Platero y yo

Jiménez y su esposa Zenobia Camprubí llegaron a la capital estadounidense en 1943 para servir a la causa republicana, después de haber abandonado España al iniciarse la Guerra Civil, comentó José María Naharro, profesor de la Universidad de Maryland y especialista del tema del exilio, a la AFP. La pareja se quedó en Washington hasta 1951, cuando decidió viajar a Puerto Rico «al no poder soportar Jiménez el destierro en un país de habla inglesa», explicó Naharro. El académico es organizador del simposio de tres días dedicado al escritor, cincuenta años después de que obtuviera el Premio Nobel de Literatura.

El autor de Platero y yo confesó su malestar en el libro Guerra en España, elaborado durante todo el exilio, al escribir: «No oír al español, al pueblo de España, al hombre, a la mujer, al niño, ese español que es el rumor de mi sangre, la razón de mi vida». «Wallace era un político excepcional para aquella época. Pensaba en una especie de alianza de civilizaciones y que Estados Unidos debía entenderse con la Unión Soviética», explicó Naharro, que investigó la obra y el exilio de Jiménez. Sus conversaciones convencieron al autor andaluz de que Wallace -vicepresidente durante el gobierno de Franklin Roosevelt- era el único miembro del gobierno que conocía realmente a España y que podría contribuir a la restauración de la democracia allí. «Wallace sí comprende el problema de España porque conoce su historia», escribió. «Entre los hombres que yo conozco, es el más capacitado para comprender por su personalidad completa de cultura, capacidad natural (…) el problema de nuestra época», insistió Jiménez, que en 1956 recibiría el Nobel de la Academia Sueca. Según Naharro, Jiménez consideraba que Wallace era capaz de entender que la solución para España pasaba por un entendimiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, sin que la «hipócrita» Gran Bretaña tuviera cartas en el asunto. Para desgracia del escritor, los demócratas eligieron en la convención de 1944 al moderado Harry Truman como candidato a la vicepresidencia al lado de Roosevelt -que iba a la reelección-, descartando a Wallace por considerarlo demasiado de izquierda para compartir la dirección de un país en guerra, recordó el profesor. Un año después el presidente Roosevelt falleció. Conforme a la Constitución estadounidense Truman asumió el poder, y decidió acabar la Segunda Guerra Mundial con las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. «Se puede especular sobre lo que habría sido la posguerra con Wallace. Pero hay que pensar que la historia habría sido un poco diferente», admitió el profesor de Maryland, dejando entender que el dictador español quizás no se habría mantenido en el poder hasta su muerte, en 1975. *

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