EL CINEASTA URUGUAYO RICARDO ISLAS, RADICADO EN ESTADOS UNIDOS, OPINA QUE EL FRENTE AMPLIO REPRESENTA AL SER HUMANO

"La sociedad estadounidense es la más reprimida e hipócrita del mundo"

No te puedo decir qué opinión tengo de Tabaré Vázquez, ya que no conozco su gestión. Hoy sólo veo las noticias por cable, y realmente no sé de quién sería hoy. Pero el hecho de salir al exterior te abre la cabeza. Yo en Uruguay no era de una clase privilegiada, mis padres eran obreros de una fábrica téxtil, y llegamos a estar bastante mal cuando cerró esa fábrica. Eramos pobres, por ese entonces a los colorados se los asociaba con la gente de plata y acomodados, y yo no era nada de eso. Estando en Estados Unidos me tocó ser parte de una minoría muy jodida y castigada, que son los latinos. Y los que nos castigan son el Tío Sam y el gobierno norteamericano. Ahora creo que no hay ni izquierdas ni derechas, ahora hay corporación versus ser humano. Y si hoy te hago una hipótesis, la corporación estaría representada por el Partido Colorado y el ser humano por el Frente Amplio, yo sería del Frente. Y yo estoy a muerte con el ser humano, y hoy más que nunca se necesitan organizaciones anticorporativistas», reflexionó.

En esta entrevista exclusiva para LA REPUBLICA, el director coloniense radicado desde hace diez años en Chicago, cuenta acerca de sus comienzos en el mundo del cine. De lo difícil que era hacer cine de terror en Colonia por esos años. Explica las razones de su partida a Chicago. Se refiere a su dura etapa al llegar a Estados Unidos. Hace referencia a la sociedad norteamericana, a la cual considera como «la más reprimida e hipócrita del mundo». Y manifestó sus ganas de volver a vivir nuevamente en Colonia.

 

-¿Qué opinión te merece la sociedad norteamericana?

-Es las más reprimida e hipócrita del mundo. Pobres, no es culpa de ellos, son años de represión. Estados Unidos tiene el gobierno y el presidente que merece tener. El canal donde estoy, que es público, significa progresista, no es lealtad al gobierno. Somos públicos y parte de nuestro fondo viene del gobierno, pero somos de los que más palo le da al gobierno. Y el estado de Illinois -y la ciudad de Chicago, donde vivo- es progresista, no es conservador ni republicano, no es mayoría Bush en este estado. Pero por algo gana en un país donde hay una ignorancia galopante, y una xenofobia que después del 11 de setiembre se quintuplicó. Hoy en día no se puede mostrar nada, no se puede hablar de ciertos temas, y es porque los conservadores son mayoría en este país.

 

-¿Cómo fueron tus inicios?

-A los 13 años escribí el guión de Posesión, a esa edad veía los noticieros de Colonia y me imaginaba la logística de cómo filmar una película. No fue tan fácil producirla, porque cuando tenía esa edad, y fui con el guión bajo el brazo al canal de Colonia, me mandaron de regreso a mi casa. A esa edad era un niño, y no era el momento ni para el canal ni para el país. Estamos hablando de 1982 en el que había una crisis económica brutal. Sin embargo cuando regresé al canal en 1985 con la idea de producir el mismo guión todo había cambiado. La recepción fue diferente, me dijeron que si conseguía diez avisadores ellos harían la película. Y hasta el día de hoy, creo que tanto el canal como los veinte avisadores que finalmente encontré, me dijeron que sí pensando que no habría otro sí a posteriori. Pero no fue así, de manera que unos meses más tarde regresé a canal 3 y canal 8 de Colonia (en ese momento funcionaban juntos) con una carta de avisadores que decía: «Sí, te apoyamos». Y así fue que para diciembre de 1985 estábamos en pleno rodaje, que duró dos semanas. La película se exhibió el 26 de marzo de 1986, fue un jueves a la noche bien tarde después de la Red Informativa; tanto canal 3 Colonia y canal 8 Rosario, en simultáneo, pusieron la película al aire.

