos religiosos emergentes de guerras preventivas para ofrecer la posibilidad de vivir juntos, a pesar de todo.

Contra todas la previsiones y pre-juicios, la bienal paulista resemantiza su identidad diluida en las últimas ediciones y adquiere una transparente incorporación de los países marginados, tercermundistas, los excluidos de siempre por las bienales eurocéntricas. El belga Marcel Broodthaers (1924-76) y el estadounidense Gordon Matta Clark (1943-78), paradigmas de la producción contemporánea, figuran como protagonistas omnipresentes en todos los participantes, esta vez apenas si superan el centenar. En los tres pisos del pabellón Ciccillo Matarazzo del Parque Ibirapuera, la arquitecta Marta Bógea, diseñadora del montaje, jerarquizó la entrada por la parte posterior del prisma arquitectónico, la que se encuentra en dirección al parque y desde la cual se puede visualizar el interior y el primer tramo de las obras en exhibición. Un hallazgo innovador entre los muchos que pautan la brillante instrumentación de esta bienal.

Todos los privilegios fueron abolidos. Democráticamente, no hay separación entre grandes países productores de arte (EE-UU., Francia, Alemania o Gran Bretaña, escasamente representados además) y los países periféricos (América Latina, Asia, Africa y Oceanía) que, inesperada y deliberadamente, surgen como referentes estelares del encuentro internacional. Si hay efectos espectaculares no obedecen al efecto vitrina o escaparate comercial, sino a una necesidad implícita en las obras: el Proyecto Gran Marcha del equipo chino al recoger una investigación popular, las instalaciones de la sudafricana Jane Alexander, una de las más intensamente perturbadora del recinto, del suizo Thomas Hirschhorn, del español Antoni Miralda o las dos del beninés Meschac Gaba.

Es que, como anticipó la curadora Lisette Lagnado, «Esta Bienal no será objeto de entretenimiento sino una muestra que promueve la reflexión». En efecto, ningún trabajo propicia el goce retiniano de la contemplación pictórica o escultórica (escasas además) sino un permanente desafío por los acuciantes problemas del mundo actual, esas imágenes que bombardean desde los medios de comunicación todos los días. No encierran al visitante en círculos estéticos y estetizantes por ausencia de obras maestras o magistrales en el sentido convencional, incluso el más reciente.

Son obras procesuales, en construcción, como la realidad inmediata, compartida colectiva y globalmente. Fotografías, videos e instalaciones proponen con inteligencia e imaginación formal el rescate de temas prohibidos, identidades ocultas o desterradas: La sudafricana Jane Alexander hace el relevamiento de las atrocidades del apartheid (video e instalación), la suiza Claudia Andujar retrata a indios yanomanis sometidos a un propósito sanitario pero identificados con metodología policial, la surcoreana Sanghe Song recorre la discriminación de género y las máquinas para las posturas correctas, el polaco Jaroslav Koslowski prepara una enorme mesa con mantel distribuyendo panes con banderas de todos los países en la convivencia pacífica de naciones, el grupo dinamarqués Superflex se burla de los monopolios empresariales con la apropiación, modificada, de la silla Arne Jacobson, la afgana Lida Abdul, pinta de blanco su casa destruida en Kabul como forma de recuperar la memoria, la inglesa Tacita Dean rescata en video el estudio que ocupó Matta- Clark, la boliviana Narda Alvarado propone un banco de ideas catalogadas de buenas, regulares y malas, el africano de Benin Mechac Gaba, concibe una maqueta de azúcar con edificios de varias ciudades de explotación colonial de la caña y un mercado de las pulgas con objetos vendibles, la brasileña Paula Trope trabaja con niños de la calle, el brasileño Marcelo Cidade reparte 200 cámaras de filmación de cartón por todo el Pabellón en mordaz crítica a los aparatos de vigilancia, mientras la inestable identidad cultural (un tema acuciante para la curadora Legnado, congolesa, de adopción brasileña, descendiente de turcos y judíos) circula por las fotografías de la angolana Cláudia Cristóvão, la turca Esra Ersen, las tensiones políticas atraviesan las imágenes del israelí Miki Kratsman, el libanés Marwan Rechmaqui, la sueca Ola Pehrson, y su relato videográfico del Unibomber, del cubano Diango Hernández, residente en Italia y Alemania, del chileno Mario Navarro y el dibujo de los Opalas de la dictadura pinochetista, la arquitectura y el urbanismo obseden al argentino Tomas Saraceno, al polaco Goshka Macuca, a la holandesa Bregtje van der Haak, al griego Vangelis Vlahos.

El legado de Matta-Clark (la silla de ruedas con sombrilla para dar oxígeno a los estresados ejecutivos de Manhattan, memorable) y Marcel Broodthaers (y su anti museo), representados con pocas, pero representativas obras subversivas, contaminan, como Hélio Oiticica y Lygia Clark, toda la bienal, una edición indispensable para ver y pensar juntos. *(Segunda de una serie de notas sobre la Bienal de San Pablo y otras muestras).

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje