Tiene la palabra
De la primera reacción oficialista ante «falso médico»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Un habitante de esta tierra que sigue mereciendo el aforismo «Como el Uruguay, no hay», acuñado por Efraín González Conzi a mediados del pasado siglo, ha venido a agregar leña al fuego que un Estado presidido por un doctor en Medicina pueda soportar.
A estar a la información de prensa, los variopintos temas de:
–muertes en Hospitales públicos por darle a los enfermos aire comprimido o alimento gel en sus torrentes sanguíneos;
–persecución aparente de competencia para con la empresa privada de también aparente dominio del titular del Poder Ejecutivo;
–muerte de accidentada a pocos metros de una unidad militar del Camino Mendoza (que contaba con ambulancia) por carecerse de acceso en tiempo y forma de la asistencia pública.
–negación del abortismo que sí estuvo en el discurso de las agrupaciones convergentes en el Frente Amplio.
–enfrentamiento entre Hospitales de Salud Pública y el personal –también público– de «Clínicas» de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República al que se le obstaculiza la tarea cercenándose ingreso a respectivo nosocomio.
–iniciativa de la Juventud Socialista de legalizar la marihuana… entre muchos otros, agrega ahora un hecho alocadísimo.
Siempre considerando lo expresado a la opinión pública, un sujeto que no contaba con título académico profesional habilitante, habría trabajado en algo así como ocho centros públicos de atención médica, cumplido «guardias» sin que nadie le exigiese acreditar la razón suficiente de su emplazamiento doctoral, dispuesto de vehículos del tipo «ambulancia» de los que se carece para salvar vidas, y –entre otras yerbas– hasta vaciado de medicamentos alguna institución también oficial.
Una vez que la administración de justicia le imputa el ejercicio ilegal de la profesión, sale a la palestra el Poder Ejecutivo considerando la posibilidad de someterlo a denuncia ante la Justicia…. tan sólo por uso inadecuado de vehículo oficial.
Referente al popularmente denominado «uso trucho» de vehículos oficiales, sépase que el tránsito de la administración Batlle Ibáñez a la Vázquez Rosas no ha presentado un favorable cambio. El anterior presidente obligaba a tener el logo de cada dependencia en las puertas de cada vehículo oficial, ahora, a ojos vista, eso se obvia… e imposible le resulta al ciudadano de a pie el considerar en qué andadas operan.
Respecto a tener una mínima noción de qué acontece en las Dependencias del Poder Ejecutivo, titular de la función administrativa estatal, lo que aflora (y no siempre todo aflora) deja muchísimo que desear. El actual Presidente, a pesar de ser reconocido mundialmente en su calidad de galeno, a pesar de tener como privadísimo secretario personal nada menos que a un hermano carnal que goza de licenciatura en enfermería, a pesar de conocer el paño tanto desde la baranda pública como de la troya privada, en pesar de que ocupa su vida tanto en el seno de los asalariados de instituciones médicas como en el recoleto pequeños grupos de salientes empresarios del capitalismo de la salud, a pesar de muchos otros pesares… tiene en su cartera de Salud Pública un moño difícil de manejar… y semanalmente salta la liebre aquí, allá o acullá.
No dudamos que el Presidente ha actuado «juramentos» –y «promesas»– para ante todas «las uruguayas y uruguayos», como tanto estila tener por leit motiv. Sin perjuicio que acumula los otros juramentos de naturaleza hipocrática.
Agregamos que debiera incluir en sus discursos, que siempre toca materia relativa a la dogmática parte constitucional que regula «Derechos, deberes y garantías»: a «todos los habitantes»…
–a quienes siempre se les deja marginados de su discurso en grosera desconsideración del artículo 7º de la norma fundamental.
El titular de empleo público tal («primer mandatario», es decir: empleado número uno del soberano pueblo oriental) no puede ignorar ni a la Constitución ni a quienes han confiado en un país de inmigración sin llegar a obtener la calidad de «nacionales».
