FUNDADO JUNTO CON EL ESTADO URUGUAYO

Mañana el Solís cumplirá 150 años

La concepción de esta sala se inició el 25 de junio de 1840, cuando se creó una denominada Sociedad de Accionistas cuya comisión directiva estaba integrada por destacados hombres de la época: Luis Lamas, Juan Benito Blanco, Antonio Rius, Francisco Solano Antuña, Juan Francisco Giró, Ramón Artagaveytia, Vicente Vázquez, comisión que que estaba presidida por Don Juan Miguel Martínez.

En los considerandos del contrato social se decía: «…que se constituye una Sociedad para la construcción y empresa de un teatro que esté en armonía con la prosperidad y riqueza de la República, es una necesidad indispensable para nuestra sociedad a la altura que ha llegado su ilustración y su comercio».

El historiador Alfredo Castellanos dice que: «La elección de un terreno apto para levantar la sala teatral llevó un tiempo de discusiones entre los miembros de la comisión. El primero es un solar ubicado a la altura de la actual Plaza Independencia y Ciudadela, el segundo se ubicaba en donde se encuentran Juncal, Sarandí y el pasaje Policía Vieja y el tercero indicado, un solar, propiedad de un vecino de nombre Ramón Carreras y que es el ocupado actualmente por el Solís, en la entonces llamada calle San Sebastián, hoy, Buenos Aires.

La compra del predio se realizó el 3 de setiembre de 1840, según las actas de la comisión que presidía Juan Miguel Martínez».

Por su parte otro historiador, Pablo Montero Zorrilla, en su libro Montevideo y los teatros sostiene que los tres lugares eran un terreno «donde hoy se encuentra el edificio de la Casa de Gobierno, el otro la Plazoleta del antiguo Parque de Ingenieros con frente a las actuales Sarandí y Bartolomé Mitre, y otro existente en la manzana norte de la Plaza matriz, entre las actuales Ituzaingó y Juan Carlos Gómez con frente a la calle Rincón y que finalmente se optó por el solar de Ramón de las Carreras, y cuyo valor ascendía a 31.000 pesos».

 

Un proyecto discutido

Unos días después, la comisión del nuevo teatro le encargó al ingeniero y arquitecto italiano Carlo Zucchi la confección de los planos del teatro, que éste entregó en febrero de 1841.

El proyecto de Carlo Zucchi fue rechazado, ya que lo planteado por el arquitecto excedía el presupuesto y el dinero de que se disponía para la construcción del edificio. La suma con que contaba esa comisión alcanzaba a los 180.000 pesos de la época.

Se decidió entonces por la propuesta presentada por el arquitecto Francisco Xavier Garmendia, que era una adecuación económica al proyecto de Zucchi, pero más económica, ya que se situaba en los 117.000 pesos.

Sin dejar de reconocer las razones que asistían a los integrantes de la comisión del novel teatro, en su oposición al proyecto del Zucchi, hay quienes señalaron, en testimonios de la época, que se había creado un clima adverso contra el arquitecto italiano con motivo de las simpatías que éste manifestaba sobre Juan Manuel de Rosas –a quien el presidente Rivera le había declarado la guerra– y con el ex presidente Oribe, refugiado en Buenos Aires y aliado con aquél desde su resignación al mando presidencial en octubre de 1838.

Las obras del teatro demandaron quince años de construcción. Durante ellos se vivió toda la etapa de la Guerra Grande, (1843-1851), en la cual estuvieron detenidos, en diversos períodos, todos los trabajos.

En 1856 quedó terminado el teatro, es decir, la parte central del edificio, ya que la construcción de los cuerpos laterales fue postergada durante dieciocho años. Recién fueron retomados en 1874, siendo proyectados por el arquitecto francés Víctor Rabú.

Según, el historiador Zorrilla Montero: «El frontispicio del teatro fue realizado por el arquitecto uruguayo Clemente César, quien ideó un peristilo de ocho columnas corintias bajo su correspondiente entablamento que se adelanta al cuerpo del edificio sobre una escalinata de mármol…»

También otros testimonios señalan que en un principio se pensó en colocar sobre el frontón en que culmina la fachada, tres estatuas de mármol, una de ellas era la de Juan Díaz de Solís y las otras dos, alegorías sobre la Tragedia y la Comedia.

