La pobreza "alimenta" al narcotráfico
El autor, que es considerado por Gabriel García Márquez como uno de los más importantes valores emergentes de la literatura latinoamericana, visitó recientemente Montevideo, en el marco de la presentación de su última novela, titulada Melodrama.
En una entrevista concedida a LA REPUBLICA, Franco se refirió a la violencia imperante en su país, al drama de las «mulas» que transportan la droga poniendo en riesgo sus vidas, a la guerrilla de las FARC y a la globalización planetaria que amenaza a la identidad latinoamericana.
El título del libro es «Melodrama», que sugiere un drama con melodía, al cual ha apelado recurrentemente el cineasta manchego Pedro Almodóvar. -¿Qué lectura tiene en este caso concreto?
-El origen del drama está bastante asociado a la Grecia antigua. Con respecto a los melodramas de Almodóvar, hay también una coincidencia, por cómo maneja el mundo femenino. En su última película, Volver, él narra la historia de tres generaciones en España. Aunque es diferente a Melodrama, en la aproximación al mundo de esas mujeres, yo me identifico con el mundo de Almodóvar.
Sin embargo, el verdadero sentido del título de la novela es la propia idiosincrasia latinoamericana y la colombiana en particular, que está muy impregnada por el melodrama.
-Este fenómeno está muy proyectado en la telenovela.
-Así es. En cierta medida, el culebrón está presente, aunque en forma bastante más refinada, en la literatura del propio William Shakespeare, que presenta toda esa colección de sentimientos que maneja el melodrama: el odio, los celos, la envidia, la pasión y el poder.
Esta novela es una variación sobre este género, que va mucho más allá por todo lo que permite la literatura como arte expresivo. Hay una explosión de sentimientos, exageración, el grito, el llanto y la desmesura.
La literatura permite mostrar otros lados del melodrama, que son las esquinas ocultas del ser humano, lo sórdido y hasta lo macabro.
-¿Hay rasgos identitarios comunes a toda América latina, pese a las diferencias culturales marcadas por los regionalismos?
-Creo que sí los hay, pese a que este es un continente muy grande que tiene una geografía muy compleja y, en algunos casos, da una sensación de aislamiento.
A partir de Rulfo y otros autores, se va construyendo una identidad cultural, que conoce otros niveles, por ejemplo, con Jorge Luis Borges.
Incluso, el Macondo de Gabriel García Márquez es referente para la literatura latinoamericana, porque, como dijo Fuentes, es nuestra Biblia.
-Además de Macondo, está la mítica Santa María de Juan Carlos Onetti. ¿Conoces su obra?
-Conozco la obra de Onetti, de quien he aprendido mucho. Yo creo que Onetti tenía un gran control sobre sus personajes, a los cuales no perdonaba ni les permitía dar el último paso hacia la felicidad. Ese mensaje lo tengo muy presente cuando construyo mis personajes.
-En cierta medida, la literatura nace de las entrañas de la realidad y de la adaptación de personajes veraces a la ficción. ¿Esta premisa se cumple en tu obra?
-Hay inspiración en personajes reales, que me llevan a hacer uso de la memoria. En este proceso, uno va involucrando otras historias, las que se alimentan también de lecturas y, lo que yo defiendo como escritor, que es el derecho a imaginar y a ser dueño del destino de mis personajes.
-¿Por qué hay una apelación tan fuerte a la muerte en esta novela, la que es presentada sin anestesia?
-La muerte es el gran dilema del ser humano y uno de los grandes temas de la literatura. El conflicto de todos nosotros radica en nuestra mortalidad, porque es un destino irreversible.
Hay un aspecto muy importante para mí, que es la convivencia de los colombianos con la muerte.
-¿Cómo es esa convivencia? Por lo menos desde afuera, nosotros observamos a Colombia como una sociedad fracturada en tres partes: el gobierno emanado de las urnas, el narcotráfico y la guerrilla de las FARC.
-Hay tres poderes. El gran dilema es cómo desplazar a dos de esos poderes para consolidar a un solo poder, que es el del Estado.
-¿Esa situación ha contribuido a fortalecer a Uribe y favorecer su reelección por un nuevo período?
