LAS TORRES GEMELAS FUERON DERRIBADAS SIN QUE EL SUPERHEROE ESTUVIESE ALLI PARA IMPEDIRLO

Superman: el hombre de acero se oxida

Aquí, en nuestro mundo, Kal El (alias, el hombre de acero) adquirió poderes sobrehumanos debido a los rayos solares y fue adoptado por una pareja de granjeros que le pusieron el nombre de Clark Kent, identidad tras la que se viene ocultando desde siempre. Como ya se sabe, este personaje de historieta nació por el año 1938 en la revista Action Comics, creado por la dupla Siegel/Shuster (quienes nunca cobraron un dólar por derechos de autor ya que su producción pertenecía a la Empresa D.C. Comics, por contrato) y supuso un éxito fulminante. Un indicador de dicha repercusión, por ejemplo, fue la temprana traslación a la pantalla en el año 1941 en formato de cortometraje hasta que, apenas diez años más tarde, se produjo el primer largometraje sobre este alienígena indestructible. En este caso, la responsabilidad de asumir tal desafío recayó en el actor George Reeves mientras que el rol de Luisa Lane fue para Noel Neill, quien aquí aparece brevemente (a modo de homenaje) al comienzo del filme interpretando a la agónica millonaria Gertrude Vanderwoth.

De todas maneras, la nueva realización ideada por el cineasta Bryan Singer (Los sospechosos de siempre; X M) no asimila esta influencia primitiva sino que, en realidad, rinde tributo a la versión de Richard Donner (Superman: la película y Superman -II-) que surgió a partir del año 1978 con la participación de Christopher Reeve en el papel del superhombre volador. (Esta historia también es conocida: Reeve sufrió un accidente practicando equitación y quedó parapléjico hasta el día de su muerte. La película está dedicada a él y a su viuda, recientemente fallecida).

Ese modelo referente, por cierto, se nota bastante este Superman regresa del Siglo XXI y no sólo por una banda sonora que reproduce la música del filme anterior sino en una estética que parece calcar escenarios y personajes sin mayores variaciones. (Incluso se reflota cierto material de Marlon Brando como el sabio Jor El, que pertenecía a la película del 78, para insertarlo en esta propuesta a modo de grabación intergaláctica).

La diferencia del caso está en el armado de la historia (que puede descolocar a más de uno), ya que esta nueva mirada arranca en forma abrupta y sin mayores datos sobre la peripecia puntual del cómic, al plantear un retorno del personaje al mundo terrenal luego de cinco años de ausencia vagando por el universo. A su regreso, obviamente, algunas cosas han cambiado, haciendo que el kriptoniano deba reinsertarse en un contexto con mayor percepción de inseguridad entre los terráqueos (Luisa Lane ha tenido un hijo y vive en pareja, Lex Luthor ha salido libre y las Torres Gemelas fueron derribadas por terroristas sin que Superman estuviera allí para impedirlo). Pero esta historia de la historieta no está a la altura de los últimos creativos (como Frank Miller o Stan Lee, por ejemplo) que supieron dar nuevos bríos al octavo arte. Por el contrario, la receta de Singer impresiona como un calco desteñido a partir de las películas de Donner pero sin el sentido del humor que aparecía en ese entonces. Ni siquiera el galardonado Kevin Spacey aporta nada interesante al registro de su maléfico Luthor, como tampoco impresionan demasiado los efectos especiales (que también recuerdan al empalagoso cine catástrofe de antaño) donde apenas alguna secuencia de salvataje aéreo hace fuerza para despabilar a la platea. Por otro lado, es posible que Superman -por sus características- sea el héroe gráfico más difícil de trasladar exitosamente al medio audiovisual, salvo el dibujo animado, claro está. (En realidad pocas realizaciones, a juicio de quien suscribe, han logrado un aporte sustantivo salvo el Batman de Tim Robins; Darkman de Sam Raimi y la juguetona versión de El hombre araña que supo retener el espíritu de Marvel Comics). Bryan Singer tampoco remonta demasiado ni tiene un argumento consistente que apoye su narración cinematográfica. Por el contrario, el balance final puede dar cuenta de una propuesta algo enredada, de baja coherencia, que se juega al sentimentalismo y termina aburriendo un poco a pesar de la cara bonachona de Brandon Routh y alguna guiñada cómplice para iniciados. Hay que remar mucho para atravesar estas dos horitas cuarenta de proyección sin que la kriptonita haga efecto en el espectador. En fin. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje