ARTE

Revolucionaria Bienal de San Pablo

La 27ª Bienal de San Pablo-Cómo Vivir Juntos, inaugurada el sábado pasado, sorprendió por sus innovaciones revolucionarias que alteran por completo los códigos habituales adoptados en los encuentros internacionales.

Escrito por: NELSON DI MAGGIO

Miércoles 11 de octubre de 2006 | 5:29
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 Detalle de un video de Gordon Matta Clark en una casa t

Pocas veces y desde el vamos, una bienal admite ser ampliamente recomendada. Es una bienal indispensable para entender la situación del arte actual. Porque los criterios adoptados por la curadora Lisette Lagnado y su equipo son de tal manera revolucionarios en diversidad de aspectos, ya señalados en una nota anterior y que convendrá insistir en un próximo artículo, luego de decantar la excelente impresión que dejó esta edición. Desde la segunda bienal de 1953, en ocasión del 400º aniversario de la fundación de la ciudad, con el resumen del arte moderno de la primera mitad del siglo XX, no se había podido igualar el notable nivel de personalidades convocadas: Picasso y Guernica, Mondrian, Klee, Calder, Henry Moore, el cubismo y el futurismo.

Pues bien, ahora la 27ª bienal establece un marco histórico de referencia. Es la menos “artística” de todas pero es la más comprometida con la realidad. Diferente y audaz: no indaga en el pasado sino que ausculta el conflictivo presente. Invoca íconos no muy divulgados pero insoslayables: Gordon Matta-Clark, Marcel Broodthaers, Hélio Oiticica y Lígya Clark, cuyas formulaciones mantienen plena vigencia y aparecen diseminadas en numerosas vertientes.

El panorama que se ofrece en la 27ª Bienal paulista no aspira a ser una síntesis de tendencias o artistas. Lo que importa es el admirable mapeo de las preocupaciones del mundo actual, de aquí y ahora. Captura el fluir de la sociedad contemporánea en el terreno artístico, sus aspectos más vastos, diversos y conflictivos. Un agudo sentido crítico atraviesa la complejidad y contradicciones del mundo de hoy, recogiendo el espíritu del tiempo vivido: los imperios políticos, económicos y culturales, el conflicto en el Cercano Oriente, la violencia doméstica, la discriminación racial, religiosa, social y sexual, los problemas del urbanismo y la arquitectura, la ecología en cuestionamiento a los museos y al arte mismo, la convivencia en ciudades acosadas e inseguras, lo individual y lo colectivo en una interacción intensamente reflexiva, de inesperados alcances. Lo notable es descubrir artistas de Asia, Cercano Oriente, Oceanía, Africa y hasta de América Latina, con especial mención a Bolivia. Los desplazados de siempre están aquí representados.

El Uruguay ausente. Como a todos los países que participaron en ediciones anteriores se cursó la invitación a Uruguay (lo afirmó la curadora al autor de estas líneas) y, como Paraguay, no contestó. Alguna institución o funcionario oficial no creyó oportuno el envío nacional. Ahora se trata de identificar la responsabilidad del caso.

Hay un proyecto educativo en esta bienal orientado hacia las clases de la periferia y de menores recursos económicos en colaboración con centros educativos. Los carteles sintéticos que acompañan los trabajos permiten la comprensión correcta al visitante menos informado, situando el significado de la obra. El montaje es ejemplar. El núcleo central del Pabellón Ciccilio Matarazzo hospeda apenas 91 artistas con numerosos trabajos, distribuidos en los tres pisos de manera de establecer una suerte de pequeñas muestras individuales que, en muchos casos, tienen alternancia en diferentes lugares con diversas propuestas que enriquece la comprensión del artista y los trabajos, en su mayoría inéditos o pensados para la bienal. Predominan las instalaciones, videos y fotografías, aunque la pintura, minoritaria, tiene formulaciones que la alejan de las coordenadas tradicionales.

Tres libros documentan la 27ª Bienal. Tienen el mismo formato (18x24cm.): uno, ya editado, es un catálogo guía (276 páginas) para 800 profesores (debidamente entrenados) que orientarán a grandes sectores, ya que, a pesar de la entrada gratuita, ha sido escasa la propaganda y poca la acogida de los medios de comunicación. El segundo catálogo, 27ª Bienal de San Paulo- Cómo Vivir Junto (576 páginas) saldrá en noviembre y el tercero, en diciembre, tendrá textos de los seis seminarios realizados (448 páginas).

Si la Bienal es el principal atractivo, otras exposiciones en la ciudad tienen su propio imán: Dioses Griegos de la colección del Museo Pérgamo de Berlín, con originales greco-romanos de la región mediterránea y la espectacular reconstrucción en tamaño original del famoso Altar (Museo de Arte Brasileira), Fluxus, el movimiento fundamental de la segunda mitad del siglo XX, con obras de Wolf Vostell, Joseph Beuys, Georges Maciunas, Nam June Paik, John Cage, Emmett Williams y otros importantes miembros en curadoría de Agnaldo Farias (Instituto Tomie Ohtake), León Ferrari (también en la Bienal) y Alexander Calder (Pinacoteca), Cildo Meireles (Estaçao Pinacoteca) y la muestra Paralela reúne 13 galerías paulistas (Prodam), además de otras muchas en Itaú Cultural y las numerosas galerías privadas. El arte actual en plena ebullición. *

(Primera de una serie de notas sobre la 27ª Bienal de San Pablo y otras muestras)

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