EL ULTIMO ESTERTOR, DE MARCEL SAWCHICK, EN LA CASA DE LOS SIETE VIENTOS

Condenado a muerte busca una salida

La casa de los siete vientos, con su aire informal, sus leves incomodidades, los vientos que rondan ese punto elevado de Gonzalo Ramírez, su atmósfera provisoria, en la que siempre están a punto de partir los espectáculos callejeros de Enrique Permuy, es propicia a las cosas serias. Ya lo demostró Sawchick, por ejemplo, con su obra sobre Jack el Destripador .

En sus espectáculos cabe distinguir dos aspectos. Uno es el argumental, donde Sawchick, que debe tener en su memoria un buen cúmulo de lecturas, se muestra mucho más novelesco que teatral. En las tres obras el espectador se doblega bajo el peso de la complicación de la trama. En «El último estertor» sucede lo mismo. La historia del condenado a muerte que pide como última voluntad conocer a su verdugo, a quien rogará le otorgue la gracia de matarse por sí mismo, es recia, dolorosa, contundente: la segunda historia, desarrollada en un segundo plano, explicará casi simultáneamente la vida familiar del verdugo, donde también hay dolor. Pero esta segunda historia, que desde un punto de vista lógico se articula bien con la principal, y que aún está bien presentada escénicamente en su segundo plano, es demasiado compleja y, sobre todo, mucho más narrada que puesta sobre la escena.

Los méritos de Sawchick reverdecen en la puesta en escena, donde se muestra a la vez innovador, imaginativo y nítidamente teatral. Luego de su invento a propósito de Jack, la platea giratoria en vez del escenario giratorio, tanto la presentación del drama, como el movimiento escénico, como la virtuosa iluminación (Claudia Sánchez) concurren con claridad y potencia a un fin. El autor y director tiene ideas muy claras sobre los efectos teatrales, y suficiente habilidad y dedicación como para lograrlos, lo que quiere decir que la comunicación con la platea funciona bien.

La interpretación está a la altura de las exigencias de la obra y de la puesta en escena, siendo muy precisa e intensa la interpretación del dúo protagónico, encarnado por Fabio Zidán y Pablo Tate. *

EL ULTIMO ESTERTOR, de Marcel Sawchick, con Pablo Tate, Fabio Zidán, Adriana Ardoguein, Gustavo Bianchi y Marcelo Pons. Vestuario de Adriana Ardoguein, música de Diego Muñoz, escenografía y luces de Claudia Sánchez, dirección de Marcel Sawchick. En La casa de los siete vientos, Gonzalo Ramírez 1595. Tel. 419 25 98.

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