Neuronas y neurosis

Apagones televisivos

La televisión en Uruguay está a la espera. Se viene uno de los grandes cambios, según muchos el más importante desde su lanzamiento, aún superando al ingreso del color. La televisión analógica ya tiene firmada su partida de defunción y se aguarda el amamantamiento y crecimiento de la televisión digital.

Falta poco, para algunos, y mucho para otros. Pero la televisión abierta o terrestre  en Montevideo los canales 4, 5, 10 y 12 y los canales del Interior , que es gratuita, está a punto de morir y ser sustituida por la tele digital. Los más críticos al cambio sostienen que con ello se irá definitivamente a una televisión paga.

La Ursec intenta conocer a fondo cuáles son las ventajas de este nuevo sistema y todas sus derivaciones. Pero no es, en realidad, una decisión que nuestro país deba tomar por si solo ya que lo ideal sería la uniformidad del continente, uniformidad que está siendo atacada por muy apetecida por los tres generadores del cambio.

 

La digitalización obliga

Los intereses son muchos y hay tres normas en juego. Por el lado estadounidense se tiene el sistema ATSC (Advance Televisión Systems Comité). Los europeos procuran, fundamentalmente a través de la BBC, Nokia, Siemens y Philips, imponer el DVB-T (Digital Video Broadcast Terrestrial). Los asiáticos, con Japón al frente, tienen su propia regla, la ISDB (Integrated Service Digital Broadcasting). Los entendidos precisan que cada patrón tiene sus ventajas aunque el que parece perder la batalla es el generado en USA donde únicamente se da como prioridad la Alta Definición pero que no permite como los otros, por ejemplo, la aplicación de televisión móvil, ya sea ubicada en teléfonos celulares o en los automóviles.

Para los uruguayos el problema depende de las decisiones de los países vecinos y aquí Brasil ya dio el primer paso adaptando el sistema japonés, ISDB-T. La resolución norteña fue una hábil maniobra que procura lograr el dominio de la política comunicacional de todo el continente aun cuando Brasil, de antemano, estuviera obligado a resolver el problema previamente dentro del Mercosur. Es lo eterno. Semanas atrás el canciller de ese país, Celso Amorim, clamaba que Uruguay no podía firmar ningún Tratado de Libre Comercio ni siquiera como el que hizo con México si no estaban de acuerdo todos los miembros mercosureños. En este caso, Lula olvidó a sus países socios y por sí, sin importarle nada lo que opinasen los demás, movió sus piezas para asegurar su predominio y además para ganar royalties a cobrarle a sus vecinos como también el no pago de los mismos a los japoneses y además captar inversiones niponas para producir piezas que serán necesarias para la instalación en este continente. Así estarían asegurándose la llegada de capitales de Toshiba y Samsung.

 

El adiós analógico

La desaparición de la televisión analógica demorará años, quizás no tantos como creen los propietarios de canales uruguayos, pero llegará sin retorno. Se producirá, indefectiblemente lo que se ha llamado «el gran apagón» o sea el momento en que todas las trasmisiones dejarán de ser analógicas y pasaran a ser digitales sin excepciones.

Los países desarrollados están en este asunto desde hace más de una década y los pasos dados no son firmes, uno para adelante, otro para atrás, más bien son acuerdos para no generar un caos pero tarde o temprano la actual emisión analógica será sustituida por la digital.

Ya hay áreas con digitalización pero en estos casos se mantiene el sistema paralelo de transmisiones analógicas a la espera que los consumidores finales hayan logrado el plan recambio, cuestión que no está siendo tan fácil como se esperaba. Por ejemplo, Estados Unidos había pensado en iniciar toda su producción digital en el 2002 y tuvo que aplazarla hasta el 2009 y quizás más. En Japón se cree que en el 2011 estará todo pronto para darle la bienvenida a la nueva norma. La mayoría de los europeos planean que sea en el 2012. Aquí en Uruguay no hay fecha pero se está trabajando, por la decisión brasileña ahora casi condicionados a tomar similar opción. Los argentinos, que en principio habían adelantado estar a favor del sistema ATSC, de origen estadounidense, replantean embroncados ese apuro de Lula y quizás accedan a revisar su decisión y adoptar también la norma nipona-brasileña. Y así todo el resto de Latinoamérica.

