De una mirada a otra, historia de la visión europea hacia América, Africa y Oceanía
La imagen del otro se construye en función de la imagen que se quiere dar de sí mismo. Por ello, la exposición no pretende «hablar de las diferentes culturas en sí, sino evocar las diversas maneras de verlas dentro de una sucesión de configuraciones culturales occidentales», explicó Yves Le Fur, comisario de la exposición, que abrirá hoy sus puertas al público.
Titulada «De una mirada a otra, historia de las miradas europeas hacia Africa, América y Oceanía», la muestra invita a un recorrido de las representaciones de las otras culturas en Europa que, del siglo XV hasta nuestros días, enseñan más sobre los hombres que las formularon que sobre los que eran objeto de dicha representación.
La exposición, que se organiza en cinco períodos cronológicos, subdivididos por temas, reúne mil cuatrocientas piezas, entre cuadros, dibujos, estatuas, fotografías y objetos varios.
En el siglo XV, las fronteras del mundo se ampliaron. La exposición se inicia con un globo terráqueo elaborado hacia 1507 y atribuido a Martin Waldseemüller, el primero que llamó América a las tierras recién descubiertas y las representó como un continente separado de Asia por un océano.
Junto a él, una joya de orfebrería única, un reloj autómata en forma de navío llamado «Nave de Carlos V».
El visitante entra con ellos en la sala denominada «Teatro del Mundo», dedicada al período 1450-1700. Las representaciones se suceden, desde los «salvajes» cubiertos de pelo y las escenas de canibalismo hasta los enormes retratos de negros e indios de Brasil pintados por Albert Eckhout, en los que los grados de civilización son representados en función del mestizaje progresivo con los europeos.
Numerosos objetos muestran la utilización como adornos de prestigio por los europeos de las materias exóticas o preciosas llevadas hacia Europa «desde los nuevos mundos».
Y también su transformación: una máscara precolombina de turquesa convertida en pieza de orfebrería europea, o dos «Cristos» de Murillo pintados al óleo sobre obsidiana (hacia 1670). El pintor español «recubrió literalmente de escenas de su propia religión un objeto ceremonial de otra creencia», señaló el curador.
En el siglo XVIII, los europeos siguen explorando el mundo, cartografiándolo, clasificándolo. El estudio de las ciencias naturales incluye a los aborígenes y sus producciones. Al mismo tiempo, el descubrimiento de los pueblos de Oceanía alimenta el mito idílico del «buen salvaje». En el XIX, la imagen del otro evolucionó, la abolición de la esclavitud se aproximaba y una visión romántica de la naturaleza produjo obras que influyeron en la formación del imaginario del Nuevo Mundo. A lo largo del siglo, la teoría evolucionista marcó el mundo científico, y la antropología apareció como ciencia, en un contexto colonial.
Finalmente, el siglo XX es el del reconocimiento estético. Los hasta entonces objetos exóticos pasaron a ser considerados verdaderas obras de arte, coleccionadas por grandes artistas, como Pablo Picasso y George Braque, e inspiradoras del arte moderno.
Inaugurado en junio pasado, el Museo del Quai Branly de París está dedicado a las artes y civilizaciones de Africa, Asia, Oceanía y América, y se propone ser un lugar de diálogo de culturas. *
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