Ernesto Herrera, un león
En letras destacadas sobre una imagen que debe ser el estallido de la bomba atómica, se lee «En memoria a todas y todos los Goyas de este Universo» (Goya es la mujer cuyo marido muere en la guerra). Pero algo más adelante recomienda «…rebeldía, lucha contra… la inacción». Es curioso observar que la civilización occidental nunca ha condenado la guerra como algo malo en sí mismo; sólo la tradición filosófica china es monolíticamente contraria. Al grupo Karoon le gusta pensar que Ernesto Herrera y en particular «El león ciego» contienen una condenación de la guerra, una declaración a favor de la «no violencia» al estilo de lo que se supone predicaba Gandhi: nosotros no lo creemos así, y Gandhi escribió que prefería la lucha armada y la venganza a la pasividad y la resignación.
Una sola escena, magistral, define el sentido la obra. Por necesidad, agotados los comestibles, se resuelve carnear a la oveja doméstica que es la mascota de un niño. La madre se opone, con sinceridad y elocuencia, argumentando con el impacto emocional que el sacrificio de la oveja causará en la criatura; pero el niño, cuando se entera, sólo piensa en cómo disfrutará y hasta participará de su muerte. El sabe cómo se hace. Ha vivido con la muerte, que forma parte de su vida social.
Es posible que Herrera apunte a la influencia del medio: si el niño muestra las uñas es porque ha vivido en la intimidad del león ciego. Pero no creemos que el viejo caudillo, con su familia, su campo y además ciego, sienta placer por la guerra que viene, como no quiere más guerra Tito Andrónico, como no quiere más revolución el protagonista del cuento de Javier de Viana «Ultima campaña», que resiste hasta el fin unirse a los sublevados. Aún nuestra actitud ante la muerte y el homicidio es ambigua; Herrera supo decirlo.
Herrera, como Sánchez, tuvo el coraje de plantear un tema universal, literalmente polémico, con hechos identificables de nuestra realidad política: hablar de los caudillos y de sus muertes en 1910 no era lo mismo que decir hoy «Â¡No más leones!» y mencionar al león ciego y a las Goyas del mundo. En relación a nuestra historia contemporánea, si nos comparamos con Herrera, nos hemos llamado a silencio: todavía se discute si los programas de la enseñanza de la historia deben llegar hasta nuestros días.
Es posible que la revisión de «El león ciego» debió ir más allá de la reposición y llegar a un enjuiciamiento radical de la época, y aún a la concepción libertaria de Herrera, que era anarquista. El grupo Karoon ha percibido el problema, lo que no es poco mérito, y ha presentado una obra que resiste airosamente el paso del tiempo; pero esta perennidad de «El león ciego» viene de que se irguió con valor ante su tiempo y alzó la cabeza para hablar.
En la interpretación, que nos hizo sentir con el alma la obra, anotaremos que la necesaria comunicación con el público no necesita afectar un acento campesino. No es necesario hablar en inglés para comunicar a Shakespeare. *
EL LEON CIEGO, por el grupo Karoon, con Edy Bastoni, Ricardo Olivera, Eduardo Santo, Daniel Salomone, Laura Rijo, Mauricio Díaz y María Morales. Luces y sonido de Jesús Texeira, dirección de Bencam Dávila. En Las casernas del muelle viejo, Rambla 25 de agosto e Ituzaingó.
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