A TREINTA Y CUATRO AÑOS DE UN FILME URUGUAYO SECUESTRADO Y DESTRUIDO POR LA DICTADURA

El lunes próximo serán presentados los restos recuperados de "Ay Uruguay"

El lunes a las 19.30 horas, en Sala 2 de Cinemateca Uruguaya, los sobrevivientes de esa película presentarán en conjunto lo que ha quedado, unos 18 minutos sin sonido. Y se proponen contar lo ocurrido. De hecho, además del secuestro y destrucción del filme por parte del Departamento 2 de Información e Inteligencia, uno de los autores, Miguel Castro Grinberg, fue deportado al Chile de Pinochet, país donde Castro había nacido aunque vivió todo el tiempo en Uruguay. En Santiago a la llegada al aeropuerto fue bajado del avión por el embajador de Italia y bajo protección diplomática exiliado en Roma. Otros participantes del proyecto prohibido padecieron otros problemas, y alguno ha quedado en el exilio sin regresar.

De ese grupo de gente de cine han fallecido Miguel Castro, Walther Dassori (fotógrafo de Bouzas y sonidista de Rodríguez Castro), José Bouzas, Omero Capozzoli, Alfredo de la Peña. Los sobrevivientes, pertenecientes a las tres instituciones culturales coproductoras, en conversación con prensa y público dirán lo que recuerdan en homenaje a los desaparecidos. Estarán Juan Carlos Rodríguez Castro (director del tercer episodio hasta que el rodaje en exteriores con ensayos y actores en la calle fuera cancelado por el clima político); los directores de producción delegados por las entidades coproductoras Cine Club, Cine Universitario y Cinemateca Uruguaya, José Pedro Scopelli, Manuel Martínez Carril; Omar de los Santos, de la producción; ayudantes de dirección como Oribe Irigoyen; y uno de los directores del proyecto, Luis Elbert, quien debía encargarse con Martínez Carril de los nexos a rodar entre cada parte del filme; y también Carlos Maggi, que escribió los guiones y diálogos. Con ese grupo estará, desde luego, Betty, viuda de Miguel Castro, que compartió exilio y proscripciones.

 

El clima de la época

En 1971 y 1972, con medidas prontas de seguridad, severas restricciones a las libertades públicas, medios de prensa censurados y clausurados, y presagios de un eventual golpe de Estado, en el Uruguay no se daban las mejores condiciones para la cultura. Un año antes las tres instituciones cinematográficas mayores de la época, Cine Club, Cine Universitario y Cinemateca Uruguaya habían acordado una complementación estratégica en momentos que el desaliento invadía a gestores y actores culturales. Era un proyecto mayor, que podría culminar con la fusión futura de las tres entidades a propuesta de Miguel Castro y de Cine Universitario. Lo primero acordado fue en 1971. Consistía en dar forma a un «Curso teórico-práctico de cinematografía», el primero de esa amplitud que se realizaba en el país, con docentes que provenían de las tres instituciones, y una planificación a cargo de Miguel Castro y Manuel Martínez Carril. E inmediatamente después, ese mismo año, el comienzo del rodaje de un largometraje en cuatro partes con cuatro equipos de realización coordinados en un colectivo, con coproducción de las tres entidades. El rodaje comenzó y dos de los episodios («Dinorah» de Miguel Castro, «Bochas» de José Bouzas) fueron completados, con montaje y sonido definitivos, y el tercero estaba en rodaje a comienzos de 1972. Por entonces, en un convulso clima social, Juan Carlos Rodríguez Castro debió suspender los rodajes en exteriores del tercer episodio. Quedaron terminadas dos historias, una de ellas, en la memoria de quienes las vieron, realmente lograda. Los materiales (negativos, mezcla de sonido, copia positiva, originales de sonido en magnético perforado) fueron guardados en un mueble en la sede de Cine Universitario, y hasta allí llegaron en un allanamiento planificado las fuerzas conjuntas en 1976. Poco antes había sido clausurado El Galpón, y antes aún fue el allanamiento y requisa de la Cinemateca del Tercer Mundo, en ambos casos con exilios y detenciones. Poco después Cine Universitario fue intervenido, Cine Club se extinguió y Cinemateca Uruguaya sobrevivió empleando una complicada estrategia de presiones y apoyos internacionales.

 

La historia y la memoria

La idea del largometraje tenía un centro dramático que recorría todos los episodios: la espera de un cambio, o un cambio en marcha. que atravesaba cada historia: la de una pituca que sufre un shock, los parroquianos de un club de bochas que bajan el cartel de propaganda electoral de un partido y lo reemplazan por otro del Frente, familia de clase media alta que de pronto descubre que el hijo está en el Movimiento de Liberación Nacional. El episodio de nexo, que no llegó a guionarse, presentaba la realidad cotidiana de una ciudad, Montevideo, en estado de sitio, contextualizando las tres historias. En cada episodio había un quiebre emocional de los personajes que indicaba un antes y un después, entre el pasado y el tiempo que podía o no ser. Y cada anécdota se cerraba con ese interrogante.

Como se supo rápidamente, sugerir estas cosas era subversivo y así lo entendió el oficial de Inteligencia actuante, Sentena de Alencastro (era un alias), que dirigió el operativo de secuestro de filme y deportación de persona. Esa parte de la historia merece una segunda lectura.

Porque probablemente lo que se buscaba eran los materiales de otro filme, un cortometraje, llamado «La rosca», en el que habían intervenido realizadores de Cine Universitario a título personal y anónimo, con guión de Andrés Castillo, un panfleto directo, cuyos negativos y copias estaban en Cinemateca Uruguaya desde tiempo antes.

El incidente derivó en el exilio de Nelson Carro, directamente de Cinemateca Uruguaya a Filmoteca UNAM.

Como dato curioso la historia del cine uruguayo publicada por Lherminier en «Les cinémas d´Amérique Latine de París», a cargo de un corresponsal nada confiable, dice que el filme destruido existió y hasta opina sobre lo que nunca vio.

A partir de ahora podrá realmente verse un puñado de imágenes, un esqueleto de la obra terminada, que se sumará a esos documentos de un filme desaparecido, del cual hasta ahora se sabía muy poco, casi nada. *

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