Festival de cine suizo en Cinemateca
El festival presentará trece largometrajes y cortos seleccionados sobre el total de la producción suiza entre los años 2002 y 2005, incluyendo varios premios internacionales y el descubrimiento de un grupo de jóvenes realizadores.
Se trata de un proyecto organizado desde Zurich y Montevideo que involucra a Swiss Films, la Embajada de Suiza en el Uruguay y la Cinemateca Uruguaya que ha coordinado la gira y participado de la programación.
En Montevideo la muestra se extenderá hasta 14 de setiembre, luego proseguirá en Buenos Aires en el Teatro San Martín, y continuará en octubre en Chile. La muestra irá acompañada de un catálogo, con textos informativos y críticos en castellano, redactado desde Montevideo.
Para presentar la muestra llegará a Montevideo el director suizo Oliver Paulus, quien junto a Stefan Hillebrand realizó Cuando llegue mi hombre (Wenn der richtige kommt), el título que iniciará las exhibiciones y que es una comedia dramática sobre la multiculturalidad: una limpiadora de un centro comercial alemán conoce un guardia de seguridad de origen turco, y se inicia un romance con algunos vuelcos inesperados. Se trata del primer largo de Paulus, quien ya había dirigido varios cortos (alguno de ellos con el mismo Hillebrand que codirige este filme), y trabajado como montajista, diseñador de producción y libretista.
El título genérico, «Pastores, amantes y sueños», es una síntesis de las propuestas artísticas, expresivas y temáticas de este muy reciente y renovado cine de Suiza. La muestra proporciona un corte transversal a través de unos años muy ricos en producción valiosa. Por ejemplo, en Viento del norte Bettina Oberli examina cómo el cese en el trabajo de un padre precipita a toda su familia en un laberinto. Utopía blues de Stefan Haupt trata de un joven atormentado por una agitación febril y de su lucha consigo mismo y su entorno. Ursula Meier en Espaldas sólidas describe con empatía la búsqueda de feminidad y amor por parte de una deportista.
Alrededor del amor, tema supremo del cine de ficción, giran otras películas suizas del ciclo: el drama invernal de Greg Zglinski Todo un invierno sin fuego, el romance de una encargada de la limpieza en Cuando llegue mi hombre de O. Paulus y S. Hillebrand y la road movie de Vincent Pluss Más bien el sur.
El rubro por excelencia del cine suizo sigue siendo empero el documental, que suele seguir el espíritu de la época y ser político. Es así como Jean-Stéphane Bron en El genio helvético presenta con mucho humor el funcionamiento del parlamento helvético. Ni policías, ni negros ni blancos de Ursula Meier es un documental, construido al estilo de un thriller, sobre un intento de mediación entre la policía suiza y los inmigrantes negros. Fotógrafo de guerra de Christian Frei es el cautivante retrato del fotógrafo James Nachtwey. Otro tema reiterado es el debate sobre la patria, con sus tradiciones a punto de desaparecer y la música (no sólo suiza).
De esta manera, Erich Langjahr presenta en Camino al tercer milenio el retrato de uno de los últimos pastores suizos de trashumancia. Entre tanto, Georges Gachot describe en Martha Argerich un encuentro nocturno con la leyenda argentina del piano y el entrañable Accordion tribe de Stefan Schwietert cuenta la historia de un instrumento despreciado por mucho tiempo y de su redescubrimiento reciente.
A inicios del tercer milenio, la creación cinematográfica suiza se presenta con solidez profesional, diversidad estilística y variedad temática.
En el pasado el cine suizo y sus principales creadores, fue conocido en América Latina a través de muestras organizadas desde Suiza y Montevideo, con Cinemateca Uruguaya y Swiss Films/Pro Helvetia. Así se conocieron en el continente las obras más significativas de Daniel Schmidt, Fredi M. Murer, Dani Levy, Richard Dindo, y los últimos filmes del maestro Alain Tanner. Nuevos cineastas se han agregado a una producción nacional suiza con rasgos creativos propios, una de las más independientes y con personalidad propia en Europa. Esa independencia y rasgos identificatorios se explican entre otros motivos porque Suiza y su cine no integran el aluvión de coproducciones comunitarias (Suiza permanece fuera de la UE) y por la aparición de talentos propios en un país que prefiere la independencia y las distancias. *
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