Una muestra de géneros y tendencias
El título de esta quinta semana de cine coreano que a partir del jueves próximo presentará Cinemateca Uruguaya, sintetiza la idea central. «Los colores del cine coreano» es un panorama abarcador, que se abre con un filme de hace dieciocho años (Chilsu y Mansu, de Kwang-su Park. Esa película, en sí misma muy atractiva, fue la que en 1988 rompió la censura. Y se cierra con crónicas de la vida y la gente hoy en día en el país, con filmes realizados en los últimos años. De alguna manera estudian el tránsito de la apertura hacia un estilo de cine coreano, hecho por lo general de tomas largas sin corte, lo sorprendente, a veces (no tantas) lo cruel, y en particular algunas expresiones cinematográficamente innovadoras, o búsquedas originales y talentosas.
La intención es, obviamente, presentar al cine coreano artístico, cuidadoso de formulaciones dramáticas, de apuntes reales, de estudio de personajes y de sus comportamientos.
Un cine de búsquedas
La originalidad del cine coreano no es casual. Resulta de una actitud de desprejuicio de los cineastas, que se liberan de convenciones de lenguaje y a la vez cuestionan los comportamientos bien vistos que no suelen darse en la realidad cotidiana de las grandes ciudades.
Quizás el filme más representativo de esas búsquedas que se incluye en la Semana, es La virgen desnudada por sus pretendientes (2000, de Sang-soo Hong), premiada en una larga lisa de festivales y tercera película de un autor joven y talentoso. Aquí la trama es elemental y describe el triángulo sentimental de una guionista de televisión, su jefe y el dueño de una galería. Pero ese argumento es lo que menos importa. Lo más significativo está en la forma que fractura el relato en capítulos, vuelve sobre lo ya visto desde otro punto de vista, se detiene en lo nimio y cotidiano como si eso fuera, más importante que saber lo que le pasa a los personajes. Esos son rasgos de creatividad, que congela a los personajes, se distancia de ellos y fascina al espectador con una visión de entomólogo y con pausas en los momentos más poéticos. El resultado es por momentos magistral, aunque exige del espectador quitarse de encima sus prejuicios, los del cine industrial. Es un filme de autor, claro.
Cuídame el gato (2001, de la directora Jae-eun Jung) se mete dentro de sus muchachas protagonistas, con quienes la autora comparte la juventud, la actitud liberada, y la vitalidad. El gato de título debe entenderse como una réplica de sus personajes, independientes, cariños, solitarios. Hay un dejo crítico en este cuadro que de a poco convence al espectador que esas muchachas son las que todos los días se cruzan por su camino y que tienen sus propios mundos incomunicados.
De otra manera, los otros filmes se emparientan por sus infrecuentes pretextos creativos. Así, Salven al planeta Tierra (2003, de Jun-hwan Chang) puede parecer la exploración de una locura, la del protagonista que cree que el mundo será destruido por extraterrestres. Pero puede ser también una comedia humorística y hasta una alegoría sobre las amenazas nucleares en el Asia sudoriental. Y hasta una comedia sentimental como Un magnífico día de primavera que deja pasar el tiempo y las estaciones para que un romance se marchite y de él quede sólo la memoria, con imágenes de la naturaleza, el lento paso de gente, de acciones. O bien lo fantástico e inesperado sobre tradiciones nacionales coreanas, es el mérito de Mi madre la sirena (2004, de Heung-shik Park), una película extraña, muy moderna pero muy atada a clics coreanos misteriosos.
Casi todos estos filmes han sido premiados y elogiados en festivales internacionales, demostrando que el cine coreano interesa fuera de fronteras, por algo más que la violencia. Este otro cine coreano artístico y valioso es el que rescata esta semana.
Estructuras del cine coreano
En Corea existe un cine industrial de relativo interés. Pero paralelamente y con apoyos estatales se ha desarrollado un cine de autor y, como se lo denomina en Seúl, cine de «arte y ensayo» que gana el reconocimiento mundial y que explica por qué el cine coreano es considerado en los últimos años uno de los grandes descubrimientos artísticos, para sorpresa de Occidente. En ese espacio para un cine artístico, se han detectado influencias del neorrealismo, y hasta en algún caso (La virgen desnudada por sus pretendientes) de las búsquedas francesas y en particular de Godard, destruyendo las convenciones del relato. La inteligencia de la política de apoyo al cine nacional ha formado un público en el país que se interesa por el cine como expresión creativa pero ha fortalecido ese reconocimiento exterior al cine. Si bien su mercado es inmenso (prácticamente toda el Asia oriental, incluido Japón, y la industria no requiere mayores auxilios, la política cultural consiste desde hace algunos años en fomentar la existencia de otro cine que no sea meramente un entretenimiento para pasar el rato, sino una vía popular de recreación, es decir, de enriquecimiento y reflexión del espectador. Algunos ejemplos están en estos «Colores del cine coreano».
La muestra es posible por la colaboración del Ministerio de Cultura y Turismo de Corea, la Embajada de ese país en Montevideo y el soporte del Korean Film Council, que acompañan a Cinemateca Uruguaya en este proyecto de difusión cultural. *
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