Desde la antigua Roma se nos ha legado un aforismo que no sólo es para facultativos: «Salus Populi Suprema Lex Sed» e impone tener presente que «La salud popular es bien supremo con rango legal», tomada de Cicerón (De legibus, III, 3º) es frecuente emplearla –también– para significar que: El interés colectivo debe informar toda disposición legal… siempre… con preferencia a los intereses individuales.
Por la deuda ética profesional que es inherente al citado doctor en Medicina Tabaré Ramón Vázquez Rosas debe su título al esfuerzo del propio soberano pueblo oriental que le permitió acceder gratuitamente a su título profesional;
–por la deuda moral colectiva que conlleva a una persona de su riqueza intelectual internacionalmente reconocida;
–por la deuda funcionarial que tiene como asalariado del soberano pueblo para bien conducir a la población uruguaya;
–por esos no pocos motivos y por muchos más sanamente enunciables, es que llegamos al despacho del señor representante del Estado –tanto en lo interior como en lo exterior– clamándole como superior democrático mandante ciudadano que cumpla con la responsabilidad que como funcionario público se atribuye en el marco de su mandato.
Cabe pecar de insistente, con la deferencia de trato que su presidencial condición e investidura conlleve, así como también con la severidad que todo el que manda (calidad de funcionario público mandatario) es que hoy francamente llegamos ante su Despacho con sana tribulación. Respetuosamente
CARLOS BARROS PONS – C.I. 1.217.136-4
No existen los sordomudos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Ante la insistencia de la Sociedad Parlante-Oyente Uruguaya, en nominar a un grupo de personajes en lo oral y escrito: sordomudos, me refiero al artículo escrito por mí, publicado en este diario el 10/7/06, que sustituyeron mi especialidad de Discapacitados Auditivos por «especialista en sordomudos», y lo que es más grave aún dicha palabra se encuentra en el recién publicado Catálogo Homenaje a Petrona Viera, a todo color y con intervención del Ministerio, Museo Histórico Nacional, Museo J. Zorrilla de San Martín y Comisión de Amigos del Museo, en un gran esfuerzo con excelente fotografía y diseño.
La persona sorda, no escucha la «zona de la palabra», que va del 500 al 2000 desniveles. Por debajo del 500 y por encima del 2000, escucha. Si bien el oído es el órgano especializado de la audición, todos escuchamos a través de la planta de nuestros pies, de nuestro vientre y nuestros huesos (captamos las ondas sonoras).
En realidad no hay ningún ser humano que no escuche. En cuanto a la adquisición de la lengua hablada: nosotras las Maestras Especializadas las enseñamos, utilizando la memoria, su inteligencia, la ejercitación diaria, la buena alimentación para tener la fuerza para emitir el soplo, mediante la colocación de la lengua, los dientes y labios, para que las palabras se pronuncien. Todo ello lo hacemos mecánicamente.
Si bien su voz en átona, o sea que no posee modulación tonal y a veces nos resulta difícil entender, ellos nos están hablando. Aunque hay un porcentaje de sordos, que no aprenden, no logran hablar, pero todos producen sonidos, risa, llanto, furia (como todos) y sólo se comunican con la L.S.U. (Lengua de Señas Uruguayas).
Muda es la persona que no posee cuerdas vocales, o lengua, que no puede emitir so
nido. Ya que los bebés que no hablan comunican con gritos y llanto lo que desean y no son mudos, al igual que los sordos.
Cuando nos referimos a discapacitados auditivos o a personas con capacidades diferentes, demostremos que somos uruguayos del siglo XXI, y estaremos ayudando a lo docentes, a la Asociación de Sordos, a la Escuela de Sordos a eliminar prejuicios y mejorar la comprensión.
Gracias.
Cordialmente,
BLANCA VILLAMIL – DOCENTE – C.I. 1.093.289-3
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