La balada de los sobrevivientes
Se trata de una jubilosa y hasta conmovedora historia de sobrevivientes en la jungla neoyorkina que posee, además, la intervención de Andie McDowell y el excelente Richard Bradford.
El filme posee una velocidad de comedia con severos apuntes melancólicos y, declaradamente, un tono menor para evitar estridencias o incluso esas grandilocuencias narrativas o de producción que en muchas ocasiones arruinan un proyecto cinematográfico: Como caídos del cielo (Just The Ticket), de Richard Benk, admite una caligrafía visual que tiende más que nada a capturar gestos y gestiones de los personajes, estados de ánimo, comportamientos que hace a una forma de vida en los márgenes, pero con una dignidad que tendrá que ver con la habililidad y la viveza, nunca con la ilegitimidad.
O sea que Richard Benk, esencialmente procuró el retrato fidedigno de esos vendedores de tickets de ópera, del superbowl, de la NBA o un inminente arribo de Juan Pablo II, es una forma de vida en la que se gana y se pierde y estos entrañables revendedores de entradas lo saben.
Su peripecia es el hoy, el aquí y ahora, pero mantienen ese fuego interior de ciertas malas «cosechas», porque ya llegará el momento de zafar de la grisura, de los cuartos agrietados y sórdidos, de los amores entrecortados y por los crispados que en este caso mantienen los personajes que componen con destreza Andy García y Andie McDowell.
Para el personaje de García –su mejor performance de los últimos años– todo opera en función de los tickets y de pegar una gran venta para salirse de esa autopista de sobreviviente y poder tener una vida normal junto a su enamorada, quien ya no cree en sus manifestaciones de un futuro mejor y se consiguió otro novio y que, para colmo, se le está por ir a París ya que por ser una excelente cocinera le han otorgado una beca para especializarse en cuestiones culinarias.
García o la criatura que elabora con la picardía y la luminosidad del que ha crecido en las calles, ha tenido por siempre el respaldo o la guía moral, o más concretamente código de acción de un veterano en estas lides de reventas de tickets (un Richard Bradford fuera de serie) que le ha permitido sortear diferentes escollos.
El staff que maneja García –todos sobrevivientes con un aire de losers— dice que el individuo está acabado, pero será hacia el epílogo del caluroso y hasta humanista relato su tabla de salvación, aun cuando el hombre ha muerto al pie de la escalinata de la Biblioteca Pública neoyorkina.
Lo cierto es que Como caídos del cielo es una suerte de balada rota en la línea de las mejores de Neil Young o hasta podría ser una crónica de motel de Sam Shepard amplificada a tamaño big apple.
Como que los personajes son tan carnales, tan fuertes y vulnerables al mismo tiempo que en la historia fluye la vida misma con sus reflectores, sus grandes roces, sus reciprocidades afectivas y esas noblezas pequeñas que hacen a estos personajes inevitablemente queribles y al cine totalmente humanizado y sin apelar a fórmulas o a golpes bajos. Merece verse o verse.
Compartí tu opinión con toda la comunidad