Crónica anunciada de una separación
De todas maneras lo realmente importante, más allá de estas licencias poéticas, es confirmar la capacidad narrativa de Noah Baumbach y su ojo crítico para fotografiar los sinsabores cotidianos de una realidad doméstica off Hollywood.
La propuesta, basada en su infancia en Brooklyn, traza un corte minimalista sobre la vida de una familia que se desintegra y los efectos colaterales que este suceso doméstico ocasiona en cada uno de sus integrantes. Sin estridencias, efectos lacrimógenos ni golpes bajos, el relato fluye en forma mesurada a través de un registro en borrador de estas pequeñas historias con minúscula. Lo que la cámara radiografía puede funcionar como pequeño espejo de muchas existencias sin maquillaje. En este caso se trata de un intelectual que tuvo su cuarto de hora como novelista reconocido aunque ahora sobrevive dando clases mientras su futura ex esposa comienza una ascendente trayectoria periodística y los probables celos comienzan a hacer mella en la relación de pareja. Con buen oído para los diálogos, Baumbach elabora un guión sintético y preciso que tuvo su nominación al Oscar en la reciente entrega de premios y delata esas procesiones interiores de los personajes que desfilan por pantalla. Son pequeños detalles que dan siempre en el clavo gracias, además, a la pericia de un elenco que encuentra el tono justo en cada secuencia. En este sentido resultaría inoportuno subrayar un desempeño puntual (aunque Jeff Daniels ofrece el mejor trabajo que este cronista le haya visto en el celuloide) porque todos logran un nivel de excelencia en sus composiciones, como entendió el jurado estadounidense que otorgó el Gotham Award al mejor desempeño colectivo en una película.
Ambientada a fines de la década del ochenta pero perfectamente ubicable en cualquier momento de nuestro diario vivir, estas Historias de familia se ubican muy dignamente dentro de las mejores propuestas del cine independiente norteamericano de los últimos tiempos. Con un ojo clínico insuperable para marcar con precisión tanto las perturbaciones adolescentes de los hijos como las idas y venidas del matrimonio en crisis, la dirección redondea un trabajo que también ha conseguido merecidas distinciones como el Premio del Festival Sundance.
Es la misma mirada que capta el detalle (in)trascendente a modo de aguda referencia emblemática mientras la supuesta ficción pasa como probable reflejo de buena parte de la platea. Es una pequeña gran película y merece verse aunque no haya persecuciones espectaculares ni tiros. Ocurre que los efectos especiales van por dentro. *
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