Tiene la palabra
De los bemoles de la licenciatura gremial
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Una vez más aparece sobre el tapete de los problemas nacionales el de cómo debe asegurarse la mal denominada licencia gremial.
En realidad no se trata de una licencia de la que puedan hacer uso y goce cualquier agremiado
Y se nos dice que se piensa en cuatro franjas de empresas patronales en razón del volumen de asalariados, de modo que se asignen una cantidad proporcional de horas remuneradas por los empleadores pero no trabajadas por los obreros o empleados en sus nóminas.
Una vez más, por entender que la actividad –sea gremial, sea sindical– debe darse en la más absoluta libertad responsable por parte de quienes digan llevar a cabo la defensa de los intereses de sus pares, no puede aguardar que se financie por lo que en los hechos aparece como su contraparte.
Ese hábito de transferir los costos de mantenimiento de un asalariado por los fondos de la parte empleadora no es trigo bueno, porque no pocas han sido las ocasiones en que el empleado o el obrero se acostumbra a no aplicar su fuerza intelectual o física a la tarea y deviene una suerte de burocracia que recibe su paga de la parte patronal para ocuparse de los intereses de la parte asalariada.
Si se lee estas líneas con detenimiento no cabrá duda alguna al lector medianamente despierto que mal puede tener libertad de acción alguien que no debe su salario a quienes aparentemente representa sino a la contraparte de los mismos.
Ejemplos abundan, de parte de quienes se eternizan en tales licencias retribuidas, se alejan del contacto directo de las manos en la masa de la tarea laboral, y terminan transando una y mil veces con los patrones que hábilmente finalizan comprándole el alma al diablo.
Sirva de ejemplo el de los aparentes sindicalistas que viven luchando por conquistas concretas para los de su propio sindicato, singularmente, alejándose cada vez más y más del resto de sus aparentemente semejantes cuya realidad no les interesa en lo más mínimo.
Valga de ejemplo la realidad de los sindicalizados bancarios orientales, cuyos paros y huelgas persiguen antes el obtener más y más beneficios de los suyos, no interesándoles que al asalariado de otros gremios sólo se les de un semestre de seguro de paro y a ellos se les conceda añares y se les reubique en otra actividad laboral… muchas veces nada menos que engrosando la nómina de empleados públicos que fueron desafectados de la actividad privada.
Una de dos: o se invoca la pertenencia al colectivo obrero y se tira parejo del mismo yugo de las conquistas de toda una clase, o se abren en la cortita de su chacra y no se mira más allá de la comarca de sus estrechos intereses, convirtiéndose en asalariados que en la realidad se amarillean logrando beneficios circunstanciales y perdiendo la libertad de acción a partir de los renunciados en los convenios.
Por ende, tanto el beneficio por salario sin desempeño real de la actividad laboral que reciban los dirigentes sindicales, como los perjuicios por descuentos por días de paro o huelga que recaigan sobre los asalariados, debe ser financiado por un fondo que conformen los mismos sindicatos gremiales.
En muchos países del mundo los sindicalizados aportan una suma mensual para un fondo que prevea sostener a los dirigentes, así como soportar las horas y los días de paro y los períodos de huelga; recién entonces sí son verdaderamente libres de afrontar adultamente las consecuencias de sus decisiones colectivas.
En el Uruguay los sindicalizados aportan una cuota a sus organizaciones, y además toleran que sean los empresarios que paguen el sueldo a los dirigentes. Sin embargo, cuando paran los obreros o hacen una huelga, son ellos mismos los que padecen nuevo descuento, generándose un doble régimen que aleja a los simples afiliados a los sindicatos de sus presuntos representantes.
Mientras se aguarda que la no actividad laboral de los dirigentes sindicales sea soportada por los patrones, pero la no actividad de los reales trabajadores sea sustentada por ellos mismos –además de cotizar mensualmente para las finanzas sindicales– la alineación en la que incurren unos y otros les impedirá ver la realidad de su dependencia.
CARLOS BARROS PONS – C.I. 1.217.188-4
1. Todos los que desarrollan una misma actividad laboral, con prescindencia de que estén organizados o no.
2. Aquellos que se hayan afiliado a alguna de las organizaciones que existen dentro de cada gremio o rama laboral.
Nuestra sociedad se está insensibilizando
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Verdaderamente con esta anécdota no busco denunciar a un funcionario del transporte, sino mostrar lo degradada que se encuentra la sociedad en la actualidad y el mal servicio del transporte público.
El día 4 de julio de 2006, en la mañana tomé el ómnibus interdepartamental de la línea Copsa, 724, y como es habitual, pude subir pero prácticamente colgado de la puerta (afortunadamente, ya que en numerosas oportunidades, el chofer no se detiene en las paradas debido a la superpoblación que hay dentro del transporte). Dentro del móvil se encontraba una madre, que tenía un bebé en brazos y una niña de unos tres años, viajando parada ya que casualmente muchas personas que se encontraban adelante estaban dormidas o disfrutando del paisaje exterior, cuando personalmente solicité un lugar y luego de murmullos y comentarios, una chica se levantó de mala gana, diciendo que ella trabajaba nueve horas parada, y se generaron discusiones entre mujeres, mientras varios hombre seguían cómodamente sentados en sus lugares.
A continuación, la madre me contó que cuando ella subió al ómnibus, solicitó un asiento maternal al chofer, y éste le dijo que Copsa no contaba con lugares para dicha función, comentario que me pareció terrible, con lo que llego a la conclusión de que el transporte público interdepartamental se encuentra con serios problemas de servicios a la población, y además, no sé qué pasa por la cabeza de la gente para que puedan ir tranquilamente sentados, mientras a su lado viaja una persona con un bebé en brazos y una pequeña niña.
FEDERICO OYENDARD – C.I. 3.512.310-6
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