Inventario uno
En «Inventario uno», el paradigmático escritor uruguayo Mario Benedetti reúne una antología de su mejor producción poética del período comprendido entre 1950 y 1985.
Este extenso volumen de más de quinientas páginas, corrobora que Benedetti ha sido y aún es hoy uno de los autores más influyentes y significativos de la literatura nacional contemporánea.
En esta selección, que es ciertamente muy representativa de la profusa producción del autor de «La tregua», está presente una multitud de emociones y sensaciones, que retratan explícitamente el compromiso político y social del emblemático escritor.
Las poesías, que pertenecen a diferentes momentos de la vida del creador, atesoran- simultáneamente- la pasión militante, la rebeldía ante la injusticia, el dolor ante la pérdida, la experiencia lacerante del exilio político y la intensa apoteosis de la siempre vigente utopía.
El primer capítulo de este libro intitulado «Geografías», reúne la producción comprendida entre 1982 y 1984, que coincide precisamente con los últimos tramos de destierro del escritor y el comienzo del ansiado desexilio.
La voz del autor trasunta la angustia de la lejanía, en un ejercicio reflexivo que mixtura la nostalgia alimentada por la distancia y la rebeldía contra la prepotencia.
En ese contexto, Mario Benedetti fustiga ácidamente a la dictadura que conculcó los sueños de los uruguayos y tributa un emotivo homenaje a los desaparecidos, que son una parte intrínseca de nuestra historia e identidad.
En el extenso itinerario de «Vientos del exilio» (1980-1981), comparecen los ominosos fantasmas del desarraigo, de las comarcas lejanas y cercanas a la vez, de las fracturas espaciales y temporales y también la muerte, tema recurrente en la producción literaria del poeta y narrador compatriota.
En esta selección, Benedetti evoca al presidente socialista chileno Salvador Allende, derrocado por uniformados asesinos de dignidades y esperanzas de cambio.
También entona una ferviente apología de la revolución nicaragüense, que, por entonces, acababa de expulsar del poder al dictador Anastasio Somoza y restituir al pueblo toda su soberanía.
En un indispensable ejercicio de reconstrucción de la memoria, Mario Benedetti evoca también a Carlos Gardel y a otros perdurables mitos.
Las postales del Montevideo que habitó en su infancia y su juventud, afloran no como meros recuerdos, sino como imágenes fuertemente impregnadas en el presente.
Sin embargo, en medio de esa angustia incontrastable, la esperanza del verso se abre paso raudamente, luego que más de 600.000 voluntades derrotaron el proyecto de reforma constitucional fascista sometido a plebiscito por el gobierno autoritario en 1980.
Por su parte, «Cotidianos» reúne los poemas editados entre 1978 y 1979. En estos versos insoslayables, Mario Benedetti despliega su intenso lirismo de compromiso, para denunciar enérgicamente a los prepotentes que lo prohibieron todo, desde la actividad política y sindical, hasta la minifalda y los anticonceptivos.
Irónicamente, el escritor se mofa de la censura y los censores que conculcaron el derecho a leer sus versos, de la deportación y de la epidemia autoritaria que le declaró la guerra a la literatura y a los autores opositores al régimen.
El poeta denuncia las miserias del mundo, las atroces aventuras humanas de exterminio y a la bomba de neutrones, patética mensajera de muerte, terribles infortunios, barbarie y desolación.
Benedetti captura en su escritura lo efímero del tiempo, que imprime imágenes como una suerte de tatuaje en la memoria.
«La casa y el ladrillo» recopila textos publicados entre 1976 y 1977. En este segmento de la extensa recopilación poética, Benedetti reproduce sus primeras impresiones del exilio político, una azarosa experiencia itinerante sin pausa, de patria en patria, de cielo en cielo y de aeropuerto en aeropuerto.
En sus versos, condensa el dolor del destierro, de la extranjería compulsiva, de la distancia geográfica pero también afectiva y de la perpetua incertidumbre.
La poesía del autor asume un acento aún más crítico, cuando fustiga al dictador Juan María Bordaberry. En ese contexto, ensaya un creativo contrapunto entre las frases célebres del caudillo Artigas y los atropellos perpetrados por el mandatario, a quien denuncia sin eufemismos por haber traicionado su juramento.
