Música para deslumbrar los corazones
Después de casi treinta años de estar radicado y actuar con éxito en Buenos Aires, Panchito regresó a Montevideo en 1996. Se reencontró con el público entusiasta que no había olvidado su fenomenal talento musical y pianístico, y con una nueva generación que no lo conocía y que descubrió en él a un artista de excepcionales ribetes. Sus presentaciones en vivo demostraron que seguía siendo el enamorado de la música que gustaba del tango, del jazz y de las mejores expresiones del arte sonoro universal.
Ya sea al frente de su orquesta, o como solista, o acompañante de cantantes, o integrando dúos (como los aplaudidos conciertos que brindó con Julio Frade hace varios meses), Panchito supo llegar al público gracias a esa sabia mezcla de virtuosismo, simpatía y buen humor que siempre lo caracterizaron. Recuerdo que en mayo de 2001, durante los festejos del quincuagésimo aniversario de la Sociedad Uruguaya de Artistas e Intérpretes, estuve acompañado por un joven músico que había hecho carrera en Europa y Estados Unidos. Cuando escuchó tocar a Panchito Nolé, me dijo: «Este veterano haría un excelente papel en cualquier local de New York».
Jesús Francisco Nolé comenzó su actividad en 1944 tocando el piano en el Café Palace del Palacio Salvo. Tenía quince años de edad. Fue director musical en Radio Carve y actuó en El Espectador y en los canales de televisión uruguayos. Ha grabado numerosos discos y trabajó en países como Brasil, Perú, Chile, Colombia y Estados Unidos. En los años 50 formó su propia orquesta y en 1969 se radicó en la República Argentina.
Su hijo Ricardo Nolé cursó estudios de piano, armonía y composición con los maestros Santiago Baranda Reyes y Washington Quintas Moreno. En 1973 se estableció en Buenos Aires, donde vivió siempre, excepto durante tres años que trabajó en Europa. Su actividad incluyó giras internacionales y discos como arreglador y tecladista de la orquesta de Ruben Rada. En 1990 formó su propia agrupación, con la cual transitó por la fusión con el candombe y grabó discos como Cuareim (1991), Afrombé (1993), Isla de Flores (2000) y otros, todos con la impronta del ritmo afrouruguayo. Su trío actual se completa con el bajista Alejandro Herrera y el baterista Ernesto Zeppa.
Esta reunión de dos pianos, padre e hijo, promete dos veladas de excepcional calidad. Los conocedores ya se imaginan de qué se trata y los más jóvenes harán bien en no perder esta oportunidad. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad