Andy ama a Andie
Casi veinte años le costó a Richard Wenk filmar esta película, una comedia romántica con Andy García y Andie MacDowell, sobre un revendedor que busca su gran negocio a costas del Papa para retener a su novia.
«Andy García y Andie MacDowell tienen carisma y magnetismo sexual para compartir», comentó cuando se estrenó un cronista de Los Angeles Times. Pero probablemente lo más interesante sea que se filmaron escenas improvisadas en lugares concurridos con cámaras ocultas. El es Gary, un revendedor de entradas medio cacique, que sobrevive con picardía, calle y mucha carpeta. Pero de golpe su gran amor, Linda, lo abandona cansada de promesas y de falta de seguridad. Ella logró una beca para estudiar cocina en Francia. Para peor, un revendedor rival se le está quedando con el negocio. La típica película de crisis existencial, de adaptación al cambio. Y la típica solución del último-gran-golpe-para-retirarse-con-ella. En este caso, la reventa de entradas para una misa del Papa en el Yankee Stadium. Un amigo, Benny (Richard Bradford) aconseja a Gary, lo apoya y le marca límites éticos antes de que se desbarranque.
Wenk, que sólo había hecho en los 80 una película de vampiros que recaudó algo más de US$ 5 millones, conoció a un revendedor y sintió nececidad de filmar esta historia «al estilo Cassavettes», modesta y con «teleobjetivos, cámaras ocultas y con micrófonos inalámbricos». No conseguía productor, pero tuvo la suerte de ser vecino de Andy García, que de a poco se fue involucrando.
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