Agobiado por el dolor, el poeta evoca al entrañable Zelmar Michelini, asesinado en 1976 por una operación del Plan Cóndor, una víctima de la barbarie autoritaria que envileció a la región.
En pleno exilio, la nostalgia se alarga en los retrospectivos territorios de su propio pasado y de la infancia anclada en el continente del recuerdo.
Ese mapa de vivencias gotea hacia el presente, como una torrencial catarata que trae consigo lo perdido y lo inexorable, en una progresión de dimensión dramática.
En el capítulo intitulado «Poemas de otros» (1973-1974), el escritor presenta una serie de poemas profundamente introspectivos, que condensan las emociones y sensaciones del artista enfrentado a la emergencia de transformar su literatura en voz propia.
El poeta observa atentamente a un mundo inmerso en el traumático caos del desencuentro, la intolerancia, el autoritarismo y en el flamante exilio, poco después del golpe de Estado que instaló la dictadura liberticida.
Sin embargo, la palabra muta en verso romántico, amoroso y henchido de pasión, como si se tratara de anticuerpos contra la ausencia, las soledades desoladas, la imaginaria percepción de lo no percibido y los recuerdos coagulados en la memoria afectiva.
Esas ausencias perforadas por la nostalgia, son como cuencos vacíos de presencias físicas pero colmados de abundantes reminiscencias.
«Letras de emergencia», un sugestivo conjunto poético creado entre 1969 y 1973, reúne diversos textos musicalizados e interpretados por célebres exponentes del canto popular.
Estas páginas, que fueron inmortalizadas en el pentagrama, transitan el período quizás más combativo e incisivo de la producción poética de Benedetti.
Este tramo de la creación del escritor coincide naturalmente con la escalada represiva del gobierno de Jorge Pacheco Areco y los primeros tramos de la administración del autoritario Bordaberry.
Seguramente, el lector más memorioso recordará muchas de estas emblemáticas letras, que son presentadas en doble formato: poesía y canción.
«Quemen las naves» (1968-1969) es un variado registro poético, que revela la indudable versatilidad del comprometido creador.
En este tramo, sobresale el homenaje al caudillo José Artigas, que trasunta una visión crítica y una lectura radicalmente diferente de la historia.
En este contexto, el escritor fustiga a los traidores que vendieron el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad, resaltando, en cambio, el revolucionario ideario del héroe.
Por su parte, «A ras del suelo» (1967) presenta a un Mario Benedetti profundamente reflexivo, que pulsa nuevamente la cuerda de los afectos, al evocar su vida, su infancia y las tempranas utopías.
En sus versos también aflora la muerte, un tema siempre recurrente, tanto en la producción poética como narrativa de Mario Benedetti.
En este capitulo, varios emotivos poemas dan cuenta del martirologio del guerrillero Ernesto «Che» Guevara, asesinado por los mercenarios del imperialismo. La muerte de este combatiente postergó muchos sueños libertarios latinoamericanos.
En «Próximo prójimo» (1964-1965), el escritor vuelve a reflexionar en torno a las incertidumbres, el tiempo que se consume y las horas vacías de una soledad insondable.
También cuestiona ácidamente a la religión, a la venta de indulgencias y al sordo cielo que acoge a falsarios y tiranos y no perdona el pecado de la subversión emancipadora.
«Noción de patria» (1962-1963) propone compartir nuevas lucubraciones reflexivas en torno a la identidad perdida, la rebeldía ante la inercia colectiva y la indiferencia ante la pobreza que subleva.
En ese itinerario retrospectivo de largo aliento, la obra aterriza en conocidos textos de la producción benedettiana, como «Poemas del hoyporhoy» (1958-1961) y «Poemas de la oficina», de cuya publicación inaugural estamos celebrando el medio siglo.
«Inventario uno» es una antología poética imprescindible, que reúne los momentos cumbre de la carrera literaria de Mario Benedetti, un escritor comprometido con su tiempo histórico y poseedor de una ética inclaudicable. *
(Edición de Seix Barral)
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