 

-¿No era una locura hacer cine en Colonia, qué opinaban tus padres?

-Sí, definitivamente. Pero yo nunca me plantée que estuviera haciendo cine. Dentro de mi mente tenía una historia que contar, que era ese guión. Entonces yo veía los informativos en la televisión, y si estaban las cámaras, y una pantalla que proyectara imágenes, logísticamente era posible hacer una película. Y ahí empezaba y terminaba mi razonamiento. Por esa forma simplista, ingenua, e ignorante casi de ver la vida, tan simple. fue que ocurrió esa cosa extraña que se llama Posesión, dirigida por un guacho de 16 años en Colonia. Porque había una total falta de perspectiva de decir «estoy haciendo algo imposible», no se me pasaba por mi cabeza. A pesar de todo muchas personas me lo dijeron, y no mis padres, porque ni siquiera eran conscientes de lo que estaba pasando.

 

 

De Colonia a Chicago

-Has dicho que unas de las razones principales de tu partida a Estados Unidos fue porque no supiste moverte dentro del mercado de cine de nuestro país, ¿fue así?

-Hubo una serie de factores, pero nunca fui muy bueno en las relaciones públicas. El hecho de ser del interior genera una especie de ciertos complejos de inferioridad. Al estar todo centralizado en un solo lugar, todo el mundo se conoce y se forman roscas, y entonces para alguien del interior se le hace muy difícil. No me sentí bien recibido, quizás le hice honor a mi apellido cuando iba a Montevideo, me sentía aislado. Cuando gane los premios del FONA sentí que toqué el techo, y no vi que hubiera mucho más por hacer en Montevideo. Capaz que fue el género que abordé, quizás si hubiera elegido hacer películas consideradas más serias me hubieran recibido de forma diferente. Si yo hubiera vislumbrado que el cine nacional iba a cambiar, como sí lo hizo a fines de los 90, quizás me hubiese quedado. Porque nunca fue mi objetivo irme del país y ser un inmigrante, lo considero como un accidente.

 

-¿Cómo fue tu llegada a Estados Unidos, en qué trabajaste?

-Viajé dos veces, la primera con una mano atrás y la otra adelante. La segunda vez llevaba seis mil dólares. Cuando recién llegué, trabajé para una productora de un colombiano, donde iluminaba y editaba. Luego me dejaron de llamar. En ese momento decidí regresar al punto que con lo que me quedaba compré los pasajes para regresar, y unos días antes de regresar unos amigos colombianos me dijeron que esa productora estaba por realizar una comedia con actores latinos. Haciéndome el boludo me fui a la productora a despedirme, y cuando me vio le dije que me regresaba porque no podía bancar mis gastos, y el me dijo cuánto necesitaba y me quedé haciendo por un año una serie llamada Chicago, que la escribí, dirigí y en la que terminé actuando. Salió en cable y en diferentes canales del estado de Illinois. Después, cuando se me terminó el contrato de Chicago quedé en bolas, literalmente, ya que estaba de ilegal. Me tocó trabajar de todo, sirviendo copas en restaurantes; un invierno entero cuidé autos en un estacionamiento a la intemperie, caminando ocho horas por noche durante un invierno; luego lo mismo en un verano, es decir me congelé y me asé. Luego trabajé en una oficina, ya que necesitaban a alguien bilingüe que escribiese rápido. Hasta que apareció un programa que se llamaba Nuestro niños, de consejos para padres que lo producía una uruguaya; mandé mi currículum, pero ni bola me dieron. Luego de probar a varios directores me llamaron para hacer notas en la calle, y terminé coproduciendo, escribiendo y haciendo las voces. Hasta el día de hoy soy la voz en español del canal 20 de Chicago. Nuestros niños fue nominado para el Emmy en dos oportunidades, y la conductora ganó en ambas oportunidades. Yo fui nominado como productor por un programa especial sobre la influencia de los med
ios de comunicación en las familias latinas en Estados Unidos. Viajé por todo el país entrevistando a diferente gente que me diera su opinión al respecto.

