Tiene la palabra
Testimonio: Cuba y la misión milagro
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Hace ya muchos años, trabajando de obrero en la Administración Nacional de Puertos de mi país, el compañero con el que hacía mano, me preguntó de pronto: «Decime, ¿el milagro existe?».
Como la tarea era fuerte y pesada, en esas circunstancias, la tal pregunta me pareció absurda y no le contesté. Entonces poniendo su mano en mi hombro, repitió las mismas palabras.
Comprendí entonces que la cuestión iba en serio. Y tal vez por no decirle, a que viene eso, le contesté. Mirá, yo no sé si el milagro existe, pero hay cosas que se le parecen demasiado.
Luego en el descanso hablaríamos sobre el tema.
Viene este recuerdo a mi memoria con el asunto de la Misión Milagro de Cuba. Debo agregar que en el transcurso de mi ya larga vida, esa interrogante y su espontánea respuesta, siguen quedando en pie, más acá o más allá de su sentido místico.
¿Puede acaso existir un milagro racional, político, social, económico, ideológico? En todo caso, la Misión Milagro de Cuba se parece mucho a ello y está más allá de las propias palabras.
Hacía ya tiempo que venía decreciendo mi capacidad visual. En estos últimos años, la enfermedad se agudizó a tal punto que con el ojo derecho no veía prácticamente nada. Y la expectativa de una intervención quirúrgica se iba diluyendo cada vez más.
El viaje a Cuba fue un placer. Detalle mayor aparte, fue la atención que recibimos de toda la tripulación. Respeto, cordialidad, cultura cubana y la secreta esperanza: volver a ver.
Ya al día siguiente de llegar a Cuba pasamos por los correspondientes exámenes en una clínica especializada. Pero nuestra residencia fue en una casa muy cómoda; en la zona Villa Armonía, sector Tarará. Un cuerpo profesional de médico y enfermería, nos prestó su vigilante atención durante toda la estadía, con Alexis al frente, encargado de nuestro grupo.
Para la cirugía propiamente dicha debemos viajar a la Habana Vieja, Hospital Hermanos Almejeiras. Durante este viaje con el ojo izquierdo visualicé las palmeras encantadas, la vegetación, los grupos de cubanos que esperaban autobuses (allí todo eso es gratis), fue nuestra constante sorpresa.
No tengo en este momento a mano las cantidades de pacientes que son operados día por día. Pero sí son muchos, muchos.
Se realizó toda la agenda prevista, con orden y éxito. Ya de regreso a nuestra residencia en Tarará, fuimos seriamente advertidos en detalles tales como mantener la cabeza siempre erguida, no hacer esfuerzos, etc.
Naturalmente que la inquietud rondaba nuestra alma. Un gran parche cubría totalmente el ojo operado. Nos acostamos temprano, de costado, según nos indicaron.
Me desperté varias veces en la noche; al amanecer se me había desprendido un poquito el parche. No pudo contenerme. Me di vuelta hacia el gran ventanal de nuestra habitación y aflojé un poco más el mismo. Miré entonces, así con el ojo operado, tapándome con la mano el otro. Y… la emoción a esas primeras horas de la madrugada fue inmensa, inolvidable. No se han inventado las palabras con las cuales poder expresar nuestros sentimientos, nuestro éxtasis.
Sí, sabíamos que no estábamos soñando. ¡Se había cumplido la Misión Milagro de Cuba! Las hojas de los árboles que también despertaban a esa hora, parecían movidas por la brisa. saludarnos y compartir el cielo con nosotros.
Dos días después nos quitaron el parche. De regreso nuevamente a nuestra casa en Cuba, noté que se me había descosido parte de una pierna del pantalón. Le pregunté entonces a Rosana, una compañera del grupo, ¿no tienes una aguja que me prestes?– Yo no, me contestó, pero pídele a Mabel, ella tiene.
Así lo hice, y mientras ascendía la escalera me dije a mí mismo, ¿pero que estoy pensando yo, enhebrar esta aguja? De todas maneras me acerqué al ventanal y ¡oh sorpresa!, de primera intención realicé el milagro. No podía creerlo.
Debe comprenderse todo lo demás. Volver a nuestro país y reconocer claramente las calles, los números de los ómnibus, los rostros de la gente, los colores, es de algún modo volver a vivir.
Otras reflexiones
Pero hay otras cosas sorprendentes en la cultura y la vida cubana. Allí no hay mendigos. Cualquier persona que usted vea escribir la nota más elemental no deja de llamar la atención la ortografía y caligrafía perfectas. Los trabajadores sociales, que llevan estampadas en sus blusas esa condición, son también estudiantes y la enorme cantera profesional inclusive y como no de la medicina, una de las más avanzadas del mundo.
Los niños se forjan en este sentimiento y en esta cultura. Uno de esos días que estábamos esperando la guagua (ómnibus) para ser trasladados a una clínica, me llamó la atención una pequeña niña de tres o cuatro años, que se esforzaba con unos trocitos de hormigón en rellenar un hueco. Pero yo había interpretado que trataba de hacer «una casita». Así se lo dije y para mi sorpresa la respuesta fue: ¡No, estoy rellenando aquí para que nadie vaya a tropezar y caer! La felicité conmovido. Y un minuto después apareció con una pequeñísima flor silvestre la que me entregó diciendo: «Esto es para ti».
Así son ellos. Así se educan, así crecen y así obran. Hacer lo mejor de la mejor manera y por miles y miles de beneficiados. Queremos cerrar estos comentarios transcribiendo del diario Granma las palabras de la escritora cubana Belén Gopegui: «Entretanto, el programa Misión Milagro, auspiciado por Cuba y Venezuela, ha logrado curar ya de manera gratuita en apenas año y medio a más de 200.000 personas afectadas de ceguera y otros tipos de deficiencia visual, entre ellos, numerosos niños nacidos con catarata congénita, y el proyecto es llegar a los 600.000 por año para alcanzar los seis millones en 2016. ¿Por qué no compite el capitalismo en este terreno? ¿Por qué son tan mezquinas las ayudas del capitalismo? ¿Cómo puede ocurrir, según ha señalado Pascual Serrano, que se publicite a todo color en los grandes diarios españoles el caso de una niña de Ghana, una, que iba a ser llevada a España para ser operada de catarata gracias a la ayuda de una fundación integrada por novecientas ópticas y se haga caso omiso de las doscientas diez mil personas operadas por el socialismo?».
Y esta pregunta queda también pendiente de respuesta.
ALBERICO RETAMOZA RUIZ – C.I. 1.598.937-4
La empresa Unete de Uruguay SA sigue estafándonos a través de Antel
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Hola, me llamo María Elvira y soy de Solymar, Canelones. El día 9 de setiembre de 2006, nos vino el recibo de Antel y la sorpresa que nos llevamos fue que vino por un monto de 2.459 pesos, con vencimiento para el día 13/09/06. El motivo de este monto, fue que nos apareció en la factura un servicio prestado de Unete de Uruguay SA que es Internet Premium y el número utilizado fue el 09092299 que nosotros nunca utilizamos. La sorpresa fue que se habló a ese número durante 31 minutos y el costo fue de 756,09 pesos, lo que hizo que figurara este aumento en nuestro recibo.
Mi preocupación fue tal que nos preguntamos unos a los otros si alguien había utilizado este servicio y respondimos que no, ya que fue un sábado y nadie utilizó Internet se día y a esa hora (10.55 AM).
Como me quedé con esa intriga, hace unos minutos atrás me conecté por medio de Adinet para saber qu
Compartí tu opinión con toda la comunidad