EN SALA UNO DE CINEMATECA URUGUAYA SE EXHIBE UNA IMPORTANTE MUESTRA DE FILMES DE UNA DIFICIL EPOCA

El cine francés bajo la ocupación nazi

Ese cine que refleja el clima de la época y llama entrelineadamente a la resistencia se puede ver en estos días en Sala Cinemateca, más un filme contemporáneo de Bertrand Tavernier que recupera la memoria del período. Allí hay clásicos, películas nunca vistas en Montevideo, y varios descubrimientos.

Se está llevando a cabo en Sala Cinemateca, con la colaboración de la Embajada de Francia, un ciclo dedicado al cine de ese país bajo la ocupación nazi. El ministro de propaganda del Reich, Joseph Goebbels, había sugerido que el cine francés permitido debía ser «intrascendente, y si es posible estúpido», pero no todos los realizadores franceses estuvieron de acuerdo. En su libro de memorias La suite a l’ecran, el veterano guionista Jean Aurenche narra que en el año 1941, al pasar por L’Etoile, el poeta Paul Eluard corrió hacia él y le dijo: «Sabe, Jean, acabo de ver El casamiento de Chiffon y es una obra maestra». Añade Aurenche: «Pienso que se entusiasmó porque en un país ocupado y humillado como lo era Francia, el ver a un oficial elegante, de espíritu noble, lleno de garbo y brillo, como el personaje que interpreta Luguet, le había dado ánimos».

Conviene recordar esta explicación a la hora de analizar cualquier aspecto ideológico o político de las películas de esa época que recoge este ciclo. Francia acababa de sufrir una derrota; gran parte de la clase gobernante, los caudillos, la élite, los intelectuales, habían rivalizado en pusilanimidad y adulación servil hacia el invasor. Se sumergía a la gente en una propaganda en la que la mentira y la estulticia tenían como único equivalente su ignominia. Resulta fácil imaginarse su impresión cuando de repente veían una película inteligente, sin compromisos, intelectualmente ambiciosa; probablemente intuían inconscientemente que los que las habían hecho no habían entregado las armas.

Otras películas de la época como Pasión de una noche de Autant-Lara, Nosotros los Goupi de Jacques Becker, El cuervo de Henri Georges-Clouzot, Los ángeles del pecado de Robert Bresson o Sombras del paraíso de Marcel Carné (y en particular Los visitantes de la noche de Carné, donde el corazón de los amantes convertidos en piedra continuaba latiendo, sugiriendo que la Francia Eterna vivía a pesar de Hitler) reforzaron esa sensación. En la línea de las declaraciones de Goebbels citadas más arriba, los alemanes se empeñaron en agregarle a El cuervo un subtítulo que aludía a «un pequeño pueblo en Francia», sugiriendo que su cuadro más bien negativo de malas costumbres pueblerinas reflejaba una realidad generalizada (luego de la ocupación, eso le crearía problemas a su director Clouzot, a quien tacharon de «derrotista» y «colaboracionista»). Una parte de Francia estaba en el exilio o en la resistencia, pero no todos los que se quedaron fueron meros obsecuentes. Este ciclo, armado por el cineasta, ex crítico y director de la Cinemateca de Lyon Bertrand Tavernier (que dirigió Laissex passer, película que abrió la muestra y que justamente consiste en una evocación del período) lo prueba.

Hay por cierto calidades cinematográficas más que atendibles en todos los filmes, pero el interés va más allá de ellas: el cine es también aquí (como casi siempre) el testigo de su tiempo, el reflejo de un clima y una sensibilidad, la crónica histórica entrelineada o implícita. En varios sentidos, también, una lección de historia a la que vale la pena atender. Y, por supuesto, la oportunidad de ver un conjunto de buenas películas, lo que no es de despreciar. La muestra se realiza con la colaboración del Departamento de Difusión de la Embajada de Francia. *

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