Juglares, comediantes, cómicos
Jorge Arias
La situación es graciosa, D’Angelo la atiende con chispa y con la suficiente crítica sobre la desesperada lucha por la intimidad en este mundo de hoy, donde, ay, estamos tan comunicados. Las tentativas de Esteban de continuar su lectura sin mengua de la urbanidad, y la necia tenacidad de Peregrino configuran una escena teatral válida; pero el teatro se agota allí, y D’Angelo, ya no tan «Esteban», que no escatima material a su público, se empeña en una seguidilla de chistes a dúo, aquí con Guarnerio, más que con «Peregrino», que, aun siendo a menudo eficaces, se colocan fuera del teatro.
Dos nuevos personajes permiten conocer a un actor muy promisorio (Luis Alberto Carballo), pero los episodios que agregan, como el del fallido asalto, transitan entre el lugar común, las memorias del mismo D’Angelo, con su evocación del cine y sus notorias habilidades como imitador, que tienen su punto culminante en la parodia de Shakira. El público adicto a D’Angelo, que suele colmar las instalaciones de El Tinglado, premió con sostenidos aplausos su labor, y hay que convenir que el autor e intérprete, con una dedicación y una seriedad que deben destacarse, hace todo lo necesario y bastante más para cumplir con las exigencias de sus espectadores.
Acróbatas de Eduardo D’Angelo, interpretada por el autor, Luis Guarnerio, Luis Alberto Carballo y Nelson Burgos. Sonido y luces de José Luis Mostarda, música de Carlos García, dirección de Hugo Blandamuro. En Teatro El Tinglado.
Compartí tu opinión con toda la comunidad