La voz interior y otros cuentos

La denominada generación del 45, un fermental grupo de pensadores de visión hipercrítica que desde la prensa escrita y el arte cuestionaron duramente a las generaciones que los precedieron, establecieron una ruptura con el paradigma cultural e intelectual predominante en la época.

Entre las figuras emblemáticas que pertenecieron esa elite, podemos destacar a personalidades de la enjundia de Angel Rama, Mario Benedetti, Arturo Sergio Visca, Líber Falco, Emir Rodríguez Monegal, Carlos Quijano, paladín de la prensa independiente desde su tribuna del semanario Marcha, y profesor Domingo Bordoli, autor del libro que nos ocupa.

Estos personajes de real excepción dieron a conocer su pensamiento a través de las revistas “Número” y “Asir”, que se publicaban con el mencionado semanario, y en editoriales como Alfa y Ediciones Asir, además de las nacientes Arca y Banda Oriental.

Domingo Luis Bordoli Castelli (1919-1982) fue uno de los más destacados impulsores de aquel movimiento intelectual y literario, que procuró demoler a muchos de los aparentemente inamovibles referentes culturales del momento.

Destacado profesor, publicó un único libro de cuentos, “Senderos solos” ( 1960), del cual “La voz interior y otros cuentos”, de reciente edición, rescata una amplia y rica selección.

Bordoli dio con esta obra un renovado impulso a la literatura costumbrista, recurrentemente poblada por personajes estereotipados y protagonistas de crudas realidades muchas veces desdramatizadas por un enfoque humorístico o picaresco.

En “La voz interior y otros cuentos”, los protagonistas son seres anónimos, aparentemente grises en sus conductas y existencias, pero que igualmente atesoran una notablemente ricos, gracias a la minuciosa y despiadada radiografía psicológica a la cual los somete el autor.

El insigne escritor y educador maneja como marco de la acción los ambientes habituales en la literatura costumbrista. Sin embargo, bajo su escrutadora lupa, podemos apreciar la desolación y el dramatismo que se oculta entre la exuberancia y la belleza natural de nuestro campo.

Esta selección incluye historias de desgarrador dramatismo lindante con la tragedia, como “La golondrina”, una historia rural sencilla, de personajes que están tan habituados a sufrir que son prácticamente incapaces de lamentarse de su destino.

En esta honda narración, el paisaje actúa apenas de desdibujado marco de fondo para concentrarse en los personajes, en los gestos y las voces mínimas que revelan el desgarro espiritual y el azote del dolor, más allá de la rutina cotidiana del habitante de nuestra campaña.

La soledad de los niños que han perdido a su madre, se suma a la dureza de las tareas campesinas, presentadas sin el habitual tono panfletario, muy común en la narrativa costumbrista que suele reivindicar la ignorancia y la pobreza como elementos indisolublemente ligados a la tradición y la identidad rural.

El interior del país, con sus pueblos de pocos habitantes, su transcurrir lento y rutinario, sus leyendas y creencias, su música y costumbres tan alejadas de las expresiones de los centros urbanos, cobra, en la pluma de Bordoli, un atractivo inusitado, como si estuviéramos viéndolo todo por primera vez, a través de sus ojos.

“La luz del hogar”, otra de las pequeñas joyas que compone esta breve antología, es también una obra en la cual la desgracia tiñe cada acción y cada personaje.

Bordoli retrata una angustia inexorable, casi corpórea, que puede observarse en los ojos de la gente si se sabe ver. Para él, nadie puede conocer verdaderamente al otro, sino sentirlo en su aflicción.

La narración adquiere por momentos un lenguaje descriptivo que linda con el surrealismo, quizá como una forma de expresar la alienación de los personajes que habitan los relatos.

La imágenes de las que se vale el escritor para recrear el ambiente de sus historias, son poéticamente subyugantes, metáforas que rompen con lo convencional en el género narrativo.

A través de su obra, Domingo Bordoli nos acerca un mundo poblado por seres cotidianos que viven con sus penas a cuestas, aguardando ser rescatados de la ignorancia y el olvido. *

(Ediciones de la Banda Oriental)

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