-El hastío por este caos ha fortalecido a Uribe. En otros países de América, las fuerzas del Estado se suelen ver como represivas. Sin embargo, en Colombia, se pide la presencia de esas fuerzas.
-La FARC, consideradas la última guerrilla guevarista del continente, son realmente revolucionarias?
-Es una guerrilla narcotraficante, que carece de ideales. Tampoco tiene connotaciones ni respuestas políticas y menos aún una base de apoyo popular.
¿Existe en Colombia la izquierda política legal?
-Existe, y ha ganado un muy buen espacio, situándose segunda detrás del oficialismo. Ha crecido considerablemente, como una lección y un mensaje a la guerrilla, de que hay un espacio político al que integrarse.
Lucho Garzón, el Alcalde de Bogotá, es de izquierda y socialista. Fue sindicalista y tiene muy buena relación con el presidente Lula. Cuando asumió su cargo, comprendió que debía dejar de lado algunas de sus ideas y ser más pragmático.
Lo concreto es que esa izquierda ha ido ganando mucho espacio.
-¿Tú sueñas que Colombia tenga un gobierno de izquierda?
– Primero, mi país está necesitando la consolidación del poder del Estado, para terminar con el poder del más fuerte. Luego, tiene que haber un cambio hacia una mayor equidad.
-¿No es la propia pobreza y la desigualdad que está alimentando el narcotráfico?
-Es cierto. Buena parte de la economía colombiana está alimentada por dineros del narcotráfico.
Lo triste y paradójico es que la gente hambrienta, que es la que realmente se arriesga, es la que menos gana con el narcotráfico.
-Un ejemplo de ello son las «mulas» de esa gran película colombiana, que es «María, llena eres de gracia».
-Los que se enriquecen son muy pocos. Esas mujeres son las víctimas y no las beneficiarias de la situación.
Creo que el narcotráfico va a continuar. Lo que cambian son los protagonistas de esta actividad, incluso que los capos, algunas de los cuales están muertos y otros están presos.
Mientras haya esa desigualdad social y esa desproporción entre el costo de fabricación y el precio de venta de la droga, siempre habrá quien se la juegue
En mi novela Rosario Tijeras, yo muestro que hay un negocio que es el narcotráfico, pero, detrás de ese negocio, hay también un drama social.
-¿Es cierto que Pablo Escobar era querido por la gente pobre?
-Escobar le dio a la gente pobre lo que los gobiernos nunca le dieron, transformándose en una especia de benefactor. Todavía hay gente que reza por él, porque le deben su casa o su trabajo.
-¿El narcotráfico está en el gobierno?
-El narcotráfico está en el poder y lleva años en él, a través de senadores, representantes y alcaldes.
Hace unas semanas, apareció una ex amante de Pablo Escobar que tiene la intención de contar muchas cosas. Ha denunciado, por ejemplo, que el narcotráfico financia campañas políticas por lo menos hace veinte años. Puedes imaginarte la manipulación que son capaces de hacer, particularmente en las extradiciones solicitadas desde el exterior.
-No es ningún secreto que el más importante mercado consumidor de droga es Estados Unidos. ¿Qué incidencia tiene ese país en la política interna colombiana?
-Bastante fuerte
y no sólo como socio comercial. Está la tendencia bastante fuerte del gobierno norteamericano a interferir y tener injerencia en la actividad de otros gobiernos.
-¿Podemos decir que Estados Unidos usa al narcotráfico como pretexto para instalar una cabecera de puente en tu país?
-Eso es cierto y el narcotráfico es una buena excusa. Creo que Estados Unidos maneja una doble moral, ya que el narcotráfico les resulta necesario para tener un pretexto para ejercer presiones sobre Colombia.
-¿Cómo visualizas la globalización, particularmente en lo que atañe a la violencia en este tercer milenio?
-Lo más fuerte es que, en pleno siglo XXI, hay quienes se siguen matando en nombre de Dios. Hay un enfrentamiento entre fundamentalismos, con fuertes intereses económicos en juego.
Con respecto concretamente a la globalización cultural, hay una suerte de invasión que afecta al propio modelo de las telenovelas, cuyas pautas comienzan a establecerse desde Miami. Ese retorno al culebrón no refleja para nada nuestra identidad. *
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