 

La inauguración

La población de Montevideo se calculaba en cuarenta mil habitantes, cuando los aterciopelados telones del Teatro Solís se levantaron por primera vez en la noche del 25 de agosto de 1856. Esa noche se iba a representar una gala lírica con la ópera en cuatro actos Hernani de Giuseppe Verdi, por la compañía italiana de la soprano Sofía Vera Lorini.

Alfredo R. Castellanos, manifiesta en su libro La historia del Teatro Solís: «Cinco días más tarde, el 30 de agosto, el teatro volvió a abrir sus puertas para dejar paso a una comedia, por una compañía de actores españoles… y al otro día, el 31 de agosto, se realizó «el primer baile de particular y de máscaras. De esta forma se daba satisfacción al reclamo de quienes sostenían que el nuevo teatro debía dar cabida a la ópera, a la comedia y al baile».

Ni los efectos devastadores de la Guerra Grande, ni la hambruna, ni las heridas de un conflicto bélico entre hermanos, pudo detener el acontecimiento cultural y social más importante de los comienzos de la nueva nación y los montevideanos tenían un teatro que los inflamaba de orgullo. Así lo reflejan los diarios de la época que destacaron con amplias coberturas periodísticas el acontecimiento.

 

En la órbita municipal

Durante un lapso de 81 años, el teatro Solís estuvo en manos de la empresa privada que lo hizo construir. En junio de 1937, la intendencia montevideana adquirió en 600.000 pesos las acciones de la sociedad propietaria y en 1945 se procedió a remozar el edificio. El recinto estuvo cerrado cerca de un año y de allí salió remozado y rejuvenecido, aunque algunos sostenían que había perdido parte de su excelente acústica.

El 2 de abril de 1947 se creó y oficializó la Comisión de Teatros Municipales, organismo bajo cuya jurisdicción se puso la administración y todo el funcionamiento del teatro.

Ese mismo año esa comisión creó la Comedia Nacional, elenco que se seleccionó entre los afiliados a la Sociedad Uruguaya de Actores.

El 14 de noviembre de 1949 se produjo en su sala un acontecimiento fundamental para todo nuestro teatro: se puso en funcionamiento la Escuela Municipal de Arte Dramático, con el propósito de asegurar la preparación de actores. La flamante escuela fue puesta bajo la responsabilidad de la actriz española Margarita Xirgu.

La Comedia Nacional sería la que más utilizaría el escenario del teatro, aun cuando siempre se utilizó para diversas actividades artísticas y culturales, desfilando compañías extranjeras, recitales de cantantes, agrupaciones orquestales, festivales musicales y ceremonias de entrega de los premios Florencio, entre otras actividades.

 

Una decisión impostergable

En noviembre del año 1998, la Intendencia Municipal de Montevideo comenzó a llevar a cabo un ambicioso proyecto, con el afán de reconstruir el Teatro Solís y proyectarlo como un complejo cultural que resultara ser un compromiso con la ciudad y su gente.

En los umbrales del siglo XXI se necesitaba un teatro que formara parte del derecho de los ciudadanos a crecer, desarrollar su identidad, educar sus sentidos y valorarse a sí mismos. Era hora de poner al Solís, y con ello a Montevideo, en el circuito internacional, y para ello se necesitaba dotarlo de todas las tecnologías del momento y que, además, estuviera acompañado de un excelente nivel de comodidad y de atención para los espectadores
.

La obra se hacía impostergable. Durante seis años, el edificio vivió una tregua artística y supo de trabajos de cateo, demolición, desalojos varios, levantamiento de pisos. Todo fue reparado, «aggiornado», en algunos casos reciclado, en otros agrandado. Todo en medio de discusiones, propuestas varias, intentando poner a punto a una sala, que al decir de uno de los arquitectos responsables de los trabajos: «Este teatro estaba al borde de colapsar».

Hoy el Teatro Solís parece haber llegado a un presente que, a la vez de ser patrimonial, es moderno, funcional y atractivo. *

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