Fernando Cabrera hoy en El Sótano

El yo como filtro

Fernando Santullo

«Casi nunca repito repertorio, me gusta improvisar el día antes o el mismo día del espectáculo y tocar cosas distintas cada vez», comienza Fernando Cabrera. Sentado en la pequeña sala de entrevistas de LA REPUBLICA, el cantautor no se refiere sólo al espectáculo de hoy: con 150 canciones en su haber la tarea de no repetirse resulta «relativamente sencilla», siempre y cuando no se tome en cuenta el trabajo que implica el arreglo de lo que se va a tocar. «Las cosas se simplifican bastante al tocar solo con la guitarra», apunta el compositor del Prado.

El nombre del espectáculo, Versiones, surge de que en esta oportunidad Cabrera abandona por momentos el rol de cantautor para convertirse en intérprete, versionando a su aire composiciones de músicos uruguayos. Aparecen así Dino, Eduardo Mateo, Osiris Rodríguez Castillo, Víctor Lima, Leo Maslíah, Ruben Olivera y Mariana Ingold entre otros. A lo anterior se suman los temas clásicos de Cabrera, construidos a lo largo de sus más de veinte años de carrera, y dos o tres nuevas canciones.

«Los temas nuevos son de este año, que por cierto no fue un año muy prolífico en lo que a actuaciones en vivo se refiere». Cabrera confiesa haber asumido que sus actuaciones en vivo no comienzan hasta despues de Semana de Turismo, «es una situación estructural».

Mateo & Cabrera en CD

Otro de los pretextos del show y sus versiones es la próxima reedición del notable disco Mateo & Cabrera de 1987. Considerado por muchos uno de los discos clave de la música popular uruguaya de los ochenta (y probablemente uno de los mejores discos uruguayos en vivo de todos los tiempos), el trabajo que recogía las actuaciones que ambos brindaron ese año permaneció fuera de catálogo durante más de un decenio, luego de agotada su única edición.

«Gracias a la gestión del sello Ayuí, milagrosa diría yo, el disco va a ser reeditado el mes próximo». El técnico Jorge Iglesias y el propio Cabrera se encuentran trabajando en la remasterización del disco, que verá luz por vez primera bajo el formato de disco compacto. «Ayuí es un sello que ha sido cuestionado por no tener una política comercial más agresiva y creo que eso es un error. Más allá del caso concreto de este disco, la actitud de Ayuí ha sido más la de convertirse en una suerte de archivo, de conservatorio de la música uruguaya, con un criterio más musicológico que comercial. Y desde esa perspectiva, su política no me parece muy cuestionable».

Mateo & Cabrera no es el único disco que Ayuí se prepara a reeditar del extenso catálogo que la muerte de Orfeo (Palacio de la Música) dejó a la deriva dentro de la multinacional EMI, por lo que otros títulos importantes de la música popular uruguaya de los ’70 y ’80 pronto verán luz.

Rock, pop y uno mismo

De Cabrera se ha dicho que coqueteó con el pop y que lo abandonó luego de que no le diera resultados comerciales, hacia fines de los ochenta. En realidad el acercamiento de Cabrera hacia el rock y el pop es bastante anterior a ese momento. Muestra de ello es el único disco de Baldío, de 1983, en donde el guitarrista y cantante, junto a Andrés Recagno en el bajo, Gustavo Echenique en batería y Andrés Bedó en teclados, realizó uno de los discos más innovadores de la música uruguaya. Insólitamente, y en un panorama dominado por el llamado canto popular, el trabajo pasó desapercibido para el público. «Baldío se murió de tristeza y creo que era una muy buena banda en la que se veía mucho la mano de Jorge Galemire, quien, con otras composiciones y otras influencias, ya había venido experimentando con el pop y el rock».

Antes de continuar su respuesta, Cabrera deja su mirada vagar por el mínimo recinto en que se lleva a cabo la entrevista. «Mi interés por el rock y el pop no es pasajero ni desapareció, simplemente en determinado momento decidí que quería volverlo explícito, en los discos de Baldío, en Autoblues (1985) y en Buzos azules (1987). El Viento en la cara era más una especie de síntesis de lo que hacía en Montresvideo (que tampoco fue un éxito comercial) y la experiencia de Baldío. Galemire (que actualmente reside en España) es uno de esos músicos generosos, que va al estudio, te da opiniones, te da pistas sobre qué hacer, por eso su influencia en Baldío es fuerte y de alguna manera eso quedó en mi música en los siguientes discos».

Sobre fines de los ochenta, Cabrera da un nuevo giro y a partir de El tiempo está después (1989) y de Fines (1993) las influencias del tango y, muy especialmente, de Astor Piazzolla se vuelven evidentes, ocupando en los arreglos y en la armonía de los temas el lugar que antes ocuparan el rock y el pop. «Simplemente el rock y el pop quedaron dentro de mi música, como antes había ocurrido con Tom Jobim, el folcklore argentino y la canción uruguaya».

Resistiéndose a clasificar su música, Cabrera opta por verse como un «cantautor cosmopolita que parte antes que nada de las influencias de la región».

El origen

Durante su carrera de 23 años y una decena de discos, Cabrera ha compuesto 150 canciones: «El proceso de composición es bastante azaroso, puede ser un título, un estribillo, un acorde, una melodía en la guitarra. Por lo general comienza con un texto y después la música surge en torno a él. Cuando es al revés, es más difícil, siento como que hay que encorsetar la palabra. Además tengo más reservas de textos».

Intimo como su música es el proceso de captar esas primeras ideas. «Los bocetos los grabo en un grabador como ese (señala el aparato en que se está grabando la entrevista), ahora di un paso y me compré un minidisc, que me da más calidad aunque a la hora de componer eso no me resulta muy importante. En realidad no tengo una relación fluida con la tecnología, me da trabajo manejar hasta una linterna».

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