Las posmodernas invasiones bárbaras
Paes visitó brevemente Montevideo, en el marco de una gira para promover su libro Angus, el primer guerrero, la entrega inaugural de una saga literaria de siete tomos.
El héroe de la novela, que está ambientada en la Edad Media, es un joven de origen nórdico, que en medio de una terrible guerra protagoniza una crucial transformación espiritual.
En reportaje concedido a LA REPUBLICA, el narrador articuló una visión crítica del mundo contemporáneo, afirmando que estamos asistiendo a una nueva era de invasiones bárbaras.
–¿Cómo un obrero de la construcción deviene en escritor?
–Como todos los jóvenes que buscan su oportunidad, yo llegué a tener tres trabajos. Incluso, fui jefe de seguridad de un prostíbulo elegante de San Pablo.
Para mí, esa fue una experiencia de conocimiento del ser humano. Observé mucho heroísmo cotidiano y grandes dramas, ya que conocí a chicas con cáncer y otras que tenían que trabajar para mantener a sus numerosos hijos.
–Entonces, inicialmente, ¿la mayor fuente de inspiración fue la pobreza?
–Todo eso que pude apreciar es una buena materia prima literaria. Sin embargo, en ese mundo subterráneo descubrí mucha decencia y coraje. En esos ambientes, el ser humano no es tan ruin como cuenta una literatura a menudo bastante agresiva.
–¿Te impactaron esas imágenes de degradación social?
–Tengo pavor que el ejemplo sea una Barbie. Eso realmente me asusta, porque es el fin de la dignidad humana y del coraje.
Vivir en la noche y conocer a su gente me ayudó mucho para concebir personajes que me enseñaron mucho de la realidad.
Por más que uno lea mucho y a los mejores autores, para aprender no hay nada mejor que la realidad y lo vivenciado.
El sufrimiento como materia literaria es muy importante, porque, después del dolor, viene la esperanza y una serie de victorias humanas y valores que van aflorando.
–¿Qué semejanza hay entre esos personajes reales que conociste y Angus, que es el héroe de tu saga literaria?
–Hay semejanzas, porque Angus es un esclavo y una persona perseguida, en una época difícil de guerras, saqueos e invasiones.
Era una época en la que no existían las leyes y se conquistaban los territorios mediante la violencia y el pillaje.
Oscurantismo contemporáneo
–¿Se puede identificar similitudes entre esa Edad Media de feudos, castillos, fortalezas y puentes levadizos y la época actual?
–El oscurantismo que se atribuye a la Edad Media está vinculado, en buena medida, a lo poco documentada que está esa época de la historia. Por lo menos, se puede valorar la búsqueda del honor, de la aventura y una saludable convivencia con la naturaleza.
Los mayores absurdos se dan en estos tiempos contemporáneos, en que tenemos una NASA que envía objetos voladores al espacio y, al otro lado del océano, tenemos la pobreza de Africa.
No estamos en una edad avanzada, porque, paradójicamente, vivimos, al mismo tiempo, en la era espacial y en la edad de piedra. Para mí, eso es realmente oscurantismo.
–¿La peor expresión de esa barbarie moderna es la guerra?
–Así es. Están bombardeando niños con aviones y atacando a gente que sólo tiene piedras para defenderse.
La responsable de esta situación es una minoría blanca y fea, que no tiene mayor diferencia con el nazismo y otros autoritarismos.
Estamos viviendo invasiones y guerras que son muy crueles y pesadas. Es algo realmente absurdo.
–En pleno siglo XXI, ¿podemos entonces hablar de nuevas invasiones bárbaras, similares a las que se registraron en la Edad Media?
–Exactamente. Estas invasiones no tienen ningún componente cultural ni civilizatorio. Son solamente experiencias de expoliación.
Un ejemplo es Africa, que fue invadida por países europeos, los cuales se dedicaron a extraer sus más importantes riquezas.
–¿Quién es el responsable de esta tragedia?
–Estados Unidos de Norteamérica es el gran villano de la historia, que no perdona a nadie. Es una minoría blanca, que a su vez, internamente, ignora a sus minorías y está generando mucho odio.
–Entonces, ¿es una quimera el famoso sueño americano que se vende tanto hacia adentro como hacia afuera?
–Esa especie de paraíso jamás será realidad. Además, hay una población inmigrante de origen latino que está en crecimiento y es marginada. Esas personas son tratadas como si fueran inferiores y ciudadanos de segunda categoría.
No es justo ni aceptable que haya un bienestar para pocos privilegiados y la mayoría viva en la pobreza.
La corrupción como estigma
–¿Cuáles son las opciones de América Latina para revertir la desigualdad social? ¿Brasil está lejos o cerca del «hambre cero» que proclamó Lula en su campaña electoral?
–No es igual, creo que algo se avanzó. Sin embargo, el problema más importante que hay que combatir es la corrupción.
Brasil es un país que tiene excepcionales riquezas, pero también una no menos excepcional evasión de riquezas. El gran problema son algunos políticos, pero particularmente los corruptos, lo que requiere una verdadera operación de saneamiento.
El segundo problema es la división, porque sin un pensamiento unificado no se puede construir una nación realmente poderosa.
–Pese a todo, ¿Lula debería ser reelecto?
–Tengo la esperanza de que así sea. No me imagino otra cosa.
–¿La clave puede estar en la promoción de una educación en valores?
–Hay un problema de valores, porque se promueve la cultura del beneficio rápido. Ese es el mensaje que se transmite a los jóvenes.
Yo hago una gran apuesta precisamente a los jóvenes y a sembrar en ellos una simiente fuerte. Por eso, en mi literatura, yo apunto a las nuevas generaciones y a su búsqueda de un héroe con valores.
–¿El héroe de tu saga literaria es entonces más un paradigma moral que un personaje de estatura mítica?
— Es una persona que defiende a los suyos y a su territorio y lucha contra enemigos y situaciones terribles. Sin embargo, aprende a ganar, a perder con dignidad y hasta hace un examen de conciencia y se arrepiente.
—Tu héroe literario es muy religioso. ¿Esta situación es un mero recurso literario o hay una intención aleccionante?
–En lo personal, siento una gran certeza de la existencia de Dios y tengo una fuerte vida espiritual. Vivo en una ciudad cercada de edificios, en la que no puedo ver el cielo ni respirar el aire que deseo. Por eso, inventé un personaje errante que vive en contacto con la naturaleza y la aventura.
–¿Es una fe encorsetada por los dogmas?
–No, eso es pura burocracia, una especie de contabilidad. Yo soy católico, pero eso no me impide conversar con los espiritistas, porque considero que las religiones deben seguir a Dios y no Dios a las religiones. De lo contrario, serían una cultura tribal.
–¿Tú pregonas la libertad de cultos y la tolerancia?
–Rechazo a quienes proclaman que todos los musulmanes son terroristas, lo cual es una locura. Algunos quieren implantar verdades únicas y, como disponen de cincuenta canales de televisión de su propiedad, tienen el poder suficiente para imponer su discurso.
—En el transcurso de la entrevista, comparabas a la Edad Media con la época que estamos viviendo. ¿Tienes la expectativa de que haya un renacimiento de determinados valores morales y culturales como sucedió en el pasado?
–Vivimos un tiempo muy peligroso, porque todos están armados hasta los dientes. No
soy optimista. No creo que haya un renacimiento sin una gran guerra mundial.
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