Les Luthiers van sonando, pese a todo
Los ríos de tinta que se han escrito y los elogiosos conceptos que se han dicho de sus integrantes, bastarían para ubicarlos como uno de los fenómenos culturales más sorprendentes y exitosos de América Latina. Y a pesar de su longevidad, se siguen repitiendo las alabanzas multiplicadas desde hace diez años por el increíble volumen de páginas electrónicas en Internet- y el asombro que causan en las nuevas generaciones que acceden a ellos a través de las salas de teatro, las reediciones de sus discos y la producción de videos y DVD.
Hay quienes se encargan de llevar la cuenta de la treintena de espectáculos que han puesto en escena, de los varios miles de funciones en distintos países, las casi doscientas obras de su repertorio, las decenas de instrumentos informales inventados, los millones de espectadores que han visto a Les Luthiers. Esas estadísticas hacen notar que la televisión es la gran dejada de lado por estos humoristas argentinos, quienes sin embargo incluyen a menudo en sus obras las pullas y chanzas contra la banalidad y chatura de la caja boba. Han demostrado que para ellos la popular sentencia «si no está en la tele, no existe», es absolutamente falsa.
Todo comenzó en Buenos Aires en 1967, cuando algunos integrantes de I Musicisti se separaron del grupo y –con Gerardo Masana al frente– fundaron Les Luthiers. Masana falleció en noviembre de 1973, cuando ya el conjunto tenía discos grabados («Sonamos pese a todo», «Cantata Laxatón», Les Luthiers volumen 3«) y había hecho giras internacionales. La historia de esos primeros años puede leerse en el libro Gerardo Masana y la fundación de Les Luthiers (editorial Norma, Argentina, 2005), escrito por su hijo Sebastián Masana. La recomendable edición incluye un CD con varias canciones inéditas.
Otro excelente volumen es el del colombiano Daniel Samper Pizano: Les Luthiers de la L a la S (Ediciones de la Flor, Argentina, 1991), que el autor ha terminado de poner al día a principios de este año y que próximamente será objeto de una nueva edición en España. «Este libro expone al gran público, en descarnada cirugía, las abyectas miserias y los enceguecedores resplandores del conjunto de bufos argentinos», escribió Roberto Fontanarrosa, quien figura como «colaborador creativo» de Les Luthiers desde 1977.
Los videos editados en formatos VHS y DVD han permitido que mucha gente vea los espectáculos que por una u otra razón no pudo gozar en vivo en los teatros. Mastropiero que nunca, Muchas gracias de nada, Grandes hitos, Bromato de armonio, Unen canto con humor, Humor dulce hogar, Viegésimo aniversario, Todo por que rías, Viejos fracasos y el Grosso Concerto, mantienen viva la frescura de la genial inventiva y el inimitable humor musical de estos artistas.
Su último opus es Los Premios Mastropiero, que estuvieron brindando a sala llena en el Gran Rex de Buenos Aires hasta el pasado 20 de agosto y que en enero de este año trajeron el Conrad de Punta del Este. Después de una breve gira por el interior del país, irán en octubre a México y en noviembre a España para presentar la antología titulada Las obras de ayer.
Con esto se confirma que Les Luthiers siguen sonando, pese a todo y pese a los agoreros que pronostican su desaparición o buscan fallas musicales, defectos teatrales o humorismos repetitivos. Es probable que Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock, Jorge Maronna y Carlos López Puccio, a esta altura de sus carreras, no van a descubrir innovadores caminos para divertir a la gente. Ellos crearon un estilo único y dentro de él se desenvuelven con la comodidad, la espontaneidad y la alegría de brindar espectáculos de altísimo nivel, inteligentes y bien equilibrados, que en 39 años han dejado ampliamente satisfechos a varios millones de espectadores. *
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