A treinta años de Tiro al Blanco
Al contrario de lo que supone cierta soberbia de intelectuales exiliados, la cultura en el país de los años de plomo existió. Existió y apuntó a la renovación, contra vientos oscurantistas y mareas opresoras. Existió en centros culturales extranjeros y locales, espacios que se manejaban con relativa libertad de opinión y de acción, aunque siempre vigilados por los informantes de turno. El más importante y significativo fue el de la Alianza Francesa de la calle Soriano, con Michel Brossard, director general, y Jean Pradier, director de actividades culturales, una pareja de inusual nivel que no se repetirá. Ambos hicieron posible ese punto de encuentro de voluntad colectiva, necesario para mantener la herencia cultural transitoriamente conculcada. Así se constituyó, con espontánea disposición ciudadana, la concentración de una dinámica de actividades que marcaron tiempos difíciles: el teatro de Luis Cerminara- Alberto Restucia, recitales de Mateo, conferencias sobre diversos temas, cursos de literatura y de arte (estos últimos, con asistencia desmesurada que ocupó las 219 butacas del teatro y obligando a nuevas sesiones y otros cursos) y la inauguración de la nueva galería de exposiciones temporarias, con amplio horario todos los días.
En la galería de la Alianza Francesa se sucedieron muestras de grabado francés y sueco, de artistas nacionales (Hilda López, Enrique Weisz, tapices de Ana M. Mondaro y José M. Cardoso, esculturas de María Minetti, los dibujantes emergentes, Ernesto Cristiani- Ruisdael Suárez, Jorge Satut). En Lo Mejor del Año se destacaron las revelaciones de la temporada (Gustavo Alamón, Juan de Andrés, ahora de fuerte presencia en Barcelona, Miguel A. Guerra, Abel Rezzano, Mariví Ugolino, José Mujica), elegidos entre once galerías particulares (la mayoría desaparecidas: Gugelmeier, Galopar, Acalí, Estudio A, Moretti, Knoll, Unika, Losada, Galería U, Club de Arte, Contemporánea) e institutos que entonces funcionaban regularmente con sala propia y criterio exigente (Alianza, Italiano, Piso 0, Asociación Cristiana de Jóvenes). Nada que ver con la actualidad.
La inauguración de la Galería de la Alianza Francesa fue un desafío. En plena embestida del despotismo militar se presentó Tiro al Blanco el 28 de setiembre de 1976. Se trató de la primera instalación colectiva, integrada por vidrios de Agueda Dicancro, tapices de Ana M. de Abbondanza, pinturas-relieve de Miguel A. Battegazzore, cerámicas de Enrique Silveira-Jorge Abbondanza, con montaje de Osvaldo Reyno, ambientación sonora de Carlos Pellegrino y curadoría de quien escribe estas líneas. El nuevo espacio se pintó totalmente de blanco, las obras del mismo color, de un impacto visual inusual, en un deliberado homenaje a Kasimir Malevich, al cumplirse el centenario de su nacimiento. Cada artista participante se alejó de la rutina establecida y a partir de esa fecha profundizaron esas propuestas y se convirtieron en referentes indispensables del arte nacional. El blanco, suma de todos los colores, como afirmación de la claridad y la iluminación, derrota de la oscuridad amenazante, una sensibilidad condensada y reflexiva, un sacudón a la percepción, a la participación colectiva en una manifestación multidisciplinaria entre la artesanía y la tecnología, completamente alejada de los mediocres salones oficiales donde, en la lista de seleccionados, según consta en los catálogos de la época, figuran, tristemente, notorios artistas, irresponsables apolíticos, gentiles colaboradores de la dictadura. *
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