Entretenimientos montevideanos
La que el tema será superficial, el entretenimiento superficial y el efecto en los espectadores epidérmico, las piezas idean sin pensarlo dos veces y se escriben de un plumazo. Por una errónea sobrevaluación de la espontaneidad y la fluidez, falta la revisión crítica que, suprimiendo lo inútil, haría concisa la escritura y más llevadera la puesta en escena. Más de uno de los autores de estas obras ha intentado el teatro de arte; ha encontrado mala respuesta del público. Sospechamos que en la relación amor-odio que puede establecerse entre autor y público la reacción de los espectadores pesa demasiado, y la consigna, para el futuro, parece haber sido que si el arte nace a la luz de una lámpara de sacrificio, evitemos todo sacrifico, porque esto no es arte.
Los autores ponen sus ojos y su memoria en las obras que han tenido éxito de público en el pasado. No es malo como referencia; pero sin excepción ha conducido a que nuestra escena padece una ausencia desoladora de toda novedad. En materia de sexo, por ejemplo, nuestra sociedad ha evolucionado; pensaríamos que eso se reflejaría en el teatro; todas las obras que examinamos podrían haber sido escritas en 1940. Lo que se refiere al sexo es pacato y sobre todo muy coartado en la actuación: en este punto, con la única excepción de «Hamlet García», dirección de Alfredo Goldstein, parecería que nuestros actores jamás podrán alcanzar, ni el desparpajo soberbio de los argentinos ni la soltura de los brasileros. Escenas como las de «Kassandra in process», que se ofrece en Porto Alegre, no se pueden ni siquiera intentar. En materia política todas las obras de nuestra escena son apolíticas, aún las que rozan el tema, lo que ya es toda una política de conformidad con el orden establecido. Si escribimos que durante la dictadura del general Baldomir se representó sin problemas una obra de teatro que lo tomaba en solfa, los lectores creerán que es una broma. Nos ha resultado sorprendente que en la contemporánea «Malezas» de María Pollak, que se exhibe en sala Verdi sea una mujer muy joven que toma una actitud de renovación y autenticidad: por el contrario, las actitudes contestatarias, el cuestionamiento de los valores sociales de moda, la decisión de vivir en rebeldía no se encuentran en los jóvenes sino, a veces, en los mayores de cincuenta o sesenta años. Lector, si esa es tu actitud, no intentes ya disfrutar el teatro de arte, suponiendo que exista; tus afinidades electivas son los shoppings con sus luces, sus guardias de seguridad y sus promociones y los pubs de la Ciudad Vieja.
En cuanto a la originalidad, también está desterrada de nuestra escena. «La mato porque la quiero» es un centón hecho con el recuerdo de «La luz que agoniza» y «Pacto siniestro»; así y todo es la única cuyo argumento es algo más que infantil. «Envueltos en Victoria» recurre al esquema del triángulo amoroso; «Bendito tú eres» es una mezcla heterogénea del show del animador que hace preguntas al público con las aventuras de una especie de Casanova criollo y algunos esquicios eróticos que, no faltaba más, son púdicas sombras chinescas. «Busco al hombre de mi vida» es todavía más simple: no es teatro, sino chistes en acción dichos en una sala teatral.
Resta examinar la diversión que estas obras podría proporcionar. Es posible que hayamos visto demasiado teatro, pero tanto «Envueltos en Victoria» como «Bendito tú eres» nos aburrieron. Ello no ocurrió por la idea que ambas piezas intentan, sino por la forma descuidada de la realización: «Envueltos en Victoria» no puede lograr que la charla se condense en diálogo y «Bendito tú eres», mayormente un monólogo, se demora en divagaciones. «La mato porque la quiero», en cambio, respeta más al público (dirección de Franklin Rodríguez) y no le da tregua. «Busco al hombre de mi vida» tiene el aliciente de tres buenas actrices (Silvia Novarese, Laura Sánchez y María Elena Pérez). Nos fue grato verlas, con su seguridad para la escena, su sobriedad, su sentido exquisito de la oportunidad y los matices: pensamos que pueden hacer cosas mejores, pero esta obra ha sido su elección. La pieza (dirección de Jorge Denevi) es la única cuya puesta en escena no ofrece baches. No obstante todos estos méritos, las observaciones sobre el comportamiento femenino son lugares comunes y los chistes viejos.
En todas las piezas hay actores valiosos, directores expertos, escritores con mejores libretos. No comprendemos por qué, si es por mera pereza o por perversa afinidad con el error, que se hace lo menos, pudiendo hacerse lo más.
Bendito tu eres entre todas las mujeres, de Marcelo Viera, por el Centro de Investigación Teatral Prometeus, con Diego Borjas, Pilar de León, Marina Sosa, Lucía Ichusti, Luciana Vieytes y Marcelo Viera. Luces de Alberto Laxague, dirección general de Marcelo Viera. En Asociación Cristiana de Jóvenes.
Busco al hombre de mi vida (marido ya tuve), de Daniel Di Segni y Andrés Tulipano, con Silvia Novarese, Laura Sánchez y María Elena Pérez. Música de Alfredo Leirós, diseño de arte de Nelson Mancebo, luces de Leonardo Geicher, dirección de Jorge Denevi. En teatro del Centro Carlos Eugenio Scheck.
Envueltos en Victoria, de Javier Mazza y Christian Zagia, con Mauricio Pais, Gerardo Rojas, Diego Cowks y Valentina Faggi. Luces de Román Varela, escenografía de Selva Fernández, sonido y dirección general de Javiert Mazza. En el club de comedias Old Mazz.
La mato porque la quiero, de Franklin Rodríguez, con Nathalie Bendelman, Franklin Rodríguez, Natalia Bermúdez y José María Novo. Escenografía y vestuario de Luis Millán, luces de Gonzalo Rodríguez, sonido y música de Gonzalo Quinteroe y Juan I. Novo, dirección de Franklin Rodríguez. En Teatro El Tinglado.
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