Del Boca y Suar

Las apariencias engañan

Desde luego que el cineasta argentino Alberto Lecchi ha demostrado un talento promisorio, más que promisorio si se piensa en sus anteriores trabajos cinematográficos. Pero con Apariencias, un título por encargo, apenas si se le ve la hilacha de sus potencialidades.

Como el cineasta, y ha ocurrido con otros, cumpliese con los mandamientos del profesionalismo para dotar a esta historia de amor con diversos momentos de atención que transcurren de inflexión paródica al toque naïf o del embión caricatural de los personajes al folletín.

Apariencias mediante su anécdota enfoca una ensayito de tono amoroso entre Adrián Suar y Andrea del Boca. La timidez y la inseguridad personal del personaje del primero no le permite avanzar sobre su enamorada (Del Boca en un regreso a las pantallas después de dos años donde artísticamente sigue plagiándose a sí misma), pero de igual modo por un equívoco el muchacho logrará interrelacionarse, promover una fuerte amistad y trabajar en dupla en un proyecto para la empresa publicitaria para la que ambos son imprescindibles. Claro que Suar suda la gota gorda: el equívoco le permite acercarse a la chica de sus sueños, o soñar, porque esta última lo cree gay; por otro lado, además de bancarse la de homosexual, tendrá que tolerar que la niña de sus ojos va a contraer matrimonio en pocas semanas.

Pero en la viña del señor, ya se sabe, todo se arreglará como corresponde y con un final feliz en este mundo de tórtolos y falsos trolos. Todo es mega apariencia y las sonrisas aparecerán al pie de los créditos con beso apasionado incluido.

Producto muy menor narrado con dignidad por Lecchi, pero sin apelar a su destreza e ingenio posibles, Apariencias posee intervenciones secundarias interesantes como el gay descacharrante que elabora Fabio Tosca, el amigo socarrón que compone Diego Pérez (uno de los «insoportables» del programa de Marcelo Tinelli).

Y poco más, todo edulcorado con canciones de Jarabe de Palo.

Las apariencias engañan, en efecto, y en este caso más que nada si se piensa en Lecchi (se debe a sí mismo un filme personal, de autor) y las posibilidades que debería desarrollar a nivel cinematográfico.

El resto es descartable, sobre todo por las tediosas performances de la dupla protagonista.

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