PERVERTIMENTO, DE JOSE SANCHIS SINISTERRA, EN TEATRO EL TINGLADO

Levitación mediante la palabra

Pero Sanchis Sinisterra no es Flaubert, quien, dicho sea de paso, no intentó ir más allá de la estratósfera de «Bouvard y Pécuchet» (su no menos pulcro sucesor, Samuel Beckett, lo intentaría como experimento). Pero Sanchis Sinisterra recurre al tema del actor, que suele nombrarse con la frase «teatro dentro del teatro». Ese tema se defiende en «Pervertimento» de la posible imputación de solipsismo, con la nadería del texto; pero la nada del texto no logra levitar y busca apoyo, no en un estilo refulgente, sino en el mero hecho de referirse a la actuación. Es un tema muy bueno de sugerir a actores; hemos escuchado, en boca de dramaturgos demagógicos que el teatro lo hacen los intérpretes, como si el autor estuviera a punto de evaporarse. Demasiado halago, pero la atracción del tema es irresistible para los actores. Perciben que al fin se habla de sus vidas, de esa extraña emoción de ser para la vida de otros, de existir sólo lo imprescindible como para asomarse al vacío y ensayar un salto mortal que debe agradar como un ballet, acollarar una agonía con una armonía y, sobre todo, mostrar una impávida ausencia de temor.

El título «Pervertimento», con su visible acoplamiento de «perversión» y «divertimento» dice lo que vamos a ver. No hay trama sino esquicios, porque cuanto menores sean acción, nudo y desenlace, mejor será; no hay gravedad de propósitos, porque es diversión, aunque esa diversión se cobije en el relativo misterio de una palabra ajena a nuestro idioma. El espectador busca la sustancia y no la halla, busca el entretenimiento; quiere encontrarlo con la agilidad y la expresión, y halla movimiento y chillidos. Los episodios fluyen, las escenas se siguen, los actores intercambian lugares y acciones con facilidad, hasta con ritmo. Esta parte del trabajo de la directora Marisa Bentancur es perfecta: lo único a lamentar es que ese mecanismo de relojería no funciona. «Pervertimento» es como esas máquinas que vemos en los cuadros de Franics Picabia, que para nada sirven, o como esos aviones a escala, pacientemente armados con madera balsa y papel de seda, pero que no logran remontar vuelo.

Como siempre en Sanchis Sinisterra, sobran palabras, palabras: un mar de palabras sin sonido ni furia. Fernando Amaral pone calor y temblor; por él adivinamos, más que vemos, el drama del actor. El resto, para nuestra percepción, naufraga en el tsunami verbal del texto. *

Pervertimento y otros textos para nada (1. Ahí está, 2. Al lado, 3. Monológico, 4. El otro, 5. Discronía, 6. La espera, 7. Casi, 8. Espejismos, 9. Otaler I, 10. Otaler 2, 11. La puerta y 12. Abandonados) de José Sanchis Sinisterra, por el grupo teatral Proscenio, con Fernando Amaral, Carolina Alarcón, Gabriela Quartino, Fabiana Sánchez, Gabriela Fumia, Néstor Rizzo, María José Pedraja, Rosina Piovani, Natalia Casanova, Jimena Etchandy y Carlos Rompani. Ambientación de Dante Alfonso, vestuario de Verónica Lagomarsino, iluminación de Raquel Ortiz, dirección y puesta en escena de Marisa Bentancur. En teatro El Tinglado.

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