Arte

Madí, 60 años de perdurabilidad

Entre el 3 y el 6 de agosto de 1946, se realizó la Primera Exposición Madí. Tuvo lugar en el Instituto Francés de Estudios Superiores de la calle Florida, Buenos Aires. Participaron Carmelo Arden Quin, Gyula Kósice, Rhod Rothfuss y Martín Blaszko, entre las figuras mayores, acompañados de otras menos significativas, algunas amparadas en seudónimos. A fin de año, en la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (Aiape), de Montevideo, en la Primera Exposición Madí Internacional, se incorporó Rodolfo Uricchio. Esos nombres constituyen el núcleo histórico de Madí que, salvo Rothfuss, están vivos y actuantes.

Los antecedentes de Madí se remontan a las vanguardias rusa de los años diez y veinte (Tatlin, Malevich, El Lissitzky, entre otros), húngara (Moholy Nagy), holandesa (Mondrian, van Doesburg) y la Bauhaus alemana, conocidas a través de humildes reproducciones de revistas y de Joaquín Torres García a su regreso a Uruguay en 1934.

Así, nacieron en Buenos Aires agrupamientos premadí, con la revista Arturo (1944) y el grupo Arte Concreto Invención (1945) con Tomás Maldonado, Raúl Lozza y Lidy Prati, para posteriormente escindirse en otros agrupamientos y denominaciones. De cualquier manera, los unía la voluntad de no representación de la realidad inmediata y la construcción geométrica del cuadro. Un cuadro que, desde la concepción madí, ya no debía existir pues «No es sostén y menos terminación de la pintura, es a lo sumo una industria de carpintería atrasada que los pintores adoptan aún», adoptando el marco recortado e irregular, la pintura articulada, la escultura móvil y articulada, abarcando todos los lenguajes (arquitectura, decoración, poesía, literatura, música, danza, teatro), reivindicando el pluralismo en un arte de todos y no para todos.

Kósice acaudilló madí desde Argentina y Arden Quin desde París. El primero con actividad frenética e incansable y el segundo, más tarde, aglutinado artistas de numerosos países hasta constituir una real internacional madista que perdura hasta hoy. Museos de Dallas, Estados Unidos, La Plata, Ceará, Brasil, dedican amplio espacio a las obras madí.

Ambos cofundadores de Madí, separados y enfrentados por infantiles diferencias e inútiles agravios, hoy parecen acercarse para recordar juntos una fecha histórica de una corriente estética original del Río de la Plata (se extendió a Colonia del Sacramento con la incorporación, primero y por corto tiempo, de María Freire y luego del escultor Horacio Faedo, y más tarde, de otros dos uruguayos, Bolívar Gaudín y Volf Roitman, y antes aún, Antonio Llorens). Madí atrae a coleccionistas de Suiza y Francia, mientras que otros particulares (Pedro Blaquier, Costantini, Sofia Muller en la capital porteña) poseen obras importantes desde hace largo tiempo, los museos uruguayos carecen de obras de esos vanguardistas históricos. Es el momento de repensar el arte nacional en función de un aniversario a tener en cuenta. Porque desde 1995, fecha en que el Museo Torres García, presentó una breve antología de Madí, con la presencia de Arden Quin, nunca más se repitió. Es una asignatura pendiente con la historia del arte nacional y con las nuevas generaciones. *

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