 

-¿Es posible triunfar en Estados Unidos siendo uruguayo?

-Es un país muy complejo, pero dentro de la colectividad hispana, los uruguayos y los argentinos somos muy cotizados y queridos por el mercado hispano, porque tenemos un nivel educativo bastante más alto que el resto de los latinos. Yo creo que Uruguay tiene una educación muy buena, y cuando se está afuera uno la puede apreciar mejor. Estamos muy capacitados para interactuar con cualquier tipo de nacionalidad, estamos por encima del nivel intelectual de muchas nacionalidades, incluidos los americanos que son cuadrados, que no saben lo que pasa fuera de su país. Dentro del mercado norteamericano es otra historia, que es donde trabajo ahora. El canal donde trabajo yo vendría a hacer como el Sodre en Uruguay. Es un mercado salvaje y difícil, y ser uruguayo es como ser el latino del canal; todos los canales por cuestiones de política lo tienen. Y el hecho de ser uruguayo te aporta la capacidad de poder interactuar de igual a igual con el resto, cosa que los otros latinos no pueden hacer por una cuestión educativa. Eso te lo puede decir mucha gente que vive y trabaja acá, que el uruguayo que entra a trabajar a una tienda termina de manager, y así sucesivamente. Por darte un ejemplo: el director de noticias de una de las dos cadenas grandes de Chicago es uruguayo, y estamos hablando de Chicago, que es el tercer mercado en importancia en Estados Unidos. Y en PBS, que es el canal público de Chicago, el productor es uruguayo, y soy yo

Plenilunio, arrepentimientos y la política

 

-En una oportunidad dijiste que Plenilunio, de las películas que hiciste en Uruguay, es una de tus favoritas hasta que aparece «Teddy bear».

-Plenilunio al igual que El almohadón de plumas, de mi etapa en Uruguay son mis favoritas. Y sí, creo que la aparición del «Teddy bear» manda todo al carajo. Y cuando hice un corto a principios de los 90 en Buenos Aires, noté que había un culto casi perverso de admirar las películas mal hechas, una especie de culto a Ed Wod, antes de que se hiciese la película de Tim Burton. Pero yo no siento un regocijo especial de sentarme a ver una película que esté mal hecha. La gente a la que le gusta eso, lleva una vida miserable y necesita ver algo realmente mal hecho para recordarle que no todo está perdido. Dentro de ese contexto el lobo de Plenilunio es un pilar histórico de lo mal hecho. No la película, y creo que el hombre lobo es una cagada y no honra al filme. Y estoy seguro que ese lobo atrajo mucho público, pero no es el tipo de público que yo pensaba atraer cuando hice el filme. Pero mis películas siempre trato de que salgan bien, y cuando algo salió mal no fue a propósito, y no me identifico con ese tipo de público que sí le gusta esas cagadas.

 

-¿Qué opinión te mereció la actuación del buen amigo Luis A. Carro, corresponsal en Colonia para LA REPUBLICA.?

-Luis es muy fresco, hizo una tarea impecable. Me acuerdo que él hacía de un periodista amarillista, una especie de burla, por ese entonces, a Jorge de Feo de Canal 9 de Argentina, el que era asquerosamente amarillista.

 

-¿Hay algo en tu carrera de que te hayas arrepentido, y algo que volverías a hacer?

