Columna de FUTI
En este momento de problemas económicos, donde vemos que cada vez más gente se queda sin trabajo y donde la preocupación fundamental es si la plata nos alcanza es indispensable estar dispuestos al cambio.
No se puede dejar de lado la solidaridad que todavía hoy en día los uruguayos tenemos. Sin embargo la costumbre nos acostumbra a ser cada día más indiferentes. Lo notamos en un ómnibus donde si estamos leyendo un artículo de una revista ni siquiera levantamos la vista cuando sube una persona pidiendo la colaboración para la olla familiar. Ya el pregón lo sabemos de memoria (literalmente), y presuponemos que lo que se dice es mentira. Nos molesta que interrumpan nuestra lectura y pregonamos la frase: «Yo a éstos no les doy, que vayan a trabajar si quieren plata».
Sin embargo no creo que a alguien le guste mendigar en un ómnibus, en la calle, etc. Es duro además ver a la salida de una popular hamburguesería a niños pidiendo «algo que sobre», pidiendo además a niños que acaban de disfrutar de las instalaciones con todo lo que ella ofrece. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Decirles que no tenemos nada? ¿Decirles que no molesten?, ¿Sacarlos a empujones? ¿Sentirnos culpables?
Creo que la solución no la tenemos nosotros. Pero sí tenemos que estar dispuestos a cambiar de actitud con respecto a los demás. Los demás no son solamente los niños de la calle, los demás son todos los que no somos nosotros.
Ahora bien, después de esta exposición que todos conocemos y que sin duda hemos experimentado en más de una oportunidad, también en otros ámbitos se nota la pereza al cambio y el individualismo. No se puede generalizar si no estaríamos entrando en la rigidez de pensamiento que no hace bien a nada ni a nadie.
Ustedes seguramente han escuchado hablar del grupo Les Luthiers, permitan saltar de un lado a otro del charco y del tema para poder entender hacia dónde apuntamos. Les Luthiers cumplieron 33 años de trayectoria ininterrumpida. Como sorpresa en la función de teatro que estaban llevando a cabo se presentaron figuras del espectáculo para brindarles el mejor regalo que le podían ofrecer, su arte. Interrumpieron la función el señor Pinti, la señora Norma Aleandro y el señor Julio Boca, bailaron y actuaron para ellos ante la sorpresa de los integrantes de Les Luthiers. En ese momento estos artistas que todos conocemos dejaron de lado el pensar en sí mismos y pensaron en los demás, los agasajaron y mimaron de una forma conmovedora, y los únicos protagonistas eran estos monstruos admirados por todos.
Nosotros podemos pensar, ¿qué tiene que ver esto con los niños de la calle y el problema económico? Tiene que ver. La solidaridad no nos hace más buenos y la generosidad tampoco, y es tan valioso en este ámbito como en el otro. Cuando nos enojamos en el ómnibus porque la viejita nos rompe las medias de nailon con las múltiples bolsas que lleva, no estamos siendo tolerantes y cuando vemos que un grupo de teatro nos necesita y miramos para el otro lado, tampoco.
Aquí en Uruguay existe un grupo de Pantomima que se llama Mimonarcas, uno de los pocos grupos de pantomima que existe en nuestro medio. Ellos en el mes de agosto cumplieron quince años ininterrumpidos de trayectoria, no solamente en las tablas sino en salones de clase donde enseñan lo que saben y dan la posibilidad a mucha gente, de una fuente de trabajo.
Para festejar esos quince años están haciendo funciones en la sala de Arteteatro, nadie sabe que cumplen quince años; sólo los más allegados. No recibieron ningún homenaje por parte de sus pares. Tampoco les está yendo bien con las funciones. Claro, no se puede comparar a un grupo uruguayo con uno argentino y tan famoso… ¿Por qué no? De repente en Argentina a los Mimonarcas en sus quince años les hubieran hecho algún homenaje.
Estamos en falta los artistas, no fuimos solidarios. Está en falta el público ya que no va. En fin, estamos en falta por no dedicarnos por lo menos en el momento que estamos en la ducha a pensar un poco en los demás. Creemos que dedicando cada uno de nosotros por lo menos media hora en el día de 24 a pensar en los demás, las cosas serían distintas.
Nosotros como artistas debemos hacerlo. El niño que pide en la calle también, el guarda de ómnibus, la viejita que sube al mismo, los escolares y por supuesto el gobierno. Ya que sabemos que las soluciones mágicas no existen, empecemos por nosotros. No nos quedemos en «a mí no me mueve nadie». «Yo nací así y así me voy a morir». Debemos estar dispuestos a los cambios, los artistas no vivimos en una burbuja ni somos especiales, también debemos estar dispuestos a dedicarnos un momento a los demás grupos.
Nosotros desde nuestro grupo les deseamos a Mimonarcas felices quince años ininterrumpidos de tablas. También estamos dispuestos a ser tolerantes con los que nos rodean y con nosotros mismos. Que así sea.
Grupo de Teatro
Monteamérica
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