 

Las grandes diferencias

La actual televisión analógica llega desde su emisión a través de una onda de líneas y puntos que atraviesa unidireccionalmente el espectro electromagnético en dos tipos de bandas, la VHF (Muy Alta Frecuencia) y que era el sostén de las viejas televisoras con canales solo del 2 al 13 y la UHF (Ultra Alta Frecuencia) que permitió ampliar el número de canales del 14 al 83.

La televisión digital surge de un sustancial cambio, la simple señal eléctrica se transforma en un sistema binario, o sea que los parámetros de la imagen y sonido se representan por números, usando únicamente los dígitos «1» y «0» y ello conlleva una serie de ventajas que transforman en obsoleta la producción analógica.

Hoy en día una señal de una televisora común ocupa un espacio del espectro radiomagnético de 6 Mgz y por eso debe recurrirse a separar los canales para que entre ellos no se monten y distorsionen, o sea no es recomendable en la televisión abierta la presencia de emisoras con numeración consecutiva, aunque en Uruguay si los haya como es el 4 y 5.

La digital admite que en un mismo rango de banda, seguimos por ejemplo en los 6 Mgz, se compriman las señales y por una sola de ellas puedan correr varios canales, multiplicando en algunos casos hasta por cinco la capacidad de emisión, o sea que podría haber un canal XX con cinco programas distintos, de contenidos distintos pero de la misma fuente productora. En aquellos países que ya tienen digitalizada parte de su emisión  ninguno produce, reiteramos, aún toda su programación digital  ocurren cosas curiosas como la posibilidad del televidente de ver un partido de fútbol desde cinco posiciones distintas y esto por el simple hecho de que cada canal transmite con una cámara en otra ubicación a los restantes.

Pero hay beneficios más directos. Se logra una mejoría sensible en la calidad de imagen y sonido, la Alta Definición o por lo menos similar a la que se alcanza actualmente en los DVD. Para lograr esto, además, se cambia el formato de la pantalla que hasta ahora es 4×3, o sea la relación ancho por alto, que da casi una forma cuadrada, por una más panorámica de 16×9, cercana a la de los cines.

Habrá, se supone, una mayor oferta de programas y un canal podrá proponer, en el mismo momento, telenovelas, deportes, dibujitos, películas, entretenimientos varios. Todo esto con la salvedad que ello no implicará un florecimiento de buenos contenidos. Sería, claro, un milagro y es difícil creer en ellos

La buena recepción se manifiesta en la inexistencia de interferencias, rebotes, lluvias o fantasmas. A ello súmele la chance de la interacción: ya no será un sujeto pasivo sino un consumidor activo que puede generar a su gusto lo que quiere ver, algo que la tele por cable ya está permitiendo en los casos de «Pay for view».

En todos lados, claro, se plantea el mismo problema. Piense en este Uruguay. Cabe imaginar una debacle. Porque usted televidente debería cambiar todos sus aparatos, calcule que si el apagón llega pronto y tiene más de un receptor deberá hipotecar sus dinerillos para comprarse nuevos televisores y grabadores, que sean rea
lmente 100% digitales y que serán, nadie lo niega, muy caros. Por lo que ahora, si tiene que pensar en un cambio, espere. Es que con un televisor analógico nunca podrá ver digital. No es como el pasaje del blanco y negro al color puesto que si no podía comprarse el último modelo podía mantenerse viendo las imágenes descoloridas. Ya no. Si no se digitaliza pero si las televisoras lo hacen, no verá nada. Así de simple: es todo o nada.

Pero si los problemas son grandes para los televidentes también lo son para las empresas televisoras terrestres que deberán cambiar todos sus equipos, desde las cámaras hasta su señalización. Quienes están alegres son las grandes fábricas de televisores que en un tiempo tendrán multimillonarias ganancias con el forzado canje. Pero esa es gente de otro mundo. Un mundo al que tres millones de uruguayos no les importa nada. *

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