El Solís lució sus galas
El teatro era una romería con el público que se fue acercando al foyer recorriendo la Tertulia Alta, donde se encuentra el Palco Presidencial, la platea de la sala, la exposición «Retratos de la música», de Robert Yabeck, y la muestra «Aplausos y silencios», que evoca las emociones de tanta historia. En el escenario podía apreciarse la escenografía de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini, que se estrenó el viernes de la semana pasada, cuando comenzaron los festejos del aniversario, y que anoche brindó su última función, especial para autoridades del gobierno e invitados, y que fue transmitida en directo por Canal 5 Televisión Nacional.
Pese a la soleada mañana, las impresionantes arañas del teatro -la del hall, de 150 kilos, la del vestíbulo, de 250, y la de la sala, de 450- estaban encendidas, mostrando el esplendor de sus cristales que reflejaban destellos en los brillantes pisos de mármol y de lapacho lustrado del foyer. Si uno cierra los ojos y se para en el centro del foyer, es posible imaginar -con la ayuda de sus altos techos y dorados a la hoja- los sonidos de tiempos remotos: las risas de las damas y caballeros que allí se reunían en los entreactos para mostrarse, hacer negocios o galantear. Por el Solís desfilaron celebridades mundiales, como las sopranos Luisa Tetrazzini (1875) y Adelina Patti (1880), y los tenores Francesco Tamagno (1896) y Enrico Caruso (1903). El Teatro Solís -que sigue exhibiendo en el frontispicio un emblema con un sol naciente y aún enciende, como en sus orígenes, la linterna roja de su cúspide cuando hay función- es actualmente la sala más antigua de Sudamérica y, según Rodolfo Fuentes, director de la empresa que se encargó de las instalaciones técnicas, «la más moderna» de la región. *
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