Juan Carlos Mechoso, anarquista
En «Juan Carlos Mechoso, anarquista», un nuevo título de la colección Vidas rebeldes que dirige María Esther Gilio, María Eugenia Jung y Universindo Rodríguez reconstruyen la vida de un luchador social uruguayo emblemático.
En el decurso de este relato, los autores remontan los territorios del tiempo, para explorar el pasado, no sólo del personaje sino también de nuestro Uruguay.
Renunciando a eventuales pretensiones historicistas, los narradores ceden al propio protagonista la responsabilidad de reconstruir su peripecia existencial, intrínsecamente asociada a las épicas luchas populares por la libertad y la dignidad, en el entendido que cada individuo es hijo de su tiempo y su destino.
María Eugenia Jung y Universindo Rodríguez recurren al testimonio de la memoria, que, en este caso concreto, se retrotrae a la década del treinta del siglo pasado, en el departamento de Flores, tierra natal de Mechoso.
La reconstrucción de la infancia, a cargo del propio combatiente social y su hermana Nila, va marcando el derrotero de un relato que resulta siempre revelador, acerca de los orígenes y la vida de este personaje real.
Mechoso nació en el seno de una familia humilde y numerosa, donde pese a las dificultades y las carencias materiales, lo que nunca faltó fue la dignidad y el cotidiano sacrificio.
De esos valores se nutrió el niño que luego se transformó en adolescente y, ya en su edad adulta, asumió un camino de compromiso con su tiempo histórico.
Juan Carlos Mechoso fue mandadero, diariero, obrero de la carne y luego linotipista de la industria gráfica, por lo que su existencia siempre estuvo asociada al trabajo y a la brega para obtener el sustento.
Esa suerte de aprendizaje en contacto con la realidad, le permitió atesorar firmes convicciones, las mismas que impulsaron a militar a su padre en el nacionalismo independiente y transformaron a su indomeñable madre en la columna que sostuvo a un hogar con numerosa prole.
La obra narra varias etapas cruciales de la historia personal de Mechoso, que inicialmente se sitúan entre la década del cuarenta y los años cincuenta.
La evocación de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial aún en Trinidad, permite visualizar el primer contacto vivencial del niño con la intolerancia, derivada de la actividad de grupos pro- nazis y su enfrentamiento con jóvenes demócratas.
La evocación del traslado de toda la familia a Montevideo y su radicación en La Teja, resulta clave para interpretar el futuro de Mechoso. Es precisamente en ese populoso y solidario barrio obrero, que el joven se adhiere al anarquismo.
Esa libertaria corriente de pensamiento abrevó de la lucha de los trabajadores de las fábricas, quienes enfrentaban sindicalmente los abusos patronales.
Por entonces, pese al auge de la industrialización y la prosperidad económica favorecida por la guerra que arruinó las economías europeas, campeaba el incumplimiento de las normas laborales, la explotación y la represión.
El relato, que es naturalmente historia pura despojada de toda eventual ficción, corrobora que la mentada «Suiza de América» no fue un paraíso capitalista para todos y que la injusticia social ya comenzaba a horadar a un sistema que luego hizo crisis.
En el decurso de esta reveladora crónica, que por momentos se torna un soliloquio, Juan Carlos Mechoso recuerda su transformación al anarquismo, alimentada por su lúcida percepción de la realidad, sus primeras experiencias de militancia y sus lecturas de descubrimiento.
La narración permite comprender cómo fue ese proceso de maduración de la sensibilidad del joven militante, en cuyo interior comenzó a crecer el sueño de la construcción de una sociedad justa y solidaria, sin explotadores ni explotados, privilegios ni represión del aparato estatal.
Para permitir una mejor interpretación teórica del tema, los autores aportan a su obra un trasfondo histórico que trasciende al mero personaje, cuando recrean sucintamente el nacimiento del anarquismo en el Uruguay, que se retrotrae al siglo XIX.
El relato, que se interna en el corazón del tiempo y los sucesos acaecidos durante más de un siglo, da cuenta de la fundamental participación de esta libertaria doctrina de pensamiento en el parto fundacional del movimiento sindical uruguayo.