-Arrepentido…de las cagadas que he hecho en mis películas y me pasaría horas en decírtelas. Del hombre lobo de Plenilunio, de Mala sangre, el haber hecho sonido no directo, con voces dobladas. Once voces las hice yo, incluida la de una vaca. Esas son cagadas que aquí (Chicago) les pongo subtítulos, y la gente no va a notar que yo hice las once voces, no va a notar que no soy el hombre de las mil voces como D’Angelo. De volver a hacerlo, me he planteado de filmar nuevamente Plenilunio en Estados Unidos, porque a nivel underground pegó y se vendió muy bien aquí. Haría de nuevo El almohadón de plumas, con mejores recursos, y que honre mejor al genio de Horacio Quiroga.

 

-¿Se puede hacer cine en nuestro país?

-Y sí, yo lo hice durante años en el formato video. Y luego cuando yo me fui el cine entró en una especie de ebullición. Si vos me querés decir si se puede vivir de hacer cine en nuestro país, hoy se hace más fácil que hacerlo en Estados Unidos, al menos si hablamos de cine independiente. Eso sí, el cineasta independiente tiene que tener aparte un trabajo full time, porque es difícil vivir del cine.

Es la mejor manera para mantener un cine independiente, y no bancarte que venga un imbécil y decirte que no le gusta lo que hacés. Yo trabajo en el canal de Chicago, y en mis ratos libres hago cine. Eso te permite libertad económica para hacer cine. Le recomiendo al joven que incursione en el cine que trate de enfocarse en sólo hacer cine, y que deje la paja de ser conocido, tener plata, salir en las revistas, y pasar a la historia. Si todo eso viene acompañando, mejor, y si no también. Que no quiera ser el próximo Spielberg. Con ser uno más que cuente historias, alcanza y sobra.

 

-¿Vale la pena intentarlo?

-Por Dios si valdrá la pena; quién me quita lo bailado Es apasionante, maravilloso. No hay una persona que quiera hacer cine al que le dijera «no, no lo hagas». Como una vez que leí en un artículo en el que Martin Sheen le dijo a su hijo Charlie Sheen que no se metiera en mundo del cine porque era una mierda. Martin Sheen tendrá algún problema; el cine es una aventura de vida increíble, cada experiencia es tan demencialmente intensa en lo humano que hay muy pocas cosas que se le comparen. Gracias al cine gocé tanto en estos veinte años ininterrumpidos de hacerlo.

 

Nostalgias del pasado

 

-¿Qué sensaciones se te pasan por tu cabeza cuando llegás a Uruguay, y más especialmente a Colonia?

-En todos los años que estuve fuera del país, por una cuestión que tiene que ver con papeles migratorios, sólo viajé una vez. Yo regularicé mi situación migratoria en este país hace casi tres años.

El año pasado viajé por primera vez; hacía ocho años que no iba y entonces fue todo un shock. Si vos me preguntás ¿qué pasó por mi cabeza?, no es la pregunta correcta, sino que es: ¿qué pasó por mi corazón? Porque fue un shock, no estaba con todos mis sentidos.

 

-¿Pensás volver a radicarte en nuestro país ?

-Es mi sueño, es mi anhelo. Pero no sé si va a ser posible. Porque tengo 37 años, y buscar trabajo en Uruguay a los 40 no es nada fácil. Aquí estoy bien y tranquilo. No estoy feliz, extraño mucho Uruguay. Feliz estaba en Uruguay. A mí me hace feliz poder hablar hasta las 2 de la mañana con amigos, cosa que acá es literalmente imposible.

En los casi diez años que estoy en este país, he cosechado sólo dos amigos, una pareja de españoles. Me hace feliz caminar por la costa de Colonia en verano, caminar en la noche por la rambla costanera. Sentir el olor del rocío, andar en moto en un día de lluvia y sentir hasta los huesos. Me gusta quedarme tirado panza arriba mirando las estrellas. Una tarde de lluvia con torta fritas. Y nada de eso, a pesar de que aquí hay lluvia, agua, rocío, estrellas, es igual. Por eso si te digo que quiero vivir en Uruguay, lo extraño. Pero aunque no lo veo cercano, deseo volver a Uruguay. *

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