Basura, en El Mincho

Rehermann no hace cosas fáciles.

En medio de un cúmulo de basura  plástico, papeles, maniquíes, o muñecos, bolsas para agua caliente- hay un escritorio con varios teléfonos. Lo que parece ser un hombre (Roberto Foliatti) recibe llamadas, habla en voz alta. De a poco, y no sin dificultad, comprendemos que es un demiurgo o representante del demonio… o de Dios, encargado de cumplir sus órdenes. La atmósfera es entre «Perelandra» y las cartas de Screwtape de C.S. Lewis y «The flight for Lucifer» de Harold Bloom. El protagonista tiene dificultades con su esposa, a la que cree retozando adúltera en el extranjero, pero que pasa por Cuba y organiza una revolución de izquierda en Europa.

Confesamos, con rubor y humillación, que no hemos comprendido nada: una tímida disculpa es que no nos parece probable que el espectador común comprenda mejor. No entendemos la basura, ni su origen ni su fin, ni por qué es tan importante como para dar el título de la pieza. Podría creerse que título y escenografía son una metáfora de la decadencia de Occidente, un paisaje entre «La tierra vacía» de Eliot con algo de la escenografía de «Cats»; pero esta idea de ruina no tiene mayor relación con la historia que cuenta Rehermann, cuyo protagonista es atareado y diligente. Entendemos menos aún que una obra de teatro sea contada de principio a fin y que nada suceda sobre las tablas; y que para peor, «Basura» sea narrada en segundo plano, a través de las medias palabras de medias conversaciones telefónicas. «Basura» recibió el premio «Solos en el escenario» del Centro Cultural de España, en este año 2006.

 

BASURA, de Carlos Rehermann, con actuación de Roberto Foliatti y dirección de Sandra Massera. En el café y bar Mincho. *

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