Desmesura de los zoológicos
El surrealismo, como corriente emparentada con lo onírico, suele mostrarnos un entorno más emparentado con nuestro ejercicio de captación inconsciente del mundo que con nuestra más racional percepción sensorial.
De todas formas, los grandes surrealistas han asumido siempre o al menos lo han expresado, una compulsiva necesidad de basarse en esa realidad empírica, racionalmente comprobable, para ir más allá, como una forma de conformar una superrealidad, o como dirían los franceses a quienes debemos el vocablo, en su forma original, un suprarrealismo.
Autores como Kafka expresan magistralmente este concepto, en obras en las cuales se presentan situaciones absurdas, que no son más que metáforas sobre el mundo tangible y «real», bizarras parábolas que nos ayudan a conocer mejor aquello que nos rodea, generando una aproximación por medio del absurdo.
Por otra parte, la apelación a seres reales o imaginarios con características humanas, es un recurso que ha sido utilizado por autores tan disímiles como Samaniego, Bierce, Lovecraft o Colette.
En muchos casos, la personificación de diversas criaturas nos induce a analizar en perspectiva diversos aspectos inherentemente humanos que el autor suele destacar, en contraste con los climas oníricos y la descripción de irreales seres y ambientes.
Ricardo Prieto, uno de los más talentosos y originales creadores actuales, nos propone en el reeditado «Desmesura de los zoológicos», un bizarro y por momentos escabroso viaje hacia las más ocultas perversiones y miserias humanas, valiéndose de su ácida ironía y de una encomiable capacidad para potenciar dramáticamente lo cotidiano a través de lo fantástico.
Prieto, un autor que nos tiene habituados a un destacable nivel de calidad y originalidad inusuales en nuestro medio, propone una estrambótica travesía a través de las perversiones, miserias y bajezas humanas, valiéndose de una impecable creación de climas y logrando una magistral mixtura entre lo consciente y lo inconsciente, lo fantástico y lo real.
El talentoso dramaturgo uruguayo es un persistente cronista de nuestros más temidos infiernos interiores, que, como una suerte de Dante posmoderno, nos confronta nuevamente a nuestros más vergonzosos espejos.
El destacado narrador analiza pormenorizadamente, sin piedad ni sentimentalismo, aspectos psicológicos como el dolor, la soledad, la alineación, las parafilias, la pulsión tanática, indisolublemente emparentada con la pulsión erótica, y otras facetas muy humanas, que saca del contexto mediante la elaboración de sorprendentes climas tenebrosos y alucinantes.
Prieto posee esa inusual capacidad de manejar hábilmente diversos registros narrativos. En su obra se vinculan, formando un heterogéneo pero sólido corpus, la ironía cáustica, un humor por demás cruento, un hondo dramatismo, el más extremo horror y una compleja estética de lo chocante, una especie de belleza de la fealdad, a la manera de Baudelaire en algunas de sus composiciones más hermosamente oscuras.
Es particularmente destacable el manejo que ensaya el narrador de la inocencia y la carencia de referentes morales de algunos seres, como justificación de conductas aberrantes. Este recurso nos induce a recordar las historias más macabras del magistral Horacio Quiroga.
Sin embargo, Ricardo Prieto, más allá de notorias e inevitables influencias, posee una nítida voz literaria, una impronta intransferible y personal, que se mantiene habitualmente en sus creaciones.
Tanto en el campo de la dramaturgia como en materia de narrativa, poesía, crítica artística o periodismo, Ricardo Prieto hace gala de un estilo cuidado, que evidencia no sólo una búsqueda más allá de los cánones habituales, sino también un permanente aprendizaje, un esfuerzo por no caer en la banalidad ni el encasillamiento.
Por otra parte, la capacidad de componer personajes dolorosamente humanos, más allá de sus insólitas conductas o lo extraño de los medios y situaciones que los rodean, hacen de «Desmesura de los zoológicos», una renovada oportunidad de disfrutar de la ya reconocida creatividad y originalidad del talentoso autor uruguayo. *
( Ediciones Carlos Marchesi)
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