Tiene la palabra

Actitud ejemplar de una mutualista salteña

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* El 2 de agosto pasado, concurrí a Emergencia de la Sociedad Médico Quirúrgica de Salto, solicitando asistencia aquejado de un esguince en el cuello del pie. Como vivo en Montevideo, soy socio de la Asociación Española Primera de Socorros Mutuos con el número 363.727, por lo que presenté el carné y recibo de pago al día.

Después de una espera prudencial recibí –casi textual– esta respuesta: «Que se comunicaron con la A.E.P.S.M. y que el Dr. Balerio no autorizó que me asistieran, pero que, la Dirección de la Sociedad Médico Quirúrgica de Salto había dispuesto se me brindara asistencia gratuita».

Mi objetivo principal es resaltar y agradecer la actitud de la Sociedad Médico Quirúrgica de Salto, tanto a su Dirección como a los médicos, enfermeras y funcionarias de apoyo que tan bien me atendieron.

Una manera de compensación de asistencia médica entre cualquier entidad mutual capitalina con FEMI y viceversa, en todo el país es menester crear, puesto que su costo no parece oneroso teniendo en cuenta que es sencillamente una transferencia de servicio médico y uso de consultorio.

Creo que es oportuno plantear ante las Autoridades del Gobierno Nacional abocadas a la creación del Sistema Nacional de Salud, que puede ser viable que, agregando un pequeño aditivo a la cuota (no tan elevado como $167,40) que aporto mensualmente en la A.E.P.S.M. por cuota especial y para construcciones, sirva para financiar un sistema de transferibilidad que cubra estas emergencias como la que detallé, y que la asistencia médica mutual en estos casos sea prestada obedeciendo a una formalidad segura sin límites departamentales, y no como en este caso puntual, que quedó librado al talante de quienes tenían el poder decisorio.

A. AECIO GRAÑA VITABAR – C.I. 1.995.968-6

 

Involuciones y metamorfosis

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* A más de un año de las elecciones este país vive un extraño estado de cosas, transformaciones sufridas entre los que detentan el poder: los que aun no pueden creer que perdieron la representatividad, los que reniegan por no poder acceder a algunos de sus viejos privilegios y los que ganaron y descubren que para seguir existiendo hay que cambiar parte de lo que han sido.

Tómese por ejemplo las declaraciones sobre la firma del famoso TLC y la continuidad en el Mercosur. Tanto los portavoces de los partidos tradicionales como las directivas de los sectores más tradicionales de los grupos integrantes de la coalición de gobierno, ambos han sido enfáticos, una total adhesión o un total rechazo a uno y a otro. Parece ser que para ellos el éxito del país estuviese adherido a una estricta lógica de partido o posición ideológica que invita al desastre más que al análisis pormenorizado de lo que en realidad nos conviene más a todos. Si queremos desarrollo más vale que comencemos a aprender a negociar. Y el que lo dude que me explique porque los países que más desean el libre comercio son los que mejor saben como proteger sus productos mediante inteligentes exoneraciones.

Seria muy bueno que la sola aceptación del TLC con Estados Unidos trajera un bienestar automático para todos, pero la experiencia nos indica que un tratado de este tipo en vez de constituirse en una formidable herramienta de desarrollo se convierta en un excelente negocio para un puñado de personajes allegados al poder. A pesar de todas las limitaciones que tenemos no estoy de acuerdo en proyectar a nuestro país como un cordero que va camino al degüelle ni como un enano enojado que toma decisiones más por resentimiento que por inteligencia.

Parecería que para estos señores el pensar diferente fuese síntoma de debilidad cuando en realidad la misma se muestra más en las discusiones mediocres y en su forma cotidiana de hacer política. No nos confundamos, esta forma de percibir la realidad no es el ciego y exclusivo pasaporte de los partidos tradicionales, el FA como oposición también tuvo responsabilidades en el «engrase» de esta vieja dinámica. El tratar de «ensuciar la cancha», el tratar de desviar la atención de los grandes temas, el darle importancia a los temas que puedan hacer daño a tal o cual grupo en vez de contribuir a tomar mejores decisiones, el aparecer luego en entrevistas diciendo que ellos están contribuyendo y dándole importancia a lo que se le debe dar importancia, el tratar de usar influencias para entorpecer, no de facilitar, un funcionamiento que nos beneficie a todos.

En gran medida estamos donde estamos por la debilidad intelectual en la forma de pensar la realidad de nuestros políticos y dirigentes. Nuestra forma de discutir por opuestos cuando estos opuestos muchas veces ni existen, no agrega ni contribuye al desarrollo del país. En vez de discutir con la oposición discutimos con lo que nosotros pensamos que la oposición es. En vez de integrar nuevas formas de ver la realidad creemos que el ser oposición nos garantiza el ser infalibles.

Debemos aprender a participar en formas de comunicación constructiva, aprender que el desarrollo en el siglo XXI ni es fácil ni se construye con caudillos ni sin participación. Hace veinte años el Mercosur en vez de ser una forma de integración y entendimiento para enfrentar las dinámicas comerciales internacionales fue el instrumento con el cual accederíamos a la abundancia perpetua. Hoy todos pateamos porque todavía la estamos esperando. La forma como vemos y actuamos en el mundo también nos trasforma, a pesar de nosotros mismos.

A través de sus declaraciones, los otrora héroes de la política nacional como Sanguinetti, Larrañaga, Lacalle y hasta Lacalle Pou (que aún sigue llorando porque no le dejan atracar su yatecito frente a Anchorena) muestran además de su dedicación sistemática a la construcción del miedo, una extraña transformación en personajes casi infantiles, perdidos en sus propios y quejosos discursos, construyendo la importancia de los mismos a partir de su posición de influencia. Niños enfurruñados porque frente a tal decisión el partido de gobierno hace tres años había dicho tal o cual cosa, enojados porque no se les invita a tal evento por carta, enojados porque denotan falta de «rapidez» y «coherencia», enojados (en el fondo) porque se perciben a sí mismos sin la importancia que sienten deberían tener. Desgraciadamente estos señores y sus inmediatos seguidores terminan pareciéndose a la triste y mezquina caricatura del «Rey de la Pantomima» más que a lo que realmente necesitamos que sean: estadistas inteligentes.

ANIBAL VECINDAIS – [email protected]

 

Me han cambiado a mi gente

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Acabo de leer en el diario del día de ayer el recaudo de firmas para que el uso de casco en las motos sea optativo. La verdad que esto es sin palabras, como se dice, porque yo no puedo creer todavía que mi país  ese país del cual yo me jacto de su inteligencia, de su cultura etcétera, etcétera  sea capaz de dudar de la necesidad del uso del casco. Sinceramente me han cambiado a mi gente. Un abrazo y le reitero mis felicitaciones por su diario adelante. Desde Canadá.

LP – I.P. 72.56.30.181 (CANADA)  – [email protected]

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