Arte

La Fundación Gulbenkian cumple 50 años

Tres años antes, en 1953, Calouste Sarkis Gulbenkian dejó el testamento que así lo estipulaba y nominó de albacea a su abogado portugués José de Azeredo Perdigao, encargado de dirigir los destinos de una de las más importantes fundaciones del mundo.

Calouste Sarkis Gulbenkian (1869-1955), magnate del petróleo (conocido por el apodo Mr. 5%, al quedarse con ese porcentaje de las operaciones petrolíficas que se realizaba en el área de Irak) nació en Estambul, descendiente de una ilustre familia armenia cuyos orígenes se remontan al siglo IV. Estudió ingeniería en el King´s College de Londres y su vida transcurrió en el mundo de las finanzas y del petróleo poniendo de manifiesto su inteligencia y su intuición para los negocios. Simultáneamente, se apasionó por el arte y acumuló una colección de excepcional valor por la calidad de las piezas elegidas. Amigos de escritores (William Saroyan, compatriota que lo visitó en el Hotel Aviz de Lisboa, hoy desaparecido, y de Saint John Perse), dejó las bases para un museo en Lisboa, finalmente inaugurado en 1969, luego de haber transitado desde París hacia la capital portuguesa, huyendo de la guerra inminente. La leyenda sugiere que la colección tenía como destino Estados Unidos y que, al pasar por Lisboa, Gulbenkian se enfermó y fue tan bien atendido por un médico local que al querer conservarlo, fijó residencia en la ciudad.

La colección estuvo muchos años en el Palacio Pombal en Oeiras, a pocos quilómetros de Lisboa hasta su traslado a la capital. Antes, había donado al Museo Nacional de Arte Antigua, varias obras notables (entre ellas, Retrato de la Infanta Margarita de Velázquez). La colección constituye, en síntesis, un panorama del arte oriental y occidental, a partir de estatuetas egipcias datadas 3000 años a. C. con una maravillosa cabeza del faraón Amenhamath, medallas y vasos griegos pintados, bajos relieves asirios, tapices, alfombras, trajes, libros iluminados, azulejos y lámparas provenientes Persia, Turquía y Siria (deslumbrante selección, única en el mundo), se adentra en la porcelana china y japonesa de los siglos XIV al XVIII, se demora en la pintura europea desde la época medieval hasta el impresionismo, con obras de Roger van del Weyden, Ghirlandaio, Rubens, Rembrandt, (provenientes del Ermitage ruso), Watteau, Fragonard, Gainsborough, Rommey, Turner, Guardi, Corot, Manet, Monet, Renoir, los prerrafaelistas ingleses, y una sala entera dedicada a las joyas de René Lalique, que quitan la respiración. Muebles y platería franceses de los siglos XVII y XVIII, acompañan la recreación de época. Es uno de los pocos museos que el visitante no se siente abrumado y sale con la voluntad de volver lo antes posible.

La responsabilidad de ese efecto se debe al montaje y la iluminación, complejos y variados (en el color, las dimensiones espaciales), la feliz integración de arquitectura y naturaleza (los jardines que lo rodean son de autoría del arquitecto Ribeiro Telles que estos momentos está a rediseñarlos), con zonas de descanso y reflexión.

En 1983 fue creado el Centro de Arte Moderno (CAM), enfocando la pintura, escultura, dibujo, instalaciones y videos portugueses del siglo XX, desde Amadeu de Souza Cardoso (con una producción similar a Rafael Barradas por la influencia de los esposos Delaunay, aunque de trayectoria más corta, al morir en 1918) hasta la actualidad, incluyendo las jóvenes generaciones.

A las exposiciones permanentes se agregan las temporarias (Muy recordable los tesoros del Museo de Bagdag, en los años sesenta) en ambas sedes, unidas por un parque enorme. Pero la Fundación Gulbenkian no se agota en la parte de artes visuales. La música (con orquesta y coro propios y ballet (disuelto hace un par de años, así como la revista Colóquio Artes, mientras continúa Coloquio Letras), la ciencia, el apoyo a becas de artistas e intelectuales nacionales y extranjeros, en todos los rubros, así como una nutrida biblioteca y restaurantes y cafeterías en ambas sedes, económicos y muy concurridos.

La Gulbenkian tiene (tuvo) un perfil bajo. En la época de la dictadura de Salazar supo manejar con habilidad los embates autoritarios y aún algunos que aparecieron después del 25 de abril con la Revolución de los Claveles, con la mano firme del timonel Azeredo Perdigao. En la actualidad, son numerosas las instituciones que apoyan la cultura y la ciencia con mayor resonancia mediática y la Fundación Gulbenkian, aparentemente, surge opacada o relegada en su misión. Nada de eso. Con la discreta actuación que la caracteriza sigue firme en su aporte cultural. Pues a partir de su existencia, la cultura portuguesa cambió de rumbo (la arquitectura del propio museo se opuso a los modelos imperantes) y lentamente, se vinculó a otras culturas, horadando el aislamiento internacional del régimen dictatorial. Y mañana festeja con sobriedad, el medio siglo de existencia. Parabéns. *

(Primera de una serie de notas sobre un viaje por España y Portugal)

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