Con Julieta Díaz: ampliando el perfil

Es una porteña del Barrio Norte. Comenzó a estudiar teatro a los 15 y a los 17 años ya figuraba en el casting de Bajamar, la costa del silencio, Hizo pequeños papeles televisivos en Nueve lunas, De poeta y de loco, Gasoleros y una pequeña actuación en La condena de Gabriel Doyle, de los hermanos Borensztein. Su popularidad, en realidad, la alcanzó en la pantalla chica por su participación en Locas de amor, 099 Central, Mujeres asesinas y Soy gitano. En su filmografía aparecen títulos como Déjala correr, Muñequita y La mano de Dios, un filme en preproducción donde interpreta a Claudia Maradona, ni más ni menos. Sensible y muy inteligente, Julieta también dijo lo suyo.

Aparenta una fragilidad que disimula la real energía que pone en sus personajes de ficción. Vestida como Wynona Rider en Beetllejuice, Julieta Díaz dio cuenta de una aguda inteligencia a la hora de las respuestas.

¿Cómo viviste esta experiencia cinematográfica junto a Daniel Burman?

– Resultó muy interesante. En principio porque es la primera vez que me toca actuar en el rol de una madre, se ve que antes no daba en el target. Luego estuvo la experiencia de «trabajar» con Eloy (el pequeño hijo de Burman), lo que supuso toda una etapa previa de relacionamiento.

¿Qué papel te parece que ocupan los personajes femeninos en sus películas?

– Es una buena pregunta. Creo que el perfil femenino, por momentos, funciona como una figura de apoyo y contención. A lo mejor parece que todo gira en las imágenes masculinas, como el tema de la paternidad. Pero la mujer está presente, de manera directa o indirecta, en el eje del acontecimiento. Algo de eso intenté transmitir en mi personaje.

¿De qué manera ha influido la televisión en tu carrera? ¿Has advertido cierta «contaminación»?

– Surgí de la pantalla chica y advierto cierta distancia con el trabajo cinematográfico. De todas maneras, el trabajo cotidiano frente a cámaras también te va puliendo y, muchas veces, necesitás de toda tu capacidad para «sostener» un argumento o la caracterización de un personaje. Algo de eso me pasó en la primera etapa de Soy gitano, por ejemplo. Por suerte, con Burman pude despegarme de algunos tics; creo que fue un proceso que resultó muy enriquecedor en mi formación actoral.

¿Con qué se va a encontrar el espectador que acceda a «Derecho de familia»?

– Creo que se va a encontrar con una propuesta auténtica y sugerente sobre los vínculos afectivos de las personas. Sin discursos ni explicaciones obvias, lo que ocurre en la película puede ir generando un proceso de identificación muy personal en la platea. Por lo menos fue lo que me ocurrió cuando la vi en pantalla. *

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