OBRA DE MARTIN CRIMP EN SALA VERDI

Tierno y cruel, por la Comedia Nacional

Por momentos parece que el teatro, que es el portador de la historia, ha agotado sus temas. Le pide préstamos a la biografía y a la metafísica; trata de releer o de reconstruir a los clásicos. Heiner Müller ha reescrito o prolongado a «Hamlet», «Medea», la historia de los Horacios y los Curiacios, a Herakles y la limpieza de los establos de Augías («Heracles 5″). Martin Crimp acomete una tarea aparentemente análoga con «Tierno y cruel», a propósito de «Las Traquinias» de Sófocles. Herakles es aquí «El general» (por Miguel Pinto) que vuelve de arrasar un pueblo africano vinculado al terrorismo con una joven, que es su amante o concubina, como parte del botín, más un niño lo que provoca la ira de su esposa Amelia (Claudia Rossi).

El director, Adel Hakim, adelanta un comentario muy justo en el programa.»…Si en Sófocles los personajes son humanos… en Crimp, por el contrario, son huecos. Y esta pieza denuncia la vacuidad de sus vidas. Carecen de pasión…no son nada… su conducta se apoya en el cliché, en el estereotipo. Todos tienen los «tics» del lenguaje que encarnan la mentalidad estandarizada por la ideología de Hollywood… hasta los jóvenes africanos …son seducidos, fascinados y alienados por la sociedad de consumo occidental. El shopping y la televisión… los artículos de belleza, el confort y el lujo, todo esto los atrapa y … aniquila en ellos toda posibilidad de consciencia política».

La comprobación no es nueva, y el poema «Los hombres huecos» («The hollow men») de Eliot que recita Kurz  Marlon Brando al final de «Apocalipsis now», es de la primera mitad del siglo pasado: la «denuncia» de Crimp llega un poco tarde, y lo más notable, y hasta patético, es la tentativa, claramente abortada, de recuperación del pasado clásico. Como observa agudamente Eric Hobsbawn («Historia del siglo XX» pag. 13, «La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX…«. Sorprende que esto ocurra precisamente cuando Marx acaba de mostrar el sentido transformador de la historia y Freud (y más tarde Proust; y más recientemente Heiner Müller) mostraron la potencia subversiva (y renovadora por subversiva), de la memoria, uno de los pocos instrumentos en que fundar la reconstrucción o reprogramación de la vida.

Hemos sido catequizados por el capitalismo, que no sólo ha triunfado en el frente económico de la lucha de clases sino también en el ideológico, hasta hacer de sus tesis una religión universal. ¡Las religiones son tan cómodas! Permiten dejar de pensar, con sus dioses, por supuesto invisibles («Los mercados», «los inversores») y sobre todo con sus ministros, cuyas jaculatorias, excomuniones y anatemas atruenan desde los púlpitos de los medios de comunicación («los números son fríos…la conflictividad ha aumentado…salarios perdidos…al gobierno hay que ayudarlo…la izquierda bobeta», etcétera). Pero el mayor triunfo ideológico del capitalismo no es esta catequesis, sino hacernos olvidar que en su momento fue una utopía, que los hombres sabios de épocas pretéritas reprobaron por irrealizable; una utopía del mismo género, e igualmente necesaria, que el socialismo. En este cuadro, la reconstrucción de Crimp, fuera de las reflexiones laterales que puede suscitar, es tan vacía como sus personajes. No hay respuestas válidas al shopping y la televisión; y se olvida del cine. Todo autor debe mostrar el presente y también, porque de él forman parte, algo del pasado, en forma de juicio y valoración, y un poco del futuro, en la forma de lo que debería ser. Neutro, o pretendidamente tal, «Tierno y cruel» tiene como único destino posible ser un producto más en los anaqueles del shopping cultural. Pasado el primer momento de sorpresa ante una obra de la Comedia Nacional que funciona bien, ante una pieza bien escrita, un rápido olvido es su único fin posible en la memoria.

La dirección de Hakim se aproxima a la perfección y evidencia un intenso trabajo con los intérpretes, donde se luce Claudia Rossi. *

TIERNO Y CRUEL de Martin Crimp, traducción de Susana Anselmi, por la Comedia Nacional. Con Claudia Rossi, Isabel Legarra, Catherina Pascale, Levón, Pablo Varrailhon, Pepe Vázquez, Delfi Galbiati, María Inés da Chaga, Nicolás Martínez o Nicolás Sequeiro, Miguel Pinto y Oscar Serra. Escenografía de Claudia Sánchez, vestuario de Lucía Mangado, iluminación de Juan José Ferragut, coreografía de Julio de León, dirección general y puesta en escena de Adel Hakim. Estreno del 2 de octubre, sala Verdi

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