Knut Hamsun llegó a El Galpón
Nunca pudimos extraer de esta fragmentaria novela sobre las monótonas desventuras en Christianía de un escritor hambriento (aquí Héctor Minini) que vive mayormente de sablazos y que concluye por enrolarse en un barco mercante ruso, sino esta misteriosa frase: «No podía hablarse de consciencia en la Edad Media: la consciencia fue inventada por aquel profesor de baile llamado Shakespeare». Es posible que en su momento (1917) «Hambre», con su escritor solitario, víctima de una sociedad en la que los intelectuales pesan poco, haya pasado por una acusación a la sociedad capitalista, aunque sobre supuestos ideológicos antiindustriales y en el fondo reaccionarios; hoy su personaje nos resulta mucho más patético que heroico y, sobre todo, más masoquista que orgulloso y digno.
Como escritor Hamsun no se decide jamás a sacrificar, ni la menor imagen, idea o palabra que le cruce por la cabeza, ni un solo metro de las calles que su personaje recorre e inútilmente describe; se demora en una tentativa del escritor de empeñar los botones de un abrigo y en múltiples intentos de sonsacar dinero a amigos y conocidos. Este culto del vagabundeo y esta adoración del vivir de arriba encontrarían eco en «Viaje al fin de la noche» de Céline; también en un escritor muy superior a ambos, Henry Miller, y entre nosotros en Juan Carlos Onetti.
La versión y puesta en escena de Dante Alfonso no parece plantearse ninguno de los problemas de la adaptación de una novela al teatro: elige episodios, los concentra, expande felizmente a la mujer que se enamora del escritor (Natalia Chiarelli), único punto en que la narración parece cobrar temperatura, mujer a la que Hamsun concede un espacio similar al de una irrelevante vendedora de pasteles. El estilo de actuación se aproxima al ballet (trabajo corporal de Ana Vázquez), y la obra parece más danzada que interpretada, quizás por aquello de que Shakespeare fue un profesor de baile; estilo que recuerda a las puestas en escena de Carlos Saralegui, como en «Cuatro caballetes» de Griffero. De los intérpretes diremos que la de Héctor Minini es una buena labor y que Natalia Chiarelli, que aspira a la perfección y va a lograrla, nos deslumbra más de una vez.
En 1945 Hamsun fue condenado en juicio por pertenecer al partido nazi del gobierno títere de Quisling, que gobernó Noruega bajo la ocupación alemana. No lo fue por traición, porque tenía 86 años. *
HAMBRE, de Knut Hamsun, en versión de Dante Alfonso, con Héctor Minini y Natalia Chiarelli. Escenografía y luces de Adán Torres, vestuario de Verónica Lagomarsino, música de Sergio Fernández Cabrera, trabajo corporal de Ana Vázquez, dirección de Dante Alfonso. Estreno del 21 de junio, teatro El Galpón, sala Cero.
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