EL POLIZON, DE MARY VAZQUEZ, EN EL TEATRO DE AGADU

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Si quisiéramos dar un ejemplo de múltiples sugestiones y significados, lo que suele condensarse en la palabra «magia», el romance del infante Arnaldos, con su progresión fantástica y la canción del marinero proveería uno de los mejores. El efecto de suspender el ánimo y elevarlo que produce la canción debe relacionarse con el barco fantástico, hecho de seda, oro y coral.

Que las aves del cielo desciendan y se posen en el mástil nos recuerda el sentido místico, de «dones espirituales», que tienen las aves y los nidos en la parábola del grano de mostaza (Mateo, 13, 30-32); en cuanto a «los peces que andan a lo hondo/arriba los hace andar», la iluminación de los seres que viven en el mundo de las profundidades parece tener un sentido analítico tan claro, acorde con el sentido de revelación del romance, que pensamos que con mucho menos C.G. Jung haría todo un capítulo; en cuanto a las tres partes del ser, lo espiritual, lo corporal y la conciencia, rompe los ojos la semejanza con la psicología de los estoicos. Vázquez no ha ocultado su inspiración; hasta ha dejado, ex profeso, huellas que señalan al viejo romance. Así el protagonista se llama Arnaldo (Emilio Gallardo), la acción, por lo menos en parte, sucede el día de San Juan y en un momento crítico, el joven Arnaldo obtiene del marinero Gaiman (Bernardo Trías) que cante la canción, que apacigua las aguas y salva dos vidas, aunque el marinero guarda, ahora para siempre, su secreto.

Este enlace del pasado con el presente, o por lo menos de un suceso que creemos sucede en el siglo XIX con un romance anterior al siglo XVI, confiere a la obra un sentido histórico y aún trascendente. La búsqueda de lo desconocido y peligroso, por parte de Arnaldo, y de lo imposible por el capitán Johnston (Washington Sassi) es un constante honor de la humanidad, a través de los siglos; y hasta quienes participan en la acción de modo lateral, como Archieri (Miguel Cereceda) y Anita (Stella Cuña), funcionan como un puente, como una más fácil transición entre la realidad y el sueño, entre los arriesgados aventureros y la sosegada platea.

La escritura es muy precisa y pulida. Si debiéramos formular una comparación entre la prosa de Vázquez y la que desdichadamente parece normal en nuestras escenas, diríamos que es brillante. Las frases vienen a cuento, no detonan ni pierden fueza con trivialidades; cada personaje tiene su dicción propia. El único reparo que haríamos, quizas para huir del favor a priori que nos inspira cuanto provenga del Romancero y mucho más aún del romance del infante Arnaldos, es que no encontramos un conflicto. Ciertamente, no hay una ley que obligue a construir una obra de teatro sobre un conflicto, pero la fueza de las tensiones opuestas, de las que el romance es un buen ejemplo, daría a la escena una vitalidad que Mary Vázquez está en condiciones de proveer.

La puesta en escena de la misma autora y la interpretación, muy cuidada y expresiva, están a la altura de las bondades del libreto. *

EL POLIZON, de Mary Vázquez, por el grupo La Quin5ta., con Emilio Gallardo, Stella Cuña, Miguel Cereceda, Washington Sassi y Bernardo Trías. Escenografía y vestuario de Elbio Ferrario, música, sonido e iluminación de Gabriel Corina, dirección de Mary Vázquez. En teatro de Agadu.

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