El vivo que fuga
Decía Wimpi, con su proverbial ingenio, que «la viveza es una fuga que se nutre de fuga a sí misma».
Siguiendo recientes acontecimientos, y apelando a esa frase del recordado humorista, Gilberto Vázquez vendría a ser un vivo que sigue fugando, aunque físicamente haya sido depositado en la Cárcel Central. Tal vez por eso, porque sólo han encerrado su cuerpo, no cruza a la vereda de enfrente ni hace decir que no está para continuar la fuga como un vivo cualquiera. No. El usa la simulación, recurso psicológico por el cual, según demostró Adler, el individuo busca justificarse y acomete lo que podría llamarse «fuga hacia fuera de sí mismo». Vázquez lo está haciendo, en ancas de su mitomanía y su delirio, usando la buena intención de algunos medios que, en su afán por informarlo todo, se van convirtiendo, sin querer, en cómplices de un hombre moralmente indigente pero tan peligroso como un rotwailer torpe y fuera de control.
Pero Vázquez es también un neurótico y un supersticioso.
Si uno lee hasta con apresuramiento los manuales primarios de psiquiatría, se enterará de que quienes padecen neurosis tratan de transformar el arriba en abajo, lo anterior en posterior, porque la ficción que rige su mente les exige el ejercicio de la conversión. Y también se enterará de que la superstición, en un neurótico, le impele a burlar al destino fomentando lo contrario de lo que en realidad desea.
En resumen, y otra vez siguiendo a Adler, la enfermedad de Vázquez es resultado de estos procesos, cuyo objetivo final «es preservar al individuo de la colisión entre su objetivo de vida y la realidad».
Si en lo antedicho no hay errores de interpretación, es imperdonable que se le siga prestando atención a este hombre, sea por medios, sea por parte de la sociedad, sea por el secretario de la Presidencia. Si me he equivocado, pediré disculpas.
Hoy sigo creyendo que con el tío Gilberto hay que hacer lo que frecuentemente postulan los chiquilines: No le des bola, que es un quemo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad