SIETE, NUMERO EQUIVOCADO: LAS DESVENTURAS DE SLEVIN

Una película policial de humor negro

Hay mucho de bueno en esta propuesta de este cineasta poco conocido por estas latitudes a pesar de la realización de algunos títulos atendibles como The acid house y Gangster N° 1. En primer lugar cabría subrayarse la agilidad de un guión que se desmarca del esquema convencional para jugar al rompecabezas sin subestimar al público ni dejar cabos sueltos. La historia plantea las desventuras de un personaje que resulta confundido por la mafia local en una deuda de juego, y debe asumir las responsabilidades del caso eliminando al hijo de un pandillero adversario. El problema es que dicho protagonista, llamado Slevin, parece ser perseguido por la mala suerte, ya que ese otro sector del crimen organizado también lo atrapa en sus redes, a la vez que la policía lo vigila paso a paso para echarle el guante al menor descuido. Mientras tanto, el desafortunado «antihéroe» se involucra sentimentalmente con una entrometida vecina, y un sicario que juega a dos puntas (Bruce Willis) se torna figura inquietante dentro del confuso desarrollo narrativo. Para complicar más las cosas, el punto de partida en esta telaraña argumental se retrotrae al pasado y toma nota de una apuesta turfística que deviene en masacre, y un aislado homicidio perpetrado en una terminal de ómnibus, episodios que no parecen tener mayor relación con el resto del acontecimiento. La habilidad expositiva de Mc Guigan, sin embargo, permite que esta suerte de enredo vaya reacomodándose en forma coherente y pausada sin que la intriga decaiga en ningún momento. Por el contrario, para condimentar la acción, un elenco multiestelar se encarga de aportar su carisma en cada viñeta (especialmente Sir Ben Kinsgley y Morgan Freeman como «El rabino» y «El jefe», dos capomafiosos que viven enfrentados desde sus respectivos búnkeres, y hasta la asiática Lucy Liu logra mostrar un particular desenfado en su rol de vecinita sensual con aspiraciones detectivescas.

En resumen, una «comedia policial» (o como quiera llamársela) que anota sus buenos tantos en la consideración del espectador, ya que no se descansa en los clisés sino que, a partir de ellos, juega al puzzle con acierto, y redondea la propuesta con un par de vueltas de tuerca bien pensadas. El público que apueste por ella no saldrá defraudado. Vale.

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