La crónica -rica en referencias y anécdotas reveladoras- recorre acontecimientos cruciales, no sólo de nuestro pasado sino también de la propia historia de la humanidad.
Dos de esos hitos mundiales fueron la revolución rusa, que triunfo en octubre de 1917, y la guerra civil española. Ambos conflictos tuvieron incidencia en el rumbo cardinal de la izquierda uruguaya en su imperativo de enfrentar el poder del capital, ya sea mediante la organización política de cuadros y la estrategia de largo aliento o el proyecto revolucionario que proponía barrer rápidamente al modelo liberal burgués e instaurar una sociedad sin clases ni privilegios.
El libro, que se nutre del vívido testimonio de Juan Carlos Mechoso, indaga en el tiempo, para evocar la fundación de la segunda Federación Anarquista Uruguaya, en 1956.
Las reacciones y realineamientos en la izquierda provocados por la revolución cubana y las visitas a nuestro país de Fidel Castro y de Ernesto «Che» Guevara», constituyen una parte vertebral del relato autobiográfico.
La evocación da cuenta de acalorados debates y hasta divisiones en el seno del anarquismo, aunque, más allá de eventuales estrategias, la revolución acaecida en la isla caribeña indujo a una importante valoración de la vía armada y la lucha contra el imperialismo.
El relato, compartido por los cronistas y el protagonista, otorga una capital relevancia a la década del sesenta del siglo pasado, un tiempo de incontenible levadura ideológica y fuerte cultura militante, tanto de la izquierda política como del movimiento sindical.
Por entonces, el gran desafió era enfrentar la escalada represiva de la derecha, que partía desde el gobierno pero también desde los grupos paramilitares y parapoliciales que operaban en el país.
La historia reconstruye minuciosamente el período más activo de la Federación Anarquista Uruguaya, expresada, por ejemplo, a través de la Resistencia Obrero Estudiantil (ROE) y la Tendencia Combativa, junto a otras organizaciones de base. En tanto, la actividad armada corrió por cuenta de de la Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales (ORP 33).
Eran tiempos de figuras emblemáticas como Mauricio y Gerardo Gatti y nuestro querido compañero de tareas Hugo Cores, quienes, con el santo y seña de «Â¡arriba los que luchan!», marcaron un jalón en la cotidiana brega por la transformación radical de la sociedad uruguaya.
Resulta imposible disociar la peripecia existencial de este luchador social de los sucesos que mayor impacto provocaron en nuestro país, en la segunda mitad del siglo pasado.
El relato adquiere su mayor crudeza y contundencia, cuando el dirigente anarquista recuerda sus largos años de prisión en las bastillas del gobierno autoritario, donde padeció incalificables torturas, tanto físicas como psicológicas.
En este tramo y con relación a las esporádicas visitas que recibía en confinamiento, resultan muy elocuentes los testimonios de familiares, que también debieron soportar malos tratos de los prepotentes y enajenados uniformados.
«Juan Carlos Mechoso, anarquista» es bastante más que una mera peripecia de vida individual. Es un crucial fragmento de historia de nuestro Uruguay, que nos retrotrae a tiempos de polarización ideológica y antagonismos viscerales.
De algún modo, este vibrante y emotivo relato trasciende a la experiencia del protagonis
ta, porque releva todo el último siglo, cuando comenzó a gestarse el parto esencial de las luchas obreras por la justicia social, la equidad y la dignidad.
La obra, que con muy buen criterio sigue casi siempre un riguroso orden cronológico, alude a otros personajes que compartieron la épica de Juan Carlos Mechoso, algunos de los cuales figuran en listas de desaparecidos durante la dictadura, situación que naturalmente nos induce a una profunda indignación.
En la lectura del libro también descubrimos nombres muy conocidos de connotados torturadores y criminales militares, auténticas lacras que la sociedad uruguaya debe extirpar.
Este libro es, sin dudas, un auténtico documento de sesgo testimonial, que nos convoca a reflexionar sobre los valores humanistas y los irrenunciables compromisos éticos. *
(Edición de Trilce)
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