Tiene la palabra
Atropello en el transporte interdepartamental
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El día 25 de mayo de 2006 adquirí un boleto de la empresa de transporte Turismar S.R.L. con destino a Montevideo desde Batlle y Ordóñez, Lavalleja, pues viajaba por una consulta médica agendada con mi cardiólogo.
A la hora 20.30 abordé el coche con el boleto en la mano y por estar medicado con un sedante quedo profundamente dormido sin que hasta ese momento se hubiere acercado la azafata del turno a solicitármelo.
Próximo a la hora 23, soy despertado abruptamente por otra azafata del nombre Betina Fabiana Fernández Menies, quien me exigía el pasaje a viva voz y luego de cortarlo, descontrolada, comenzó a despacharse con una serie de insultos contra mi persona gritando que «me había hecho el dormido para viajar gratis», acusándome de «garronero», «Â¡bichicome ratero de supermercados!» y otros improperios que no recuerdo.
Mi reacción fue de total perplejidad, le expliqué que me había quedado dormido y que se calmara pues ya tenía la constancia en su poder y el hecho no daba para tanto.
Pero redoblaba sus insultos frente a todos los pasajeros que observaban atónitos.
Ante tal atropello le digo que actuaba fuera de lugar y le solicito que se retractara, pero me contesta que si seguía en mi actitud (¿cuál?) me haría bajar.
Y así sucedió, pues al llegar a la localidad de Santa Rosa el coche se detiene y suben dos agentes quienes me ordenan que los acompañe a la Seccional.
Mientras la Policía me pide los datos veo que la azafata sale corriendo por una puerta lateral, sube al ómnibus y arranca a toda prisa dejándome abandonado.
Sorprendido por la jugada recrimino esto al agente, quien contesta que la azafata les había dicho «que estaba viajando sin boleto y me negaba a pagarlo» (sic). De inmediato exhibo el mismo y éste exclama: «Pá, que c… nos mandamos!» (sic).
Las disculpas de poco consuelo me sirvieron. Llegué a Montevideo a las 2.30 de la madrugada gracias a un familiar que acudió a mi llamado.
Frente a lo expuesto yo pregunto: ¿Puede un pasajero que pagó su pasaje y cometió el error de quedarse dormido ser insultado y ofendido de esta manera? ¿Puede una azafata de una empresa dejar a una persona que estaba viajando por problemas de salud «tirado» en la carretera, de noche y sin saber si dispone de más recursos para trasladarse por sus propios medios?
Espero que esta injusticia no pase desapercibida para la empresa como no pasará por mí.
JULIO FAGUNDEZ – C.I. 3.678.470-3
La verdad de nuestro prócer
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El 17 de junio LA REPUBLICA se hizo eco de una propuesta de la diputada Kechichian, tendiente a que el Estado adquiriera la casa natal de Artigas sita en la esquina de Colón y Cerrito de esta capital, «… desestimando la versión que ubica al prócer naciendo en la localidad de Sauce, Canelones».
Hasta aquí de total acuerdo. Pero agrega la diputada que «… saliendo apenas de su niñez su padre lo llevó consigo a las estancias de Casupá, Chamizo y El Sauce». Con lo que se equivoca en último término la diputada, al igual que su correligionario el diputado Horacio Yanes, quien propone que los restos de Artigas sean llevados a El Sauce, según él, «… el lugar donde creció».
¡Por favor! Que ni a la quesería de El Sauce lo llevaban de niño ni mucho menos allí creció. ¿Habría que pensar que Artigas se hizo campero pialando y boleando las tamberas de la quesería? Predio que, sabido es, ingresó por herencia a la familia en el año 1776, cuando José había cumplido ¡doce! años de edad. Así, al menos, lo estableció en 1974 un familiar suyo, el prestigioso historiador Juan Alberto Gadea en «El ambiente hogareño donde nació Artigas», apartado del Boletín 132-135 del «Dep. de Estudios Histór. del E.M. del Ejército», sin duda el más afinado trabajo sobre la historia familiar del prócer.
Se puede leer allí que la tan manijeada casa natal se construyó entre 1780 y 1782, cuando José transitaba entre los dieciséis y los dieciocho años, pero mucho más aún, que éste recién pudo conocerla en 1797, cuando contaba nada menos que ¡treinta y tres! años de edad y conocía ya palmo a palmo todo el país.
Aparte de que su partida de bautismo establece que Josef Gervasio recibió óleo y Chrisma a dos días de nacido «… el veinte y uno del expresado mes» en nuestra Iglesia Matriz, también su partida de casamiento firmada por Larrañaga, lo declara «… natural de esta ciudad» (F. Bauzá, «Hist. de la Dom. Esp.» tomo V, p. 763, Clás. urug.).
Abreviando abundantes pruebas saltamos al 21 de junio de 1964, bicentenario del nacimiento, en que nuestro Poder Ejecutivo, con la firma de su ministro de Educación, prof. Juan Pivel Devoto, decreta la expropiación de los padrones montevideanos «… de la calle Colón números 1507 y 1511, y de la calle Cerrito número 299, predios donde estuvo emplazada la casa en la que nació el general José Artigas.
Y en ese mismísimo mes, en abierto desafío al referido decreto, las fuerzas vivas de El Sauce inauguraban en su plaza principal el actual monumento con la siguiente leyenda:
El héroe en el eterno/ bronce frente a su casa natal./ Comité pro monumento en el/ año de su bicentenario./ Junio 1964
Finalmente, bueno sería saber que el 19 de junio de 1907 nuestro Poder Ejecutivo y nuestras Fuerzas Armadas homenajearon a Artigas según pautas establecidas por los estudiosos de la vida del prócer y no por los que sólo buscan lucrar con su nombre, poniendo coto por fin a la grotesca parodia de los 19 de junio en El Sauce, a la que han colaborado ya demasiado tiempo.
J. G. P.
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