Fue inaugurada la Bienal de San Pablo
El acontecimiento, cuya producción costó casi ocho millones de dólares, «es una de las tres bienales más importantes del mundo, junto a las de Documenta (Kassel, Alemania) y Venecia (Italia)», dijo a la AFP el colombiano José Roca, co-curador de la exposición. Destacó que hay «fuerte presencia» de artistas latinoamericanos, para quienes la Bienal constituye «una vitrina en el principal evento artístico regional». «Si Documenta es el Mundial de fútbol, la bienal de San Pablo es la Copa Libertadores de América», ejemplificó, comparando en términos futbolísticos a la brasileña con la mayor muestra mundial de arte contemporáneo que se realiza en Alemania.
Roca forma parte del equipo de curadores encabezado por la franco-brasileña Lisette Lagnado, e integrado por la española Rosa Martínez, los brasileños Adriano Pedrosa y Cristina Freire, y el alemán Jochen Volz, totalmente responsable por la selección de obras y artistas de la muestra.
Un recorrido por el Pabellón Ciccilio Matarazzo del Parque Ibirapuera, sede de la bienal, permite apreciar proyecciones de fotos y de videos, estructuras, combinaciones de estructuras y videos, además de las telas tradicionales, en un amplio despliegue de nuevas tecnologías.
«A iniciativa de la curadora general Lisette Lagnado, se intenta este año una bienal más osada, más vinculada a las prácticas actuales del arte contemporáneo», aseguró en Manuel Francisco da Costa, presidente de la Fundación Bienal de Sao Paulo. «Ampliamos el espíritu democrático de la Bienal», con la gratuidad de la exposición, la forma de elegir obras y artistas y un proyecto educativo para «traer la periferia de San Pablo a la muestra, en la construcción de un modelo de inserción social», destacó Da Costa.
El lema «cómo vivir juntos», según el presidente de la fundación, «es un concepto político profundo, en una bienal que será motivo de discusión, de contradicciones, un encuentro de artistas jóvenes que polemizan sobre el día a día del mundo global y de la fractura social». Ese lema, que orienta la obra y el debate artístico, se basa en el libro homónimo del filósofo francés Roland Barthes (1915-1980) y en conceptos del artista brasileño Helio Oiticica (1937-1980).
Una construcción de la sudafricana Jane Alexander de un doble alambrado de púas, que recuerda cercas carcelarias, con cientos de armas por dentro, y un pabellón con fotos que exhiben el horror de las guerras, son aportes de quienes no creen en la posibilidad de «vivir juntos». Ese escepticismo constituye «un aporte para enriquecer el debate» sobre la convivencia, anotó Lagnado.
La eliminación de pabellones nacionales es otra innovación de esta edición de la bienal. «La discusión sobre ‘cómo vivir juntos’ -título fuerte, político y también poético- no admite la cuestión de nacionalismos», argumentó Lagnado, y agregó que, salvo en Venecia, la tendencia mundial es a eliminar esos pabellones.
Además, según Pedrosa, las representaciones nacionales producen «un desequilibrio perverso» por las abismales diferencias de recursos entre los países.
El nuevo formato de la bienal incluye seminarios sobre convivencia y democracia, la proyección de quince filmes, y una muestra paralela en un barrio marginal. Una instalación acústica de calle, muestras individuales en plazas, y marchas para acompañar trabajos de artistas, serán otras novedades. *
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