Neuronas y neurosis
LOS COSTOS DE LA TELEVISION DIGITAL
El futuro, inevitable, cambio de la actual televisión analógica por la digital tendrá que llegar luego de decisiones políticas que supondrán algunos dolores de cabeza para las autoridades.
Si entre los beneficios que otorga el nuevo sistema se encuentra la mejor imagen, la interactividad, la movilidad, ello con lleva asimismo problemas varios.
Uno de ellos es que habrá que mantener la libre recepción, la gratuidad de la misma, sin que se produzca el manipuleo de esa transformación para iniciar el cobro disimulado de los servicios. Claro que en el mundo se practican, ya medidas intermedias, con el uso de decodificadores –que se cobran y se cobrarían también aquí– que permiten la recepción de las imágenes digitales en televisores analógicos, eso no servirá cuando se comience a emitir totalmente en digital porque su televisor tendrá como único destino el pasar a ser una reliquia, un objeto de museo para el recuerdo de un presente. hasta ahora, la televisión abierta, por tierra, implica para el usuario el único gasto de la compra de un aparato y la instalación, en zonas muy edificadas de antenas que permitan captar la onda analógica directa y así se evitan las interferencias, las nieblas, los fantasmas.
MAYORES COMPETENCIAS
Debe recordarse que los actuales canales abiertos solo cubren sus costos a través de la venta de publicidad y quizás, en pocos casos, por aportes de organizaciones políticas o religiosas. En otros países, no en Uruguay, se puede recuperar alguna inversión a través de la venta al extranjero. pero no será suficiente y siempre importará contar con el mayor porcentaje de teleaudiencia como motivadora para captar las más cuantiosas y sabrosas órdenes de publicidad.
La televisión por cable, al igual que la satelital, que alimenta sus arcas con el cobro de sus servicios, ofrecen mejor imagen y más canales y poco a poco se está constituyendo en un potencial consumidor y para sus cableadores uruguayos. Equital, es una fuente de ingresos muy cómoda. Estos deciden en forma inconsulta qué canales debemos ver y además de las ingenian para crear áreas diferenciadoras como los llamados canales «Premium» y los «pay per view». pero si se reglamenta la gratuidad digital, como debe ser, libre y gratuita recepción, se justifica el actual quietismo de los empresarios que buscan, por todos los medios, retardar lo máximo posible ese pase a la digitalización. Porque cuando llegue el momento se deberá resolver la puesta al día, el cambio de los equipos, sí o sí, porque como ya informamos, no habrá retorno y estaremos obligados a seguir a nuestros países vecinos hasta por una razón lógica: cuantos más países tengan un sistema en común será menos costosa la compra de los equipos necesarios, argumento que también será muy válido para los televidentes ya que al tener que cambiar los televisores como los video grabadores, si bien en el inicio serán caros, luego la masividad del sistema que se elija traerá como consecuencia el abaratamiento de los gastos caseros.
LOS VIEJOS Y LOS NUEVOS
De todas formas, los emisores tendrán que hacer bien los números. Habrá algunos que no querrán inversiones tan altas y decidirán abandonar sus emprendimientos. Esto lleva muy estrechamiento a otros dilemas para el gobierno. Si alguien deja su ancho de banda porque no quiere seguir, el Estado deberá ahí decidir (¿Cómo?) a quién otorgar la concesión de ese espacio vacío. Y, otra de las cuestiones ligadas a la digitalización está en que ella provoca la compresión de la futura onda binaria ya que en el mismo ancho de banda se pueden ubicar cinco señales o más y, además, la separación de los canales es mínima por lo que podrán crearse decenas, cientos de nuevas frecuencias emisoras y ello supondrá para quienes entren en este campo pensar en una mayor competencia y un reparto de la torta publicitaria en porciones muy pequeñas que, quizás, no sean tan redituables como lo son hasta ahora. Y de nuevo el problema del Estado: ¿A quién se le conceden las frecuencias?
Alguien podría señalar que los actuales empresarios tienen, por el simple hecho de estar emitiendo en estos momentos, la seguridad de contar con su lugar ganado de antemano pero otros podrían recordar que los permisarios de televisión y radio son, en derecho aunque los hechos digan lo contrario, concesionarios por tiempo limitado y podrían cancelarse esas, hasta ahora, vías de comunicación que se han transformado en Uruguay en hereditarias o en vendibles a quien quiera sin que el Estado tome intervención.
Y se vuelve a la cuestión de quienes serán los futuros comunicadores televisivos y si el Estado no asumirá un papel más concentrador y tomará sobre sí la mayor cantidad de vías.
El tema del sistema a adoptar por los uruguayos está en pañales. La URSEC, sin embargo, organiza el próximo jueves 9 un seminario en la Torre de Comunicaciones de Antel en el que tanto los estadounidenses, europeos y japoneses abrirán sus carpetas y buscarán explicar todas las ventajas sobre los otros. Es que hay mucho, mucho dinero en juego. Brasil dio el primer paso, adelantó su afán de conquista, y los nipones parecen llevar las de ganar. Pero nadie aparece como muy conforme con lo hecho por los brasileños. Habrá que ver. Y esperar. *
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