Tiene la Palabra

Dramática carta de uruguayo que vive en Israel

Señor Director de LA REPUBLICA

Dr. Federico Fasano Mertens

* Por considerarla de interés para los uruguayos le pido transcriba los aspectos sustanciales de una carta que recibí, de un uruguayo que vive en Israel. Dice así:

«La verdad que tenés razón, ahora fui parte de la guerra y te puedo decir que es lo más angustiante que hay, te sentís impotente, el miedo te acompaña las 24 horas cada minuto del día incluso cuando dormís tenés miedo, no sabés de dónde puede llegar y adónde poder ir a parar. Estuvimos 2 semanas viviendo fuera de la zona de riesgo, casi sin ropa y viviendo de prestado acá y allá, la gente es muy solidaria, en todos lados si decías que eras del norte te daban acceso gratis o más barato.

En todos lados la gente nos llamaba para recibirnos en sus casas, gente que apenas conocíamos. Incursionamos 3 veces en la zona de riesgo para retirar una mercadería y vimos la ciudad vacía, sin autos debajo de los edificios, sin gente, sin negocios abiertos, en fin, sin vida que le imprimimos los humanos a las ciudades, era como una ciudad fantasma, sin perros que ladran, sin niños que juegan, de verdad es una cosa muy triste de ver, pero más triste era ver las casas destruidas por 4.000 misiles que lanzaron los árabes, esos misiles que atraviesan las paredes que creemos que nos protegen como si fuera de papel.

La casa de una argentina que estaba en el balcón y un misil le cayó del cielo y se la llevó. Había llegado en el 2002 cuando llegué yo. Podría haber sido yo. Es muy fuerte ver los lugares por los que pasás todos los días y ver los restos de la locura, de la destrucción. En el kibutz un hombre de 50 años, tranquilo, que lo único que vino a hacer a este país fue a trabajar la tierra, y ahí andaba él con su tractor para arriba y para abajo por las callecitas del kibutz que ustedes conocieron, un hombre trabajador con una mujer con 3 hijos, y como por la guerra no podía trabajar sacó a los perros afuera, sonó la alarma, esa que te atraviesa con el miedo que te da, el hombre corrió hasta su casa con su perro al costado, el misil cayó, explotó y la metralla lo mató. El perro quedó vivo porque era muy bajito para la metralla que está pensada para matar hombres. Después de dos semanas decidimos empezar a trabajar de noche. Teóricamente los árabes de noche no lanzaban sus misiles para no delatar su posición, pero te aseguro que andar por las calles repartiendo a las empleadas por sus casas y estar en el taller de 21 a 4 de la madrugada fue una experiencia muy estresante.

Pero mucho peor fue durante el día, porque de día sí sabíamos que llovían los misiles y lo único que podés hacer es pedir que no te toque a vos. Estábamos en una casa con refugio, entonces cuando suena la alarma, esa de las películas de guerra, te metés en el refugio y a los 10 minutos podés salir y estar lo máximo a 10 segundos de la puerta del refugio porque si no cuando suena la alarma no te da el tiempo de llegar. Es de miedo.

También hay gente que se pasó un mes en un sótano de hormigón sin ventanas conviviendo con las otras familias de los edificios porque no tenían adónde ir. Estuve en uno de esos refugios y te aseguro que después de unos días el hedor es inmundo y ahí estaba esa gente con los niños.

Pero hay cosas muy locas en las guerras. Tengo 4 empleadas que son libanesas y viven en Israel desde el 2000, cuando Israel se retiró del Líbano, porque sus maridos lucharon contra el Hezbolá y cuando Israel se retiró tuvieron que escaparse para acá porque si no mataban a toda la familia.

Esta gente tiene toda su familia en el Líbano, con tal desgracia que de un lado temían por sus vidas y del otro rezaban que el ejército que los protege a ellos no les mate sus familiares -padres, hermanos, hijos  que quedaron en el Líbano.

Pero las peores víctimas de la guerra son las madres de los soldados muertos, que no saben si sus hijos están vivos o no, chiquilines de 20 años, esos son los que pelean en las guerras, esos son los que mueren en las guerras. Esas madres que esperan que el jeep militar pare en la puerta de su vecina. Lo más doloroso de esta guerra para mí fue ver el informativo de las 20 horas. Donde te pasan la foto de los pibes que murieron ese día, con la edad y la hora en que fue abatido.

Es muy difícil entender cómo un pueblo tan civilizado como este se expone a tanto dolor con una guerra, y lo más increíble es que todos están de acuerdo en que había que hacerla, que todos están dispuestos a arriesgar la vida de sus hijos mandándolos a la guerra, inclusive yendo ellos mismos a pelear. Fue una guerra muy dolorosa para los israelíes, está en el aire, pero nadie reniega de ella. Creo que para entenderlo tenés que vivir acá, tenés que ver el alto precio que pagó esta gente por el hecho de mantener en pie su creencia religiosa.

Yo creo que es una historia que viene de Mazada, cuando 25.000 soldados romanos rodearon en una montaña a 200 familias judías con el fin de destruir su creencia religiosa y estas 200 familias prefirieron el suicidio colectivo a ser esclavos de los romanos. Aquello que dijo Lavalleja (libertad o muerte) sólo que estos no lo dijeron. Lo hicieron. Supongo que de ahí les sale la fuerza para no ser destruidos por más de 1.000 millones de árabes, por cinco países limítrofes que desean su destrucción o por los 8.000 misiles (rusos) que todavía tiene en su poder Hezbolá.

Hay muchas víctimas del holocausto con los brazos marcados con un número.

No sé, yo no justifico la guerra, no la comparto, no la entiendo, pero esta gente merece mi respeto, porque al fin y al cabo no están luchando para ganar una guerra, o para tener más tierras, o por petróleo, o por agua. Están luchando por sobrevivir, porque saben bien que subestimar a sus enemigos no los conduce a perder una guerra, los conduce a la aniquilación de todo su pueblo».

JORGE ACOSTA – C.I. 871.631-6

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